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Dušan Vlahovic: el futuro incierto del delantero libre

En pleno verano, cuando los mejores agentes libres suelen encontrar acomodo casi sin hacer ruido, el caso más llamativo del mercado sigue en el aire. Agosto se acerca… y Dušan Vlahovic continúa sin club.

Hablamos de un delantero de 26 años, ocho temporadas completas de Serie A entre Fiorentina y Juventus, seis cursos seguidos alcanzando las dobles cifras de goles. Un atacante en teoría entrando en su plenitud. Sin embargo, hoy está en el limbo.

Según los datos de Transfermarkt, es el agente libre más valioso del mercado, tasado en torno a 30 millones de libras por su algoritmo. Una cifra que describe el perfil de jugador que se esperaba que fuese. La pregunta, a estas alturas, es otra: ¿quién está realmente dispuesto a apostar por él?

Los rumores se mueven, pero a paso corto. Se le vincula con Manchester United, su nombre ha sobrevolado los despachos de Barcelona, pero no hay acuerdos, no hay reconocimientos médicos, no hay nada que huela a operación inminente. Solo conversaciones, tanteos, dudas.

Sobre el césped, Vlahovic ofrece un catálogo interesante. Cuerpo de ‘9’ clásico, presencia imponente en el área, gol con las dos piernas, buen juego aéreo, incluso capacidad para ejecutar faltas directas. Puede bajar balones, aguantar de espaldas y conducir con cierta zancada cuando encuentra espacio.

No es, sin embargo, un delantero redondo. Le falta finura en el juego asociativo, no destaca precisamente por su presión sin balón y su rendimiento ha sido irregular. Esa mezcla entre virtudes evidentes y carencias visibles alimenta el debate: ¿es una oportunidad de mercado… o un riesgo caro?

En el fondo, todo parece reducirse al contraste entre tres versiones del mismo futbolista: el Vlahovic que es, el que pudo haber sido y el que aún podría llegar a ser.

Fiorentina

En Fiorentina, el serbio irrumpió como un proyecto de estrella. Su progresión encendió radares por toda Europa. Arsenal insistió, pero Juventus se lanzó con más fuerza: hasta 80 millones de euros por un delantero que apenas cumplía 22 años. Era la apuesta de un gigante por su ‘9’ del futuro.

Ese futuro no terminó de explotar como se imaginaba en Turín. Su mejor registro liguero completo con la Juventus se quedó en 18 goles en la 2023-24. La temporada pasada, solo 10. En su etapa bianconera promedió alrededor de 15 tantos por curso. Una cifra respetable, pero muy por debajo del techo que justificó aquella inversión. En el plan de la Juve, debía ser un delantero de 20 goles por temporada como mínimo.

Ahí se dibuja bien el problema: Vlahovic no ha entrado en la élite absoluta de los ‘9’, y quizá nunca lo haga. Tiene margen para mejorar, sí, pero el tiempo se acorta… y sin club, sin entrenar a diario en un contexto competitivo, ese margen se encoge todavía más.

El obstáculo principal no está solo en el campo, sino en el contrato. La temporada pasada fue el jugador mejor pagado de la Juventus y el futbolista con mayor salario de toda la Serie A. Hasta 22 jugadores con sueldos inferiores marcaron más que él. El desequilibrio entre lo que cobra y lo que produce es imposible de ignorar.

Su ficha refleja el jugador que se proyectó que sería. Sus números reflejan el jugador que es hoy.

Los clubes de la cúspide lo miran con recelo. Por eso, cuando el exdelantero de Partizan fue ofrecido a Barcelona —un club que necesita un ‘9’—, la respuesta no fue un sí inmediato, sino una reflexión profunda. El coste deportivo y económico no encaja tan fácil.

Un escalón por debajo, en ese grupo de clubes históricos y ambiciosos pero lejos de la cima —como el propio Manchester United en este momento—, la prudencia es similar. Nadie quiere hipotecar masa salarial por un delantero que todavía no ha demostrado ser determinante al máximo nivel.

Incluso la Juventus habría considerado retenerlo si no fuera por sus pretensiones. Según Tuttosport, Vlahovic pedía 8 millones de euros netos por temporada, alrededor de 132.000 libras a la semana. Una cifra que, para el contexto italiano actual, es difícil de sostener.

Giorgio Chiellini, hoy director del club y excompañero del serbio, lo resumió con claridad: con esos números, su continuidad en Italia era inviable, y lo lógico era que buscara otro tipo de salario en otro lugar. El mensaje es transparente: o baja el listón… o el mercado se le cierra.

Para algunos clubes de la Premier League, ese rango salarial no es descabellado. El problema no es poder pagarlo, sino justificarlo. Necesitan la certeza de que el rendimiento estará a la altura de la inversión. Mientras esa certeza no aparezca, la partida de póker sigue sin resolverse.

La salida parece evidente sobre el papel: tragar algo de orgullo y rebajar las exigencias. Las informaciones que llegan desde su entorno apuntan a que estaría dispuesto a hacerlo, pero con matices: aceptaría menos de un Barcelona que de un Besiktas, por ejemplo. Lógico desde la óptica del jugador, pero las dudas en los despachos son otras: ¿hasta qué punto rebajar el salario supone también rebajar las expectativas deportivas?

El contexto general del mercado juega a su favor. No hay tantos delanteros centro verdaderamente diferenciales en la élite, y menos aún disponibles. Los pocos que existen son intransferibles o se mueven por cifras astronómicas. En ese escenario, un delantero “bueno pero no extraordinario” como Vlahovic debería ganar atractivo, sobre todo cuando el calendario apriete y el cierre de mercado se acerque como una cuenta atrás.

Su condición de agente libre le da una ventaja: puede firmar incluso después del cierre oficial. Pero un delantero con su orgullo competitivo debería querer estar ya integrado, con una pretemporada hecha y listo para reivindicarse desde la primera jornada. Cada semana sin club es una semana perdida.

Hoy, sin embargo, todo apunta a que el nuevo curso arrancará sin que Vlahovic tenga escudo en el pecho. Para un futbolista que hace no tanto era el ‘9’ del futuro en Italia, sería algo más que una anécdota del mercado. Sería una señal incómoda sobre hasta dónde ha caído su cotización… y sobre cuánto está dispuesto a ceder para volver a levantarla.