Francia avanza a semifinales del Mundial con autoridad
La selección de Didier Deschamps ya está en semifinales. Francia se abrió paso con una autoridad fría, paciente, casi cruel, al derrotar 2-0 a Marruecos y se asoma otra vez a la puerta grande del Mundial, a la espera de España o Bélgica, que se miden este viernes.
El campeón de 2018 y subcampeón de 2022 vuelve a estar donde se siente cómodo: en la zona donde solo sobreviven los equipos que saben convivir con la presión. Pero el discurso dentro del vestuario es otro. No hay autocomplacencia. Y la voz que marca el tono es la de Kylian Mbappé.
Mbappé frena la euforia
“Fui campeón en 2018 y subcampeón del mundo en 2022 y este equipo todavía no ha logrado nada”, recordó Mbappé, que ya suma 20 goles en 20 partidos mundialistas, cuatro de ellos en finales. Sus números son de leyenda, su mensaje, de capitán que no quiere ver a nadie flotando.
Para él, este grupo es distinto. “Es, sin embargo, el que tiene el mayor potencial. Hay tantas cualidades en esta plantilla que te permite soñar”. Sueño sí, pero sin confundirlo con realidad. Mbappé, 27 años, máximo goleador del torneo con ocho tantos, empatado con Lionel Messi, se encargó de bajar cualquier nube: Francia, dice, todavía no puede llamarse la mejor.
“Hasta donde yo sé, este grupo no ha ganado nada todavía. Siempre he dicho que los equipos más fuertes son los que ganan trofeos. No es el caso de este equipo aún, así que no, no es el más fuerte”, insistió. Un dardo directo contra la tentación de vivir de la estadística y del ruido exterior.
Un gigante de los torneos
Los datos, eso sí, colocan a Francia en una élite muy reducida. Ha alcanzado cuatro de las últimas siete finales de la Copa del Mundo, con títulos en 1998 y 2018, y derrotas en 2006 y 2022. Si vuelve a estar en la gran cita del 19 de julio en Nueva York, sostendrá sin complejos la comparación con la vieja Alemania Federal, el paradigma de la selección de torneo: cuatro finales entre 1974 y 1990.
Pero dentro del grupo el mensaje es otro: pies en el suelo, nada de épica anticipada. “Conocemos el potencial de este equipo. Pero tenemos que demostrarlo en el campo. Estamos confiados, pero todavía tenemos mucho que demostrar si queremos ser considerados un equipo casi imbatible”, advirtió Mbappé.
La frase resume el momento: Francia intimida, pero aún se siente en construcción. Una máquina que gana, que acumula registros, que se acerca a los grandes de la historia, pero que se mira al espejo con una exigencia feroz.
Solidez atrás, pólvora arriba
El camino hasta semifinales refuerza esa sensación de equipo serio, pragmático. Tras una fase de grupos con grietas defensivas evidentes, Francia no ha encajado un solo gol en las rondas eliminatorias. La corrección ha sido inmediata y visible.
En ese ajuste ha emergido un nombre propio: Manu Koné. El centrocampista, que ha asumido el rol de Aurelien Tchouameni durante la lesión del mediocentro, firmó ante Marruecos una actuación de jerarquía, sosteniendo al equipo en la base, limpiando líneas de pase y dando equilibrio a un bloque que había sufrido atrás en los primeros partidos.
Arriba, el guion fue el esperado. Mbappé y Ousmane Dembélé hicieron el resto, con los goles que liquidaron a una Marruecos valiente pero superada. Con ellos, Francia se convirtió en la primera selección en un Mundial que presenta a dos jugadores con al menos cinco tantos desde aquel Brasil de 2002, el de Ronaldo (ocho) y Rivaldo (cinco).
Aquella vez, Brasil terminó levantando su quinto título. El paralelismo aparece solo. Mbappé lo conoce, lo escucha, pero lo relativiza. Si Francia no llega, como mínimo, a la final, todos esos números se diluirán.
Porque para este grupo, y sobre todo para su gran estrella, las cuentas son sencillas: o hay trofeo, o las estadísticas serán solo ruido de fondo en la historia de un Mundial que, para Francia, aún está por decidirse.






