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La eliminación de Brasil en el Mundial cuestiona si son más una marca que un equipo

Brasil se despide temprano y deja dudas sobre su identidad

Brasil perdió 2-1 ante Noruega en octavos de final, marcando su eliminación más temprana desde 1990. La esperanza de un sexto título mundial parece alejarse tras este resultado.

Al principio del partido, algunos aficionados brasileños comenzaron a abandonar el estadio, conscientes de que la derrota era inevitable. El gol decisivo de Erling Haaland selló el destino de la selección, mientras que el penalti de Neymar en tiempo añadido no cambió el desenlace.

Cuando el árbitro Ismail Elfath pitó el final, los jugadores brasileños permanecieron en el campo, atónitos y sin poder creer que su participación terminaba tan pronto.

El rendimiento individual no fue suficiente

Vinícius Júnior mostró destellos de la calidad esperada, siendo la mayor amenaza ofensiva del equipo. Sin embargo, no tuvo la oportunidad de patear un penalti en la primera parte, que fue ejecutado por Bruno Guimarães y detenido por el portero noruego Ørjan Nyland.

Endrick, la joven promesa, entró en la segunda mitad y desaprovechó una gran ocasión tras un pase de Vinícius. Neymar, que regresó como suplente, provocó emoción en la afición con algunas jugadas pero no pudo cambiar la historia, anotando un gol de penalti cuando ya era insuficiente.

Carlo Ancelotti no pudo revertir la situación

El experimentado entrenador logró que Brasil mostrara buen juego en las fases iniciales del torneo, con victorias claras frente a Haití y Escocia y un empate contra Marruecos. También consiguieron una remontada ante Japón, aunque al final no fue suficiente para avanzar.

Noruega había mostrado solidez ante Brasil en el pasado, incluyendo un triunfo en la fase de grupos del Mundial de 1998. Su clasificación a cuartos de final es merecida, ya que crearon sus propias oportunidades y aprovecharon los errores brasileños, como el gol de Haaland tras un centro de Andreas Schjelderup.

¿Brasil es más una marca que un equipo?

Este Mundial deja abierta la incógnita sobre la verdadera naturaleza del conjunto brasileño. Aunque siguen siendo un símbolo global por su historia y estilo, hace tiempo que no alcanzan las expectativas propias ni de sus seguidores. Desde la Copa América ganada en 2019, no han logrado pasar de cuartos en tres mundiales consecutivos.

El equipo exhibió inseguridad y falta de frescura. Con Endrick demasiado joven para brillar a este nivel, les faltó un delantero efectivo. El mediocampo mostró signos de agotamiento y poca creatividad. Ancelotti reconoció la necesidad de rejuvenecer la plantilla y buscar nuevos talentos que puedan aportar al equipo nacional.

El planteamiento táctico estaba basado en aprovechar errores rivales, pero incluso en un encuentro lento y desordenado, Brasil no supo capitalizar sus oportunidades. La falta de urgencia se notó claramente, y la reacción ante el primer gol noruego fue de pánico.

"Obviamente, todos estamos profundamente decepcionados por lo ocurrido", comentó Ancelotti. "No hicimos una campaña espectacular, pero sí buena. Tenemos que encontrar nuevas ideas; esto no es el fin, sino el comienzo de un nuevo ciclo."

Desde este domingo, Brasil tiene casi 1,500 días hasta el próximo Mundial para replantear su proyecto y regresar con fuerza.