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El enigma de Jurrien Timber en el Arsenal

La nueva temporada asoma en el horizonte para el Arsenal. Para Jurrien Timber, en cambio, todo suena a repetición. A pausa. A una recuperación que nunca termina de completarse.

El defensa neerlandés cerró la pasada campaña entre camillas, gimnasio y dudas. Los dos últimos meses del curso los pasó a contrarreloj, tratando de llegar al tramo decisivo. No lo consiguió del todo entonces, y tampoco tiene certezas ahora, con el inicio de la Premier League a pocas semanas.

Todo empezó en marzo, en un partido que parecía rutinario. Victoria ante el Everton, buen ambiente en el Emirates… y un gesto que encendió las alarmas. Timber se marchó en la primera parte con molestias en la ingle. El diagnóstico inicial fue tranquilizador: una lesión menor, nada dramático.

Se perdió la final de la Carabao Cup una semana después, pero en el club se respiraba optimismo. El plan era claro: descanso, parón de selecciones y regreso directo al once frente al Southampton.

Nada de eso ocurrió.

Timber no volvió a jugar hasta mayo, cuando apareció desde el banquillo en la final de la Champions League. Demasiado tiempo fuera para algo que, en teoría, no iba a ser grave. La lesión resultó ser mucho más compleja de lo previsto y el jugador sufrió un contratiempo en plena recuperación.

Mikel Arteta no lo ocultó entonces: “No esperábamos que tardara tanto, y en este momento no está en condiciones de jugar”. El técnico describió aquel proceso como una de las situaciones más difíciles de gestionar, tanto para el jugador como para él mismo.

Mientras tanto, Timber no desapareció del todo. Arteta quiso mantenerlo dentro del grupo. El neerlandés acudió a la mayoría de los partidos en casa, incluido el de vuelta de la semifinal de Champions ante el Atlético de Madrid. Celebró con sus compañeros sobre el césped, pero sus movimientos eran cautelosos, casi rígidos, un recordatorio visible de que aún estaba lejos de su mejor estado.

También viajó con la plantilla al London Stadium para el duelo de Premier ante el West Ham en mayo. Se le vio sobre el césped en el calentamiento, con chándal, al lado del cuerpo técnico. Observando, no compitiendo. Aquella tarde, además, llegó otro golpe para el Arsenal: Ben White sufrió una lesión de rodilla que puso fin a su temporada y dejó aún más descubierta la posición de lateral derecho.

A partir de ahí, todo el plan giró en torno a una sola fecha: la final de la Champions League en Budapest. El club apuró al máximo las opciones de contar con Timber, que intensificó su trabajo en los entrenamientos durante la semana previa al partido.

En la rueda de prensa anterior a la final, Arteta aseguró que Timber estaba en condiciones de ser titular. Había algo de juego psicológico en esa declaración. Si el neerlandés hubiera estado realmente al cien por cien, habría sido difícil imaginarle fuera del once en un encuentro de ese calibre. Al final, entró desde el banquillo ante el Paris Saint-Germain y dejó una actuación llamativa, rápida, limpia, muy por encima de lo que cabría esperar tras tantos meses parado.

Pero no engañó a los médicos. Timber seguía sin estar completamente recuperado. La selección de Países Bajos lo dejó claro cuando evaluó su estado físico de cara al Mundial. La federación neerlandesa (KNVB) emitió un comunicado tajante: el jugador “no se había recuperado lo suficiente” para participar en el torneo “de forma médicamente responsable”.

Arsenal y jugador tomaron entonces una decisión conjunta: someterse a una pequeña intervención en la ingle durante el verano. Una cirugía menor, pero clave para dejar atrás de una vez por todas el problema.

La operación salió según lo previsto. Timber se presentó en el club al inicio de la pretemporada, aunque sus palabras destilaron prudencia cuando le preguntaron por su verano: “Voy llegando poco a poco. Estoy trabajando duro, he estado rehabilitándome durante el verano. Ojalá pueda volver pronto”.

Ese “poco a poco” se ha convertido en la banda sonora de su caso. No jugó el amistoso a puerta cerrada contra el MK Dons el pasado fin de semana y tampoco se espera que entre en la convocatoria para el duelo de este sábado ante el Girona.

Esta semana regresó brevemente a Londres para una cita programada dentro de su plan de recuperación, antes de volver a España para seguir con la concentración. Desde el club insisten: no hay recaída, no hay nuevo problema, todo se ajusta al calendario marcado. Pero también es cierto que nadie se atreve a poner una fecha para su regreso a los terrenos de juego.

En paralelo, la planificación deportiva se mueve. Con Timber aún ausente y Ben White apenas retomando sensaciones tras su lesión de rodilla, el Arsenal explora el mercado en busca de un defensa versátil que pueda cubrir varias posiciones atrás. No es casualidad. Es necesidad.

Cuando está sano, pocos jugadores gozan de tanta confianza por parte de Arteta como Timber. El técnico lo ve como una pieza capaz de darle soluciones por dentro y por fuera, con balón y sin él. Un futbolista que encaja a la perfección en su idea de equipo dominante.

Por ahora, sin embargo, el entrenador solo puede esperar. Otra vez. La temporada se acerca, el Emirates se prepara para encenderse, y el gran interrogante en la banda derecha sigue teniendo el mismo nombre.

¿Cuánto tiempo más podrá el Arsenal permitirse vivir pendiente del “pronto” de Jurrien Timber?