Carlos Alcaraz conquista Viena: triunfo arrollador en la final
Carlos Alcaraz ya puede tachar otro torneo de su lista. Por primera vez en su carrera, el español se proclamó campeón en Viena, derrotando con autoridad a Alex de Minaur en la final por 6-1, 6-4. Un marcador contundente que no cuenta toda la historia de una semana exigente bajo techo.
Porque, aunque no cedió ni un solo set en todo el torneo, el camino no fue un paseo. En cuatro de sus cinco partidos tuvo que pasar por el desempate, obligado a apretar en los momentos calientes para no alargar batallas que podían haberle desgastado. Guardó lo mejor para el último día. Y en la final, cuando más cuenta, apareció el Alcaraz más feroz.
Desde el primer juego quedó claro el guion. Ritmo alto, golpes profundos, agresividad constante. De Minaur, uno de los mejores defensores del circuito, apenas tuvo tiempo para respirar en un primer set que se le escapó por 6-1. El australiano, acostumbrado a convertir cada punto en una carrera, se vio superado por la potencia y la precisión del murciano.
El propio Alcaraz explicó después cuál había sido el plan. Él y su equipo conocen bien el estilo de Alex de Minaur: golpes planos, muy bajos, que se deslizan sobre la pista y complican generar potencia. Un rival rapidísimo, al que es difícil terminar de desbordar incluso cuando el golpe parece ganador. Ante ese escenario, el español sabía que no podía permitirse entrar frío.
Tenía que arrancar concentrado, subir la velocidad desde el primer intercambio, mandar con cada impacto y enviar un mensaje claro: si De Minaur quería el título, tendría que jugar por encima de su mejor nivel, más agresivo, más sólido, más ingenioso. El partido confirmó que el plan estaba bien trazado.
El segundo set fue más parejo. De Minaur ajustó, se agarró al encuentro y trató de estirar los intercambios, de llevar a Alcaraz a esa zona incómoda en la que cada punto se convierte en una prueba física y mental. Pero el número uno español no se movió un centímetro de su idea. Siguió pegando, siguió tomando la iniciativa, sin regalar terreno.
La presión terminó inclinando la balanza. Un par de errores del australiano, un par de latigazos de derecha de Alcaraz, y el quiebre decisivo cayó del lado del murciano. El 6-4 selló una final que no llegó a la hora y media y que dejó la sensación de que, cuando encuentra este nivel en pista cubierta, el techo lo pone él.
Alcaraz, sin embargo, no se recreó en la superioridad. A pie de pista, antes incluso de levantar el trofeo, se deshizo en elogios hacia Alex de Minaur, subrayando lo incómodo que resulta enfrentarse a su tenis y lo mucho que hay que ganarse cada punto contra él. Ya sobre el escenario, micrófono en mano, repitió el mensaje ante el público del Vienna Open, reconociendo el mérito del australiano y el reto que supone medirse a un jugador con ese despliegue físico.
Después llegó la mirada hacia dentro. Alcaraz habló de una semana “emocional” y “asombrosa”, de lo mucho que ha aprendido para seguir avanzando “paso a paso” en pistas cubiertas, una superficie en la que todavía busca afianzarse del todo. Viena le deja algo más que un título: le entrega confianza en indoor, ritmo competitivo y la sensación de que su tenis se adapta cada vez mejor a estas condiciones.
Se marcha de Austria sin haber perdido un set, con varios desempates superados y una final dominada de principio a fin. Y con una idea clara: el tramo final de la temporada le espera, y él llega con la sensación de haber encontrado el camino.






