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Canberra United encuentra dueño y futuro en el fútbol profesional

Canberra United, durante dos años al borde del abismo, tiene por fin dueño, rumbo y una fecha marcada en rojo para dar el siguiente salto: la entrada en la A-League Men en la temporada 2028-29. El club femenino más seguido de la capital deja de vivir al día y pasa a manos privadas por primera vez desde su creación en 2008.

El rescate llega de la mano de Australian Sports Group (ASG), que ha comprado la licencia a Capital Football, desbordada por los costes de gestión. El acuerdo garantiza la participación del equipo en la próxima campaña de la A-League Women y abre una etapa que apunta a algo más que mera supervivencia.

McKellar Park, corazón del proyecto

El anuncio tuvo lugar en McKellar Park, el “hogar espiritual” de Canberra United. Allí se plantaron el director ejecutivo de ASG, Theo Fotopoulos, y el presidente, Morris McAlister, para confirmar que el club seguirá jugando donde siempre ha construido su identidad… y que ese mismo lugar puede convertirse en el centro neurálgico del futuro.

ASG estudia instalar en McKellar una base de entrenamientos y tendrá su oficina en el vecino Belconnen Soccer Club, al que Fotopoulos definió como socio estratégico. La idea es clara: concentrar vida diaria, estructura profesional y comunidad en un mismo eje geográfico.

La operación no es menor. El terreno, de unas seis hectáreas y uno de los pocos campos privados de la ciudad, ofrece margen para crecer. Capital Football y el gobierno del ACT habían proyectado un centro de alto rendimiento en Throsby, en el llamado Home of Football, pero el plan se vino abajo por falta de capacidad financiera. Ahora, ASG explora de nuevo el mapa de Canberra con McKellar como primera opción y símbolo de una nueva etapa: el fútbol de la capital necesita una casa fija, y el grupo inversor quiere construirla.

Continuidad en el banquillo, urgencia en el césped

El reloj corre. El inicio de la pretemporada está previsto en seis semanas, el calendario de la A-League Women se publicará el mes que viene y el arranque de la temporada está fijado para el 16 de octubre. No hay margen para experimentos.

Por eso, los nuevos dueños ya se han sentado con Antoni Jagarinec, el técnico que ha llevado a Canberra United a las finales en las dos últimas campañas. ASG busca cerrar cuanto antes la figura del entrenador para el primer curso bajo la nueva propiedad y, con él, blindar la columna vertebral de la plantilla.

La prioridad es doble: asegurar la continuidad del cuerpo técnico y atar a las jugadoras en un contexto de incertidumbre que se ha prolongado demasiado. El sindicato de futbolistas (PFA) está trabajando con las jugadoras y, según Fotopoulos, la respuesta interna ha sido positiva. El mensaje desde la cúpula es claro: continuidad, consolidación y anuncios en breve. Sin promesas grandilocuentes, pero con la intención evidente de no romper lo que ya funciona.

Un club, dos equipos: la promesa masculina para 2028-29

La otra gran pieza del proyecto se sitúa tres temporadas más adelante. ASG no ha comprado aún una licencia para un equipo masculino, pero sí dispone de una opción para incorporarse a la A-League Men en la campaña 2028-29. Sobre el papel, es una simple opción. En el discurso, Fotopoulos la presenta como parte inseparable del plan.

La capital lleva casi dos décadas peleando por un equipo masculino en la élite nacional. El retraso a 2028-29 genera inquietud en una ciudad que ha visto cómo otras plazas, como Auckland, ya están compitiendo tras ser anunciadas como sedes preferentes por la APL hace más de tres años. Esta vez, sin embargo, la apuesta llega con un club ya existente, una base social consolidada y un propietario que habla de “estrategia gemela”: mujeres y hombres bajo el mismo escudo.

La APL, por su parte, bendice el movimiento. Su presidente, Steve Conroy, agradeció al gobierno del ACT y a la comunidad futbolera local el apoyo sostenido y calificó la entrada de ASG como “el siguiente paso” para el fútbol profesional en el territorio. Un paso que, si se cumple el calendario, debería desembocar en un Canberra United también presente en la A-League Men.

