Futbolistas y educación: la graduación de la PFA Business School
Los birretes vuelan donde suelen volar los centros
No es una graduación de Oxbridge, aunque lo parezca. En el césped del Emirates Stadium, entre togas, birretes y flashes, los protagonistas no son jóvenes anónimos a punto de entrar en el mercado laboral, sino futbolistas de la Premier League y viejas caras conocidas que ya han levantado trofeos por toda Europa.
La promoción 2026 de la PFA Business School reúne nombres que cualquiera reconoce de los marcadores del fin de semana: el centrocampista de Everton Kiernan Dewsbury-Hall, el delantero de Coventry City Taiwo Awoniyi y un grupo de jugadores y exjugadores que, por una tarde, cambian las botas por el título académico.
En un rincón del Emirates, César Azpilicueta toma la palabra. El exdefensa de España recuerda cómo, la mañana de la final de la Champions de 2021, se sentó a estudiar para despejar la mente antes de capitanear al Chelsea hacia el 1-0 ante Manchester City en Oporto. No es una anécdota de salón: es una declaración de principios. El estudio como refugio, incluso en el día más grande de su carrera de club.
Dewsbury-Hall: tren, toga y futuro
Kiernan Dewsbury-Hall, 28 años, llega en tren desde Merseyside a Londres. Vive el mejor momento de su carrera en el Everton, pero hoy su foco está en otro tipo de pase: el que le entrega un diploma de posgrado en dirección global del deporte fútbol.
El exjugador de Leicester City y Chelsea lo tiene claro. Quiere seguir jugando muchos años, pero no piensa esperar a que el último silbato marque el inicio de su vida fuera del césped. Prefiere adelantarse. Formarse ahora. No levantarse un día, ya retirado, y descubrir que no tiene nada más entre manos.
Habla de curiosidad, de desarrollo personal, de la necesidad de no quedarse quieto. No promete que vaya a ocupar un despacho de alto nivel cuando cuelgue las botas. Pero ya tiene una llave, por si una puerta interesante se abre. Y esa previsión, en un entorno tan volátil como el fútbol, vale casi tanto como un contrato largo.
Durante la ceremonia, Dewsbury-Hall se cruza con otra figura de pasado azul: Tim Cahill, ahora trabajando en el fútbol catarí. El inglés se le acerca para hablar de lo que mejor conoce Cahill: el arte de marcar goles llegando desde segunda línea. Ni toga ni protocolo impiden que, en medio de un acto académico, el juego vuelva a colarse en la conversación.
Awoniyi, el “soñador silencioso” que no dejó los libros
Taiwo Awoniyi, 29 años, también recoge su título. Este verano cambió Nottingham Forest por Coventry City y sigue formando parte de la selección de Nigeria que pelea por estar en la Copa Africana de Naciones de 2027. Entre viajes, concentraciones y partidos, ha mantenido un hilo constante: estudiar.
Ya tiene un grado en gestión empresarial y otro diploma. Este es su tercer título. No es casualidad. Su padre, Solomon, siempre fue inflexible con la educación. Tanto, que por momentos casi frena la carrera futbolística de su hijo. Aun así, Awoniyi avanzó desde la Imperial Soccer Academy hasta fichar por Liverpool, antes de hacerse un nombre en la Bundesliga con Union Berlin.
Se define como un “soñador silencioso”. Uno de esos futbolistas que no levantan la voz, pero sí el nivel de exigencia consigo mismos. Cumplió la promesa que le hizo a su padre: si iba a jugar al fútbol, seguiría estudiando. Y lo ha hecho.
Su trayectoria no ha sido una línea recta. En mayo de 2025, una acción brutal lo dejó al borde del abismo: un choque con el poste cuando jugaba para Nottingham Forest contra Leicester City le provocó la rotura de un intestino. Terminó en coma inducido. Una carrera, y una vida, pendiendo de un hilo.
Salir de ahí cambia la perspectiva. Para él, mejorar no es solo entrenar más fuerte. Es entender que hay vida más allá del balón. Ahí encaja el curso de la Professional Footballers’ Association: una herramienta para construir algo cuando el pitido final llegue de verdad.
Awoniyi lo explica con sencillez. El fútbol no es un trabajo de oficina de 9 a 5. Hay mañanas intensas, pero muchas tardes libres. Y ese espacio, que algunos llenan con videojuegos o redes sociales, él lo ha llenado con clases, lecturas, trabajos. Le exige, sí. Pero cree que cualquier futbolista tiene horas en la noche para algo así, si de verdad lo quiere.
