Francia se derrumba en el adiós de Deschamps: críticas y reacciones
La última noche de Didier Deschamps al mando de Francia terminó convertida en un pequeño naufragio colectivo. No solo por el 6-4 ante Inglaterra en Miami, sino por la forma: un 4-0 en contra antes del descanso, una reacción furiosa después… y un vestuario que dejó al descubierto grietas profundas.
Desde el pitido inicial, Francia se vio superada. Desordenada, blanda, desconectada. Inglaterra olió sangre y golpeó sin piedad hasta colocar un 4-0 que dejó atónito al banquillo francés y helado a los veteranos de mil batallas. Cuarenta y cinco minutos que rozaron el esperpento para una selección que, días antes, aún aspiraba al título.
Tras el descanso, el partido cambió de tono. Les Bleus despertaron, encontraron cuatro goles y, por momentos, metieron a Inglaterra contra su área. Pero la remontada nunca fue más que un espejismo: el agujero del primer tiempo era demasiado profundo. El 6-4 final retrata una locura ofensiva, sí, pero también una desconexión inicial impropia de un equipo de este nivel.
Rabiot, sin filtro: “Comportamientos inaceptables”
El marcador no fue lo único doloroso. Las palabras de Adrien Rabiot tras el encuentro golpearon igual de fuerte que los goles encajados. El centrocampista de AC Milan no se escondió ni buscó excusas.
“Empezamos el primer tiempo de forma bastante vergonzosa”, admitió en beIN SPORTS. Y fue más allá: “Vi comportamientos de algunos jugadores que nunca había visto antes. Es un poco decepcionante porque era el último partido para hacerlo bien en esta competición”.
Rabiot apuntó directamente a la actitud, no al cansancio ni a la falta de motivación: “Hay mucha decepción después de la derrota contra España, pero había trabajo que hacer hasta el final y no podemos contentarnos con jugar de forma tan descuidada”. Según él, el punto de inflexión llegó en el vestuario: “Hablamos en el descanso; nos dijimos que teníamos que mostrar orgullo, y fue mucho mejor en la segunda parte, porque en la primera, algunos comportamientos fueron inaceptables”.
Sus frases no son las típicas palabras de compromiso tras una derrota. Son un dardo frontal a parte del grupo, en la última función de Deschamps. Una noche que debía servir para cerrar un ciclo con cierta dignidad terminó convertida en un juicio público a la mentalidad del equipo.
Bronca en la banda y un partido que nadie quería jugar
La tensión no se limitó al césped. En la banda, las cámaras captaron una escena que resume el clima del momento: Rayan Cherki discutiendo airadamente con Deschamps durante una pausa de hidratación en la primera parte. Gesto duro, palabras cruzadas y la sensación de que la autoridad del seleccionador ya no pesaba como antes.
El propio Deschamps había dejado claro, antes del duelo por el tercer puesto, el poco atractivo del encuentro. “Inglaterra no quiere jugar este partido y nosotros tampoco”, admitió sin rodeos. La profecía se cumplió en forma de un primer tiempo francés sin alma, casi sin pulsaciones competitivas. El despertar posterior maquilló el resultado, pero no el diagnóstico.
Para Deschamps, que llevaba 14 años al frente, fue un cierre extraño: ni homenaje, ni épica, ni control. Solo ruido, fracturas internas y una imagen desdibujada de una selección que con él lo ganó casi todo.
Inglaterra se marcha en alto y Rice reivindica al grupo
Mientras Francia se enredaba en sus propios problemas, Inglaterra aprovechó el caos para despedirse del torneo con una goleada y un mensaje de fuerza. El equipo de Thomas Tuchel castigó cada error, se mostró letal en el tramo inicial y supo gestionar la reacción francesa cuando el partido se abrió.
Al término del choque, Declan Rice puso voz al orgullo inglés: “Este es el mejor grupo de Inglaterra desde hace mucho tiempo. Es un hecho. Nadie puede quitarnos eso. Creo que podemos estar orgullosos como grupo. Estamos destrozados por haber perdido en esa semifinal”.
Inglaterra se va con la sensación de haber dejado escapar algo grande, pero también con la convicción de tener una base sólida para el futuro. Francia, en cambio, se queda con un interrogante mayor: cómo reconstruir un vestuario tocado, sin Deschamps en el banquillo y con líderes como Rabiot exigiendo, a gritos, una reacción de carácter.






