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Dani Olmo: La Elección de España sobre Croacia

Dani Olmo volvió a casa sin moverse del sitio. En pleno corazón de Split, en el estadio Poljud, el mediapunta del Barcelona habló de un pasado que todavía resuena en Croacia: la vez que dijo no a la selección que lo vio hacerse futbolista para perseguir el sueño de su infancia, vestir la camiseta de España.

La Federación Croata (HNS) tanteó su nacionalización antes del Mundial de 2018. No fue un simple sondeo. El crecimiento del zurdo en Zagreb había deslumbrado al país: un talento formado en La Masia que, a los 16 años, se atrevió a dejar Barcelona para buscar minutos y protagonismo en Dinamo Zagreb. Desde allí, Croacia le abrió una puerta grande y tentadora: un billete exprés al fútbol internacional.

Olmo lo escuchó. Lo valoró. Y lo rechazó.

El sueño que pesó más que el atajo

Ante los medios en Poljud, el ’10’ de España no esquivó el tema. Admitió que Croacia se movió con decisión para intentar sumarlo a su proyecto antes de Rusia 2018. Era la opción rápida, el camino corto hacia los grandes torneos.

Pero él tenía otro plan.

Su objetivo era debutar con la selección de su país. No con la que lo adoptó. Con la que lo vio nacer. Decidió esperar. Aguantar el tiempo que hiciera falta. La recompensa llegó en noviembre de 2019, en un partido de clasificación ante Malta, cuando por fin se enfundó la camiseta de la absoluta española.

Hoy, Olmo habla con la tranquilidad de quien vio validada su apuesta. Con España ha levantado lo que define como el botín soñado por cualquier futbolista: una Eurocopa, un Mundial y una Nations League. Un palmarés que convierte aquella decisión en algo más que una cuestión sentimental.

Ídolo en Zagreb, pilar en España

Su negativa a cambiar de bandera no borró ni un ápice del respeto que se ganó en los Balcanes. Al contrario. Tras seis temporadas en Zagreb, Olmo dejó huella. Se marchó como una figura imprescindible: 34 goles en 124 partidos, liderazgo, personalidad y una influencia constante en los títulos domésticos de Dinamo.

Su integración fue total. Aprendió el idioma, entendió la cultura, se mezcló con la ciudad. No fue un extranjero de paso. Fue uno de los suyos, hasta el punto de que, años después, sigue siendo recibido como un viejo conocido cada vez que pisa suelo croata.

Desde entonces, su carrera con España ha seguido una línea ascendente. De joven apuesta a pieza estructural en la Euro 2024 y en el Mundial 2026, donde se consolidó como uno de los grandes generadores de juego del equipo. Un futbolista que piensa rápido, ejecuta aún más rápido y no se esconde en los escenarios grandes.

Split, respeto y cuentas pendientes

El contexto del duelo en la UEFA Nations League añade una carga emocional evidente. España llega a Split con el objetivo claro: sumar tres puntos más y afianzar su liderato en el Grupo A3. Ya goleó a Croacia 4-1 en el partido anterior del torneo, una exhibición que marcó la diferencia de nivel entre ambos en ese tramo de la competición.

Para Croacia, la noche en Poljud tiene otro tono. Es un examen mental después de una derrota que dolió más allá del marcador: el 7-0 encajado en casa ante Inglaterra. Un resultado que golpea el orgullo de una generación acostumbrada a competir cara a cara con cualquiera.

En ese escenario aparece Olmo. Español por elección y por convicción, pero con una historia que Croacia no olvida. Lo admiran por lo que dio en Zagreb. Lo respetan por la forma en que manejó una decisión compleja, sin desaires ni gestos de desprecio, solo con la firmeza de quien sabe qué quiere.

Un partido que pesa más que tres puntos

El choque en Split va mucho más allá de la tabla. Para España, es una oportunidad de reafirmar su dominio en el grupo y llegar al parón de noviembre con el camino bien encarrilado. Para Croacia, es casi una cuestión de autoestima: demostrar que el 7-0 fue una anomalía, no una sentencia.

En medio de todo, Dani Olmo. El chico que se fue de Barcelona para hacerse hombre en Zagreb, que aprendió a hablar como un croata, que pudo jugar un Mundial con la camiseta ajedrezada y eligió esperar a la llamada de España.

Esta vez, cuando el balón ruede en Poljud, no solo se medirá una selección contra otra. También se pondrá a prueba el vínculo de un jugador con dos tierras que lo reclaman a su manera. Y ahí, entre el respeto de Croacia y la ambición de España, Olmo vuelve a estar justo donde siempre quiso: en el centro del escenario.