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Cristiano Ronaldo y su gesto solidario con compañeros en Al-Nassr

Cristiano Ronaldo, el millonario que paró su propio sueldo para que cobraran sus compañeros

En Riad, donde el fútbol se compra a golpe de petrodólar y los contratos parecen no tener techo, un defensa español vivió durante medio año una escena más propia de las categorías modestas que de un gigante respaldado por el PIF. Se llama Álvaro, ex de Espanyol y Villarreal, y su relato desnuda una contradicción brutal: seis meses sin cobrar en uno de los clubes más ricos de Arabia Saudí, hasta que apareció Cristiano Ronaldo.

El central, que anunció su retirada en agosto de 2026 con 36 años, aterrizó en el Al-Nassr con la idea de cerrar su carrera con un buen contrato en Oriente Medio. Ambiente de gran club, estadio lleno, proyecto ambicioso. Sobre el papel, el escenario perfecto. La realidad, muy distinta.

“Estuve en Arabia Saudí sin cobrar durante seis meses. Los primeros meses de mi etapa en Arabia Saudí, en el mejor club del país junto a Al-Hilal. Podías meter 70.000 aficionados en un partido”, recordó en declaraciones recogidas por LeFutbolin. La frase golpea por el contraste: gradas abarrotadas, sueldos prometidos… pero la cuenta bancaria vacía.

En el vestuario, la incertidumbre se hacía rutina. Dudas, rumores, promesas que no llegaban a concretarse. Álvaro tiró de la experiencia acumulada en 14 años de carrera y de los ahorros, pero la razón por la que había cruzado medio mundo era clara: “No estaba preocupado porque ya había pasado 14 años en el fútbol y había ahorrado algo de dinero, pero yo había ido allí para ganar dinero”. Y ese dinero no llegaba.

La situación se enquistó hasta rozar lo absurdo. Un club con músculo financiero, respaldado por el fondo soberano, incapaz de resolver a tiempo los salarios de parte de su plantilla. No todos estaban en la misma situación, pero el agravio corroía el ambiente. El caso se convirtió en un secreto a voces dentro del vestuario. Hasta que la noticia alcanzó los oídos del futbolista más poderoso del proyecto.

Ahí entró en escena Cristiano Ronaldo.

El portugués, recién aterrizado desde el Manchester United en diciembre de 2022 con un contrato de dimensiones históricas, no necesitaba hacer nada. Podía haberse limitado a jugar, marcar y seguir sumando cifras para su leyenda. Pero, según el testimonio de Álvaro, decidió ir mucho más allá.

“Se enteró de la situación. A él le iba a pagar el gobierno, y dijo que de su primer salario, que no era pequeño, lo primero que tenían que hacer era pagar a los jugadores. Algunos no habíamos cobrado —no todos— y él dijo: ‘Hasta que esta gente cobre…’. No tenía por qué hacerlo, pero Cristiano lo hizo”.

El gesto fue tan simple como contundente: bloquear el cobro de su propio sueldo hasta que se solucionara el problema de sus compañeros. Una decisión que, en un contexto tan jerárquico y tan dependiente del poder institucional como el saudí, pesó más que cualquier queja interna. El mensaje era claro: si quieres que el fichaje estrella cobre, primero arreglas la casa.

La presión surtió efecto. La disputa salarial se desbloqueó y los pagos pendientes comenzaron a regularizarse. Para algunos, un simple trámite administrativo acelerado por una figura influyente. Para quienes llevaban meses sin ver un euro, un alivio enorme. Y con un protagonista indiscutible.

El vínculo entre Álvaro y Cristiano apenas duró 11 partidos oficiales en la temporada 2022-23. Once encuentros, seis victorias, un puñado de entrenamientos y viajes compartidos. Tiempo suficiente para que el defensa se llevara una imagen muy concreta del capitán de Portugal: un futbolista obsesionado con el gol, sí, pero también dispuesto a usar su peso económico y mediático en favor del vestuario.

Hoy, Cristiano sigue en Riad. Tiene 41 años y contrato con Al-Nassr hasta junio de 2027. Lejos de rebajar el listón, mantiene una persecución casi irreal: acercarse a la cifra histórica de los 1.000 goles en su carrera. Cada partido, cada penalti, cada remate de cabeza forma parte de esa cuenta personal que ya desafía la lógica.

Mientras el portugués continúa apretando contra el reloj biológico, la anécdota contada por Álvaro deja otra lectura. En una liga que se vende al mundo a base de grandes fichajes y cifras astronómicas, la credibilidad también se juega en los detalles menos visibles: los contratos que se cumplen, los vestuarios que se sienten protegidos, las estrellas que deciden si miran hacia otro lado o dan un paso al frente.

En ese punto, Cristiano ya ha dejado su huella. La siguiente pregunta no es solo cuántos goles más marcará en Arabia Saudí, sino cuánto tiempo podrá seguir condicionando, dentro y fuera del campo, la forma en que se construye este nuevo poder del fútbol mundial.

Cristiano Ronaldo y su gesto solidario con compañeros en Al-Nassr