El nombre no se toca, el apodo lo elegirá la ciudad

En un mercado en el que los cambios de marca se han vuelto moneda corriente, ASG opta por lo contrario: blindar la identidad. Canberra United seguirá llamándose así tanto en la rama femenina como en la masculina. Dieciocho años de historia pesan demasiado como para tirarlos por la borda.

Fotopoulos, sin embargo, quiere abrir una ventana a la participación ciudadana. La propuesta es lanzar una campaña pública para que la afición elija un apodo: desde guiños clásicos como Cosmos o Arrows hasta referencias locales como Greens o Lakers. El propio director ejecutivo deslizó opciones como Green Machine y sugirió que la iniciativa podría canalizarse a través de The Canberra Times. El mensaje es directo: el nombre es intocable, el sobrenombre será de la gente.

Quiénes son los nuevos dueños

Detrás de la operación se mueven dos figuras con recorrido en el fútbol australiano. Morris McAlister, presidente de ASG, procede del mundo del comercio. Es director general de Petron Plus 7 Australia and New Zealand, especializada en productos para motores y maquinaria, y actúa como consultor senior en MEC Team Consultants, firma que conecta empresas australianas con mercados en China.

Theo Fotopoulos, director ejecutivo, es un ejecutivo de marketing al frente de FOS Group Australia. Ambos acumulan experiencia en clubes históricos: estuvieron vinculados a Sydney Cosmos; Fotopoulos fue director ejecutivo de ese proyecto y también ocupó el mismo cargo en Sydney Olympic. Además, participaron en Newcastle Breakers, uno de los equipos de la desaparecida NSL. No llegan, por tanto, de cero al ecosistema del fútbol profesional.

De la agonía a la reconstrucción

La situación de Canberra United en los últimos dos años rozaba la asfixia. Capital Football, que había gestionado el club desde su nacimiento en 2008, ya no podía soportar el coste de mantener un equipo profesional en la A-League Women. La pasada temporada fue la última bajo su paraguas, con el futuro del club completamente en el aire.

El anuncio de la A-Leagues, que este viernes oficializa a ASG como nuevo propietario, cierra esa etapa de incertidumbre y garantiza la presencia del equipo en la temporada 2026-27. No solo eso: Fotopoulos ha puesto sobre la mesa dos compromisos clave que tocan fibras sensibles en la comunidad.

El primero, recuperar las academias. Capital Football había eliminado la academia de Canberra United hace tres años, decisión muy criticada por el impacto en las vías de desarrollo para las jóvenes futbolistas de la región. ASG promete reactivar esas estructuras y, además, extender los caminos formativos para chicos y chicas en todo el territorio y la región capital.

El segundo, invertir en infraestructuras. El grupo quiere dejar huella en ladrillo y césped: instalaciones propias, un centro de entrenamiento estable y una estructura que conecte al primer equipo con las bases. No se trata solo de sostener un club profesional, sino de anclarlo en la comunidad con proyectos tangibles.

Una ciudad que no se rinde

La historia reciente del fútbol en Canberra está marcada por la perseverancia. Michael Caggiano, líder de la candidatura para un equipo masculino, lleva ocho años empujando esa causa. La capital fue designada ubicación preferente por la APL hace más de tres años, pero mientras Auckland ya celebra títulos, Canberra seguía esperando su oportunidad.

Ahora, con Canberra United salvado, un propietario privado con ambición declarada y una fecha objetivo para el desembarco masculino, la sensación es distinta. No es un anuncio vacío, sino un plan con etapas: asegurar el presente del equipo femenino, reconstruir la estructura de base, fijar McKellar Park como núcleo del proyecto y, a medio plazo, completar el club con un equipo masculino.

El balón vuelve a rodar en la capital con algo más que puntos en juego. Se trata de saber si esta vez Canberra podrá convertir su eterna promesa en una realidad estable, con un club verdaderamente unido, de mujeres y hombres, bajo el mismo escudo y en la misma casa.