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FAM pide perdón y promete reformas tras escándalo de documentos falsos

La Federación de Fútbol de Malasia intenta, por fin, mirar a los aficionados a los ojos. Ab Ghani Hassan, nuevo presidente de la FAM, se plantó ante los micrófonos y asumió el golpe: disculpa pública, compromiso de reforma y un mensaje directo a una hinchada que se siente traicionada.

Lo hizo tras presidir la sexta reunión del comité ejecutivo para el ciclo 2025-2029 en la sede de la federación, Wisma FAM. No fue una comparecencia rutinaria. Era la primera gran puesta en escena de una dirigencia que llega después de una crisis de credibilidad sin precedentes.

“En representación de todos los miembros del comité ejecutivo de la FAM actualmente en funciones, quiero pedir disculpas a todos los aficionados al fútbol de Malasia por el asunto relacionado con los documentos falsificados de siete jugadores de herencia”, declaró ante la prensa. Sin rodeos. Sin matices.

Un escándalo que sacudió a todo el país

El caso estalló el año pasado y dejó una mancha profunda. La FAM y siete futbolistas nacionalizados fueron sancionados por la FIFA tras detectarse certificados de nacimiento falsificados para acreditar su elegibilidad antes del clasificatorio para la Copa Asiática 2027 ante Vietnam, disputado en junio.

La investigación del organismo mundial fue demoledora: se habían utilizado documentos manipulados para sostener que cada jugador tenía al menos un abuelo nacido en Malasia. En realidad, todos procedían de España, Argentina, Brasil y Países Bajos.

Los implicados: Gabriel Felipe Arrocha, Facundo Tomas Garces, Rodrigo Julian Holgado, Imanol Javier Machuca, Joao Vitor Brandao Figueiredo, Jon Irazabal Iraurgui y Hector Alejandro Hevel Serrano. Nombres que llegaron para reforzar al combinado nacional y acabaron en el centro de una trama que ha puesto en cuestión todo el sistema de control de la federación.

La respuesta de la FIFA fue contundente. Multa de 350.000 francos suizos (alrededor de 1,8 millones de ringgit) para la FAM. Sanción individual de 2.000 francos suizos (unos 10.560 ringgit) y suspensión de 12 meses para cada jugador.

El nuevo presidente, bajo el foco

Ab Ghani Hassan fue elegido presidente de la FAM el 17 de septiembre para completar el mandato 2025-2029, en un proceso electoral convocado siete meses después de que toda la antigua dirigencia dimitiera tras una revisión de gobernanza de la AFC. El mensaje era claro: hacía falta una limpieza profunda.

Ahora le toca a él gestionar las consecuencias. “Estoy comprometido a garantizar que este tipo de problemas no vuelvan a ocurrir durante mi mandato al frente de la FAM”, aseguró, marcando una línea roja que la afición exigía desde hace tiempo.

El dirigente insistió en que el nuevo liderazgo se toma el asunto “muy en serio” y subrayó la necesidad de endurecer los procedimientos de la federación en todo lo relacionado con la documentación de jugadores y las convocatorias a la selección. No se trata solo de un error administrativo: es una cuestión de credibilidad internacional y de respeto al escudo.

La justicia deportiva no afloja

Los jugadores recurrieron al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que solo les concedió un alivio parcial. El organismo mantuvo la suspensión de 12 meses por falsificación de documentos, pero acotó el castigo a los partidos oficiales, en lugar de extenderlo a toda actividad relacionada con el fútbol.

El TAS consideró que la sanción era razonable y proporcionada, teniendo en cuenta la responsabilidad de los futbolistas en el fraude. El mensaje es nítido: no hay espacio para la ingenuidad en estos niveles; la complicidad se paga.

La FAM también intentó reducir el impacto económico de la sanción, pero el TAS desestimó el recurso contra las multas. Para el tribunal, el castigo financiero está plenamente justificado y guarda proporción con la gravedad de la infracción.

Dudas sobre la nacionalización, presión política al alza

El terremoto no se ha limitado a los despachos del fútbol. En julio, la Comisión de Integridad de la Agencia de Cumplimiento recomendó revisar las concesiones de ciudadanía otorgadas a los siete jugadores, después de que un grupo de trabajo detectara varias irregularidades en el proceso.

Ese paso abre un frente aún más delicado: el de la relación entre fútbol, administración pública y procesos de nacionalización acelerada para reforzar a la selección. El modelo de los “heritage players”, pensado para sumar talento con raíces malayas, ha quedado bajo sospecha.

La nueva dirigencia de la FAM intenta ahora recomponer la confianza con una mezcla de disculpas públicas y promesas de rigor administrativo. Pero la pregunta ya no es solo si el organismo puede evitar otro escándalo. La cuestión, mucho más incómoda, es si el fútbol malasio está dispuesto a cambiar de cultura o si este caso será solo otro capítulo en una larga lista de oportunidades desperdiciadas.