Cody Gakpo: Renacer tras un verano difícil
Cody Gakpo se plantó en el minuto 90+ de un Alemania–Países Bajos, con el estadio conteniendo la respiración, y soltó una volea que valió un 1-1 y un mensaje. No solo para la Nations League. También para Liverpool. Y, de paso, para Manchester City.
El delantero, que este jueves amargó la noche al equipo de Jürgen Klopp, vive un inicio de temporada brillante después de un verano que le dejó cicatrices dentro y fuera del campo. En agosto fue objetivo de 80 millones de libras para City. Las conversaciones avanzaron. Luego se frenaron. Y, cuando todo apuntaba a un cambio de aires, Liverpool dio marcha atrás y decidió no vender.
Entre tanto, un golpe mucho más duro: junto a su pareja, Noa van der Bij, anunció la pérdida de su segundo hijo durante el embarazo. El fútbol, de repente, pasó a un segundo plano.
“Fue un verano difícil para mí, para mi familia y para todo lo que rodea al fútbol y a la vida”, reconoció Gakpo cuando le preguntaron si pensó que se marcharía de Liverpool. “Simplemente dejé que todo viniera, y terminó como terminó”.
Le plantearon que el club estuvo dispuesto a abrirle la puerta antes de cambiar de opinión. Su respuesta fue seca, sin rodeos: “Tal cual”. Él no tenía el control. “No puedo elegir. Así que tengo que intentar hacer lo que se me da bien, y eso es jugar al fútbol. Puedo estar muy preocupado por todo lo que podría haber pasado, o lo que no pasó, o lo que sea, pero eso no ayudaría a la situación”.
No quiso entrar en detalles, pero dejó claro el desgaste: “Es una historia muy larga. El verano fue muy duro en todos los aspectos. Así que dejé que todo fuera y ver cómo salía, y ha salido así”.
Lo cierto es que, una vez cerrado el mercado y roto el puente hacia Manchester, Gakpo no se hundió. No hubo gestos de enfado ni declaraciones envenenadas. Respondió donde más duele a los rivales y más convence a los directivos: en el césped.
Marcó en el empate de la primera jornada de la Premier ante Newcastle. Volvió a ver puerta en la victoria de Carabao Cup contra Spurs. Ya suma también cinco asistencias. Cada intervención parece una réplica silenciosa a quienes dudaron de su peso en la plantilla.
“Ya no va de mi carácter”, explicó. “Estoy en un punto en el que no me importa, solo quiero disfrutar del fútbol con mis amigos, con mis compañeros. Quiero disfrutar de mi vida y lo que tenga que pasar, pasará. Si no tengo control sobre la situación, no me voy a preocupar. Así que solo hago mi trabajo”.
Ese trabajo, admite él mismo, quedó por debajo del nivel esperado el curso pasado, en una temporada decepcionante para Liverpool que terminó con la salida de Arne Slot. “Podría hacerlo mucho mejor de lo que hice el año pasado”, asumió. La sensación en Anfield era que el potencial estaba ahí, pero a medio gas.
Dentro del vestuario, sin embargo, nunca dejaron de verle como una pieza central. Virgil van Dijk, capitán de la selección y compañero en Liverpool, fue contundente tras la volea agónica ante Alemania, un gol que confirmó el estado de gracia de Gakpo.
“Si la gente no apreciaba a Cody antes, personalmente no lo entiendo”, dijo Van Dijk. “Pero creo que para nosotros, como equipo y como club, era una decisión obvia mantenerle. Hubo conversaciones, pero, en mi opinión, no puedes dejarle ir y por eso lo dije. Es también un amigo. Es nuestro, por favor: mantengámoslo así”.
El mensaje del capitán resume el giro de guion del verano: de activo transferible a intocable. Liverpool coqueteó con la idea de hacer caja con un jugador por el que City estaba dispuesto a pagar fuerte. Cuando el escenario cambió, el club rectificó. Gakpo, lejos de quedarse atrapado en el “qué habría pasado si…”, eligió otra vía: competir.
Ese cambio de enfoque se nota en cada control, en cada desmarque. Hay rabia contenida, pero canalizada. El gol a Alemania, en el tiempo añadido, simboliza esa nueva versión: oportunista, fría, implacable. El tipo de jugador que un club grande se arrepiente de vender durante años.
Gakpo sabe que no puede borrar el verano que ha vivido. Ni el dolor personal ni la incertidumbre profesional. Pero ha encontrado una respuesta clara: balón al suelo, cabeza alta y una determinación que ya ha obligado a Liverpool a revisar sus planes.
City miró, preguntó y esperó. Liverpool dudó y reculó. Ahora, con cada partido, la pregunta se desplaza a otro lado: ¿cuánto tiempo tardará Anfield en ver a este nuevo Gakpo como uno de los hombres alrededor de los cuales se construye el futuro?






