Dembélé y Kvaratskhelia: El Balón de Oro en el foco
Ousmane Dembélé ya tiene Balón de Oro. Pero habla como si no le importara volver a levantarlo. Al menos, no tanto como ver a Khvicha Kvaratskhelia coronado en 2026.
Desde la concentración de la selección de Francia, el atacante de Paris Saint-Germain volvió a abrir el expediente del premio individual más codiciado. Y lo hizo para insistir en lo que repite desde hace meses: para él, el próximo gran nombre ya está en su propio vestuario.
Dembélé se aparta del foco
Dembélé figura entre los treinta nominados de esta edición, un estatus lógico para el vigente ganador y doble campeón de Europa con Paris Saint-Germain. Sin embargo, su discurso va en otra dirección. Prefiere empujar a su socio georgiano hacia la cima.
“Kvaratskhelia sinceramente lo merece. Ha hecho una temporada excepcional. Y, como se dice, también ha deslumbrado”, declaró a la cadena británica "the BBC". “¿Cuáles son los nuevos criterios? ¿Deslumbrar e impactar? Creo que cumple los criterios”.
La palabra no es casual. “Deslumbrar” se ha convertido en término clave en el debate del Balón de Oro, después de que Kylian Mbappé marcara el tono hace unos días: la capacidad de firmar actuaciones individuales fuera de serie y dejar una huella visual, emocional, en quienes miran.
Dembélé recoge ese guante y lo lanza directamente hacia Kvaratskhelia.
Kvaratskhelia, temporada de Balón de Oro
Los números del georgiano sostienen el elogio. Kvaratskhelia firmó una campaña monumental, liderando a Paris Saint-Germain hacia su segundo título consecutivo de UEFA Champions League. Diez goles y siete asistencias en dieciséis partidos europeos. Producción, influencia y brillo en el escenario más exigente.
No es solo una cuestión de estadísticas. Es la sensación de inevitabilidad cada vez que recibe el balón, el peso específico en las noches grandes, la capacidad de decidir eliminatorias. Eso es lo que Dembélé subraya cuando habla de “impacto”.
El 26 de octubre, Londres se vestirá de gala para la ceremonia. El francés estará en la sala como candidato, como vigente ganador y como símbolo de la nueva era parisina. Pero, si dependiera de él, el foco se detendría en el dorsal de su compañero.
El valor de los recuerdos
En sus declaraciones, Dembélé volvió a relativizar el brillo del trofeo individual frente a la conquista colectiva que ha transformado su carrera desde que llegó a París.
“Obviamente, ganar un premio individual como el Balón de Oro es excepcional. Pero cuando fiché por Paris Saint-Germain, el objetivo principal era ganar la Champions League”, recordó, citado por "Foot Mercato". “La hemos ganado dos veces y queremos seguir ganándola. Eso es lo más importante”.
Luego bajó un escalón más, del título al vínculo emocional.
“Los recuerdos que dejas a los aficionados y a todos los parisinos, esa es la verdadera victoria. Igual que los momentos que he pasado con mis compañeros”, añadió.
Para un futbolista al que durante años se le colgó la etiqueta de talento frágil, irregular y perseguido por las lesiones, la perspectiva ha cambiado por completo. En Paris Saint-Germain ha ganado dos Champions, se ha llevado el Balón de Oro y ha reescrito su propia narrativa.
De promesa frágil a líder maduro
Dembélé no rehúye esa transformación. La explica con una palabra: mentalidad.
“La mentalidad. A medida que envejeces, y específicamente a los 28, maduras más. Y tus cualidades futbolísticas se desarrollan. No soy el mismo jugador que era a los 20, cuando estaba en Dortmund. Muchas cosas cambian”, confesó.
Su fútbol también se ha afinado. Menos fuegos artificiales sin propósito, más filo en cada decisión.
“Quieres marcar goles y crearlos, pero con los años me he centrado sobre todo en ser eficaz en todo lo que hago en el campo. Y lo más importante de todo es ayudar al equipo”, subrayó.
Ahí está la versión actual de Dembélé: aún desequilibrante, pero con una brújula clara. Un atacante que entiende que el legado se mide tanto en noches de Champions como en la manera en que hace mejores a los que le rodean. Entre ellos, Kvaratskhelia.
La chispa con Mbappé
Todo este debate sobre el Balón de Oro no nace en el vacío. En los últimos días, una frase de Mbappé encendió la polémica. El delantero de Real Madrid lanzó una comparación que no pasó desapercibida.
“Dembélé siempre fue visto como un jugador dotado, mientras que yo, en cambio, siempre fui considerado el jugador elegido”, declaró el francés.
La distinción entre “dotado” y “elegido” abrió una grieta en el relato. Dembélé no tardó en responder, sin elevar el tono, pero marcando territorio.
“Nunca se me vio como el jugador elegido, pero trabajé duro, y el año pasado fui recompensado con una gran temporada en Paris Saint-Germain”, replicó.
No hubo insultos ni fuego cruzado desmedido, pero sí un mensaje claro: su Balón de Oro y sus dos Champions no son un regalo del destino, sino el resultado de una evolución trabajada. Y desde esa autoridad, se permite ahora defender con firmeza la candidatura de Kvaratskhelia.
Londres espera, París presiona
La ceremonia de octubre en Londres no solo coronará al mejor del año. Confirmará también si la hegemonía parisina en Europa se traslada al plano individual. Dembélé ya tiene su estatuilla. Kvaratskhelia ha puesto las cifras y el juego para reclamar la siguiente.
Entre los focos, los trajes y las fotos, habrá una imagen a seguir: la del vigente Balón de Oro aplaudiendo, quizá, a su propio compañero. Si eso ocurre, no será una sorpresa para nadie que haya escuchado a Dembélé estas semanas.
En un fútbol obsesionado con el yo, el francés ha elegido otra batalla: la de convertir el Balón de Oro en un símbolo más del dominio colectivo de Paris Saint-Germain. La pregunta es simple y brutal: ¿aceptará el jurado que, por ahora, el epicentro del fútbol mundial habla con acento parisino y se escribe con el apellido Kvaratskhelia?