Lo repite con calma: el fútbol es pasión, pero ellos son personas normales. Seres humanos que también se preocupan por el futuro, por su familia, por qué harán cuando las gradas ya no coreen su nombre. Quizá el mundo no siempre lo vea. Esta graduación lo pone delante de los focos.
No viene solo. Awoniyi trae a parte de su familia extensa al Emirates. Posan, ríen, se abrazan. Es la misma alegría que se ve en cualquier universidad del mundo cuando un hijo cumple una promesa que empezó en casa.
Romper el tópico del futbolista
La escena desmonta uno de los clichés más resistentes del fútbol moderno: el del jugador desinteresado por todo lo que no sea el balón. Dewsbury-Hall lo verbaliza con naturalidad. En todas las industrias hay gente muy preparada y gente que no lo está tanto. El fútbol no es distinto.
Insiste en que hay muchos más jugadores inteligentes de lo que la gente imagina. Algunos no se apuntan a cursos como este, no porque no puedan, sino porque su pasión va por otros caminos. Él no dice que la suya sea la educación, pero sí que quiso demostrar que se puede estudiar a este nivel mientras se compite al máximo.
¿Dónde le llevará todo esto? Ni él lo sabe. Pero ha abierto una puerta que muchos ni siquiera se plantean mientras siguen en activo.
El diseño del curso parece hecho a medida del calendario futbolístico. Seminarios encajados entre partidos y entrenamientos, contenidos que los jugadores pueden seguir en su propio tiempo. Aun así, no todo el mundo entiende ver a un centrocampista de la Premier League estudiando en una tablet en el autobús de vuelta de un partido fuera de casa. Dewsbury-Hall reconoce que alguna que otra mirada rara sí se ha llevado.
Cada graduado arrastra una historia distinta. Para Steve Cook, defensa de Wycombe Wanderers y antiguo capitán del Bournemouth en la Premier, el programa supone su regreso a la educación formal desde los tiempos del colegio. Ya tiene licencias de entrenador y siente que su carrera se acerca al último tramo. No quiere que el final lo pille sin alternativas.
Azpilicueta, del aula a Oporto y de Oporto a Harvard
César Azpilicueta observa la escena con la perspectiva de quien ya ha cruzado la línea de meta. Colgó las botas la temporada pasada, tras sus etapas finales en Atlético de Madrid y Sevilla, y está lejos de tener prisa por decidir su próximo cargo.
Para él, el valor del curso no se limita al “día después” de la retirada. Sostiene que también ayuda a ser mejor mientras se sigue compitiendo. A entender el juego desde otras alturas, a relacionarse de otro modo con directivos, entrenadores, empleados del club.
Su historia encaja con ese discurso. Debutó como profesional en Osasuna con 17 años, sin abandonar los estudios. Cuando el fútbol se lo llevó por completo, dejó la carrera. Años después, ya consolidado en Chelsea, retomó el camino académico y completó un MBA en Harvard University durante su etapa de nueve años en Stamford Bridge.
El detalle de la final de la Champions de 2021 lo resume todo. Cualquier jugador habría intentado dormir la siesta previa a un partido así. Él lo intentó. Imposible. El ruido de los aficionados, la tensión, la certeza de que se acercaba una noche que podía cambiar su vida. En lugar de dar vueltas en la cama, abrió los apuntes. Estudiar para calmar la mente antes de levantar la Copa de Europa.
La PFA Business School no solo ofrece teoría. Por sus aulas desfilan figuras que manejan el fútbol desde los despachos, como Paul Barber, director ejecutivo de Brighton. Explican cómo se mueve el dinero, cómo se construye un proyecto, qué hay detrás de cada fichaje y de cada decisión que, desde fuera, se juzga en 90 minutos.
Un vestuario de futuros jefes
Muchos de los presentes seguirán centrados en jugar durante años. Su prioridad inmediata es clara: el próximo partido, el siguiente contrato, la convocatoria con la selección. Pero el grupo que hoy se hace fotos con toga y birrete no se limita a pensar en el próximo domingo.
Entre ellos pueden estar los futuros entrenadores que dirigirán desde la banda, los ejecutivos que negociarán fichajes millonarios, los directores deportivos que trazarán la hoja de ruta de clubes enteros. Algunos tardarán en usar lo aprendido. Otros lo harán antes de lo que imaginan.
En el Emirates, por un día, el fútbol se mira al espejo y se ve distinto. Menos tópico, más complejo. Más preparado.
La pregunta, ahora, es cuántos de estos graduados acabarán tomando las decisiones que marcarán el juego que hoy todavía siguen disputando sobre el césped.






