Australia avanza a octavos: Jordy Bos brilla en el Mundial
Australia ya está en los octavos de final y, pese al 0-0 ante Paraguay, el vestuario salió del partido con un nombre en la punta de la lengua: Jordy Bos.
No fue elegido mejor jugador del encuentro. No hizo el gol que rompiera el marcador. Pero mandó en su banda —esta vez la derecha, no la izquierda que le resulta natural— como si llevara años ahí.
“Es el mejor jugador del mundo, Jordy Bos. El mejor carrilero del mundo, y es tan talentoso… pero qué tipo”, soltó Nestory Irankunda tras el empate sin goles. No era una frase lanzada al aire. Sonaba a declaración de fe.
Bos jugó como si el cambio de perfil no existiera. Desde el lateral derecho, se asoció una y otra vez con Cristian Volpato, atacó el espacio, encaró, buscó el tiro. Terminó el partido como el futbolista que más ocasiones generó, el que más remató y el que más regates completó entre los Socceroos. Un lateral con estadísticas de extremo.
En algún momento, las comparaciones empezaron a aparecer. El partido de Bos recordó a los primeros días de Gareth Bale, aquel lateral zurdo que se convirtió en pesadilla de defensas y en estrella del Real Madrid. Bos, sin embargo, mira a otro espejo.
De niño, se empapaba de Arjen Robben.
“Desafortunadamente, no marqué como él, pero lo intenté, di lo máximo”, admitió Bos. “Creo que podría haber marcado un par, pero a partir de ahora, si todos damos lo mejor y tenemos ocasiones, solo tenemos que definir. El cielo es el límite”.
Su frase sonó más a aviso que a consigna. Si este es solo el comienzo, la banda derecha de Australia puede convertirse en una autopista hacia el área rival.
Herrington, el niño que espera su momento y no se marea
Mientras Bos se llevaba los focos, en el otro lado de la línea de tres defensores se escribió otra pequeña página de historia del fútbol australiano. Lucas Herrington, silencioso, sobrio, se convirtió en el jugador más joven de Australia en ser titular en un partido de Mundial, arrebatándole el récord al propio Irankunda.
Sin estridencias, sin gestos grandilocuentes. Simplemente, jugando.
Su ascenso ha sido vertiginoso. Ya lo siguen de cerca varios grandes de Europa, con Barcelona entre los clubes que han preguntado por él. El ruido alrededor es fuerte, pero el central prefiere bajar el volumen.
“Estoy aquí en el Mundial, ese es mi principal enfoque. Solo quiero ayudar al equipo lo máximo posible, y ya nos ocuparemos de eso después”, explicó. Frase corta, idea clara: primero el presente, luego los titulares de mercado.
Irankunda, que sabe lo que es firmar por un gigante europeo —Bayern Munich lo ató cuando tenía 17 años—, aplaude esa madurez.
“Es tan talentoso y siento que esto es solo una muestra de lo que puede hacer, una pequeña muestra de lo que puede hacer, y creo que solo puede mejorar desde aquí y veremos una mejor versión de él”, aseguró. “Solo le he dicho que intente mantenerse alejado de eso”, añadió sobre la especulación que rodea al joven defensor.
Herrington tuvo que armarse de paciencia. Miró los dos primeros partidos desde el banquillo. No protestó. No se inquietó. Esperó.
“Es mi primer Mundial con 18 años. Probablemente sea lo mejor para un jugador joven ver y observar los primeros partidos”, contó tras su debut ante Paraguay. “Solo estoy agradecido de que llegara mi oportunidad y la disfruté mucho. Amé cada minuto”.
Ahí está la otra cara de esta Australia que se abre paso en el torneo: un grupo de jóvenes que no solo irrumpen, sino que entienden el contexto, el tiempo y el lugar.
Bos, con su descaro ofensivo y una actuación que invita a soñar con un lateral total. Herrington, con la serenidad impropia de sus 18 años, ya en la historia de los Socceroos. Irankunda, puente entre dos generaciones, protegiendo al que viene detrás mientras él mismo sigue creciendo.
Australia ya está en la siguiente ronda. Lo que empieza a quedar claro es que su futuro también.





