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Florian Wirtz brilla en Alemania tras críticas en Liverpool

Florian Wirtz necesitaba una noche así. Bajo los focos del fútbol internacional, con el ruido de las críticas todavía reciente por su inicio gris en Liverpool, el mediapunta alemán firmó una actuación de peso pesado en la victoria de Alemania por 2-0 ante Serbia. No fue solo el mejor del partido. Fue el dueño absoluto del escenario.

Desde el primer tramo del encuentro quedó claro que todo el juego ofensivo alemán pasaba por sus botas. A sus 23 años, Wirtz se movió entre líneas con una libertad que no siempre disfruta en Anfield y, con cada giro, con cada control orientado, fue desarmando la estructura serbia. La recompensa llegó pronto.

Un destello, un pase y el partido cambió de tono. Wirtz filtró un balón perfecto para la llegada de Tom Bischof, que firmó el 1-0. La jugada resumió lo que es el joven mediapunta cuando se siente cómodo: pausa, lectura y un último toque que rompe defensas. Jürgen Klopp, atento desde la banda, no tardó en subrayar el impacto de su director de orquesta.

“El modo en que queremos jugar le viene perfecto a ‘Flo’ Wirtz”, dijo Klopp a AZ al término del encuentro. “Creo que todo el mundo en Liverpool está muy feliz hoy. El chico rebosa alegría por jugar y ha trabajado increíblemente duro”.

Palabras contundentes para un futbolista que venía siendo cuestionado por su rendimiento en el arranque de la temporada de club.

La crítica había sido dura. En Liverpool se le exigía que marcase diferencias desde el primer día, y su inicio, lejos de ese nivel, alimentó el debate. Entre aficionados y analistas, el foco apuntaba ya a su adaptación, a su rol, incluso a su encaje en el sistema. Ante Serbia, Wirtz apagó muchas de esas dudas con el único argumento que realmente cuenta: fútbol.

Con Alemania encontró un contexto que le permitió respirar. Un sistema que lo liberó para crear, atacar y aparecer por todo el último tercio. Sin la correa corta, Wirtz se convirtió en el metrónomo del equipo, acelerando cuando veía grietas, frenando para atraer rivales y abriendo espacios para sus compañeros. Cada vez que recibía de cara, la defensa serbia retrocedía un paso más.

El dominio terminó por reflejarse también en el marcador. Tras asistir en el primero, Wirtz decidió cerrar él mismo el partido en la segunda parte. Controló, encaró y soltó un disparo fantástico que sentenció el 2-0 y eliminó cualquier atisbo de suspense. Gol de futbolista que no solo quiere dirigir, sino también firmar el golpe final.

La actuación llega en un momento clave para su carrera. No se trataba únicamente de un amistoso más ni de un trámite de parón internacional. Para Wirtz, este partido era un examen de carácter tras un inicio de campaña en el que se le había acusado de desaparecer en los momentos importantes. Ante Serbia, respondió con personalidad, pidiendo el balón y asumiendo responsabilidades desde el primer minuto hasta el último.

El contraste con su versión reciente en Liverpool fue evidente. Con Alemania, su radio de acción fue amplio, casi total, moviéndose desde la mediapunta hacia las bandas y apareciendo también en zonas de remate. Esa libertad le permitió dictar el ritmo y generar un problema constante a la zaga rival, que nunca terminó de encontrar la manera de fijarlo.

Ahora, el reto cambia de escenario, pero no de exigencia. Alemania viaja el domingo a Grecia para cerrar este parón con un duelo de alto voltaje en Atenas. Para Wirtz, será la oportunidad de confirmar que lo de Serbia no fue solo una noche inspirada, sino el inicio de una racha de peso con la selección.

Un nuevo partido dominante en Grecia completaría una semana redonda para el mediapunta y, sobre todo, lo devolvería a Merseyside con un caudal de confianza que no se compra ni se entrena: solo se gana sobre el césped. En Liverpool le esperan un calendario cargado y una afición que sueña con ver, por fin, al Wirtz de Alemania vestido de rojo. La pregunta es clara: ¿tras esta exhibición, alguien se atreverá a dudar de que está listo para hacerlo?