Alex de Minaur logra una victoria monumental ante Zverev
Alex de Minaur no solo ganó un partido. En Viena dio un golpe de autoridad que puede marcar su carrera. El australiano derribó al próximo número 1 del mundo, Alexander Zverev, con una actuación valiente, agresiva y llena de nervio para meterse en la final del Vienna Open: 6-4, 1-6, 7-6 (7-4) en el Wiener Stadthalle y billete para pelear el título ante Carlos Alcaraz.
No fue un triunfo cualquiera. Ni por el rival, ni por el escenario, ni por lo que hay en juego en este tramo final de temporada.
Un arranque feroz, un bache y un desempate de campeón
De Minaur salió a la pista decidido a mandar. Tenis de ataque, pasos dentro de pista, mirada fija en Zverev. El primer set cayó de su lado por 6-4, con el alemán incómodo, sorprendido por la intensidad del australiano, que mordía cada bola como si fuera la última.
El problema llegó después. Su servicio, tan sólido de inicio, se resquebrajó en el segundo parcial. Dobles faltas, dudas, un 1-6 que parecía entregar el control del duelo a Zverev. El alemán, dos veces campeón de Grand Slam, olió sangre y empezó a imponer su ritmo desde el fondo.
Pero De Minaur no se desmoronó. Se rehízo. Ajustó, volvió a ser ese “terrier” inagotable que no deja respirar al rival. En el set definitivo, el nivel se disparó: peloteos largos, cambios de dirección, golpes ganadores por ambos lados. El encuentro entró en esa zona en la que un error cuesta una final.
Con 5-6, Zverev sacaba para seguir vivo y la tensión estalló. El juez de silla, Arnaud Gabas, le señaló una violación de tiempo por su eterno ritual de bote de pelota antes del servicio. El alemán explotó, protestó, y Gabas terminó retirando la sanción. El ruido, las quejas, la distracción… nada alteró a De Minaur.
En el tie-break, el australiano jugó como había prometido: “agresivo” y “a su manera”. Arrancó ganando los tres primeros puntos con tiros brillantes, tomando la iniciativa en cada intercambio. Incluso cuando aparecieron un par de dobles faltas, no se encogió. Siguió pegando. Siguió atacando. Cerró el desempate 7-4 y, con él, una de las victorias más grandes de su carrera individual ante un jugador al que nunca había derrotado en un torneo oficial.
El impulso hacia Turín
El triunfo tiene un peso extra en la “Race to Turin”. De Minaur vuelve a meterse entre los ocho mejores en la lucha por las ATP Finals, con el Paris Masters como último escenario para sellar la clasificación. La victoria en Viena le mantiene en la pelea y le abre incluso otra puerta: si levanta el título, escalará del puesto 10 al 7 del ranking mundial.
Él mismo lo resumió con una mezcla de alivio y ambición: está “super orgulloso” de cómo manejó el momento, de haberse mantenido “muy calmado” pese a las dobles faltas y de haber jugado un desempate decisivo “muy agresivo”, fiel a su plan de ir “a por todas” con “el tipo de tenis correcto”.
Su plan funcionó. Terminó el partido con 25 golpes ganadores, siempre al frente, siempre incomodando a un Zverev cada vez más irritable. El alemán, que arrancará su reinado como número 1 del mundo en la próxima actualización del ranking, se marchó frustrado. De Minaur, en cambio, sale reforzado: mentalmente, en la clasificación y en confianza.
Alcaraz, la montaña que falta por escalar
Ahora le espera Carlos Alcaraz, que derrotó a Daniil Medvedev por 6-4, 7-6 (7-2) en la otra semifinal. Y ahí está el gran desafío. El cara a cara es demoledor: seis enfrentamientos, seis victorias para el español. La última, este mismo año en el Australian Open.
De Minaur lo sabe. Por eso, cuando le preguntaron qué significaría ganar este ATP 500 y acercarse a su tercera clasificación consecutiva para las ATP Finals de Turín, respondió con una sonrisa contenida: sería “una semana bastante decente”. Nada de grandes declaraciones, solo una frase que esconde una ambición enorme.
Insiste en que está “contento con la forma en que compite”, con su manera de “ir haciendo el trabajo”, paso a paso, “un pie delante del otro”. Y, sobre todo, con la sensación de estar jugando “un buen tenis” y de tener la oportunidad de “terminar fuerte esta temporada.”
Ha tumbado al futuro número 1 del mundo en una batalla al límite. Ahora le espera Alcaraz, su bestia negra. Viena verá si este nuevo De Minaur, más agresivo, más valiente y con Turín en el horizonte, está por fin listo para derribar la última gran barrera de su año.






