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Djokovic se despide de 2026: fuera de París y del top 10

Novak Djokovic no volverá a pegar una bola oficial en 2026. El serbio, derrotado por Rinky Hijikata en segunda ronda del Paris Masters, ha cerrado de golpe una de las temporadas más extrañas y humanas de su carrera: sin billete para las ATP Finals y sin un solo cuartos de final en Masters 1000 por primera vez en 21 años.

El dato, por sí solo, pesa. El hombre que convirtió los Masters 1000 en su territorio privado se marcha de Indian Wells, Roma, Shanghái y París sin haber pisado la antepenúltima ronda. Y lo hace con una derrota ante Hijikata, el rival de menor ranking de los diez que le han tumbado este año.

De Melbourne al golpe de Alcaraz

La campaña de Djokovic arrancó con un rugido en Melbourne. En el Australian Open, el serbio derribó al bicampeón defensor Jannik Sinner y se plantó en su primera final de Grand Slam desde Wimbledon 2024. Parecía el viejo guion: Novak en un gran escenario, un título histórico en juego, la sensación de inevitabilidad.

Frente a él, Carlos Alcaraz. Djokovic ganó el primer set y se situó a dos mangas de su 25º grande, el que habría roto definitivamente el techo de los récords. Pero el español dio la vuelta al partido y firmó la primera derrota del año del serbio. El último gran título de Djokovic sigue siendo el US Open 2023. Desde entonces, finales, golpes, pero nada de levantar un major.

Indian Wells, Roma y un Roland Garros desconocido

Tras Melbourne, Djokovic se tomó un parón. No volvió hasta Indian Wells, donde enlazó victorias hasta la cuarta ronda. Allí le frenó Jack Draper en un partido de alto voltaje, una de las escasas ocho victorias que el británico ha conseguido este año. Un síntoma: incluso cuando Djokovic compite, ya no siempre impone su ley ante rivales en crisis.

La gira de tierra batida fue aún más cruda. En el Italian Open, el 24 veces campeón de Grand Slam cayó contra el croata Dino Prizmic, procedente de la fase previa. Un batacazo. Y en Roland Garros, su jardín histórico, firmó su eliminación más temprana en 17 años, superado por otro talento emergente, Joao Fonseca. De repente, la arcilla dejó de ser territorio familiar y se convirtió en un campo minado.

Wimbledon devuelve sensaciones… hasta Sinner

Sobre hierba, Djokovic volvió a parecer Djokovic. En Wimbledon encadenó otra semifinal, la octava consecutiva en el All England Club. El torneo le devolvió ritmo, confianza, el aura de intocable en los grandes escenarios.

Hasta que reapareció el mismo nombre que había abierto la herida en Melbourne: Jannik Sinner. El italiano volvió a cruzarse en su camino y le cerró la puerta de la final. No hubo título, pero sí una sensación: el serbio todavía podía competir de tú a tú en los grandes días. No era el final. No todavía.

La gira norteamericana, un desierto inesperado

Después llegó la pista dura norteamericana, y ahí se desmoronó casi todo. En el Cincinnati Open, Thiago Agustin Tirante sorprendió al ex número uno mundial. Y en el US Open se produjo una ruptura histórica: Djokovic perdió en primera ronda de un Grand Slam por primera vez en 20 años.

Para un jugador que había convertido los grandes en su rutina, salir tan pronto de Nueva York fue algo más que un tropiezo. Sonó a cambio de era. A puerta que empieza a cerrarse, aunque él se resista.

Beijing, el único oasis

El calendario ofreció después un respiro, y Djokovic lo aprovechó. En el China Open, en Beijing, se reencontró con su mejor versión. Superó a Alexander Zverev, Daniil Medvedev y Alex de Minaur y mantuvo inmaculado su expediente en la capital china. Ese título, el único de su 2026, le colocó en una posición sólida para pelear por las ATP Finals. El objetivo estaba claro: cerrar el año en Turín, donde tantas veces ha mandado.

Parecía que el impulso de Beijing podía reordenar su temporada. No fue así.

Hurkacz, Struff, Hijikata: una trilogía de golpes

El tramo final del año se convirtió en una sucesión de golpes inesperados. En el Shanghai Masters, Djokovic cayó ante Hubert Hurkacz, un rival al que nunca había cedido un partido. En el Swiss Indoors, fue Jan-Lennard Struff quien le dejó fuera antes de tiempo, otro nombre que jamás le había derrotado.

Y en París, donde tantas veces había dictado sentencia, apareció Rinky Hijikata para completar la trilogía. El australiano le venció en segunda ronda y no solo le cerró el torneo, también le cerró la puerta de las ATP Finals. Con esa derrota, Djokovic confirmó que no jugará más este año.

El balance es duro: diez derrotas en 2026, ante diez rivales distintos. El último, el de menor ranking de todos.

Fuera del top 10, pero no rendido

El ranking también refleja el desgaste. El pico de Djokovic este año ha sido el número tres del mundo, lejos ya de su largo reinado en la cima. Tras esta sucesión de tropiezos, el serbio de 39 años ha caído fuera del top 10.

La fotografía es inédita: sin cuartos de Masters 1000, sin presencia en las ATP Finals, sin grandes títulos salvo Beijing y fuera de la élite numérica que ha habitado durante casi toda su carrera.

Y, sin embargo, Djokovic no cierra el capítulo. Ha dejado clara su intención de seguir compitiendo en 2027. El objetivo sigue siendo el mismo, obstinado, casi obsesivo: ese 25º título de Grand Slam que se le escapó en Melbourne.

La pregunta ya no es si tiene el talento. Eso nunca se fue. La cuestión es otra: ¿le queda una última gran obra al hombre que se ha pasado la vida desafiando al tiempo?