Futbolistas en la PFA Business School: un futuro más allá del césped
Las togas y los birretes podrían engañar a cualquiera. A primera vista, el Emirates Stadium parece una ceremonia de graduación de Oxbridge. Pero los que esperan su turno para subir al escenario no son jóvenes académicos: son futbolistas de la Premier League y exjugadores con medallas europeas guardadas en casa.
Es la promoción de 2026 de la PFA Business School. Entre los graduados, nombres que suenan a sábado por la tarde: Kiernan Dewsbury-Hall, cerebro del centro del campo del Everton; Taiwo Awoniyi, nuevo delantero del Coventry City; Steve Cook, viejo capitán del Bournemouth en la élite. Y al frente de la sala, uno que lo ha ganado casi todo: César Azpilicueta.
Azpilicueta, el capitán que estudiaba antes de una final
En el escenario del Emirates, Azpilicueta recuerda un detalle que define bien este grupo. La mañana de la final de la Champions de 2021, mientras el mundo del Chelsea vibraba con la cita ante el Manchester City en Oporto, él estaba… estudiando.
Aquel día acabaría levantando el trofeo tras el 1-0, pero antes se refugió en los apuntes para calmar la mente. No fue un gesto aislado. El navarro, que debutó como profesional con Osasuna a los 17 años, nunca soltó del todo el hilo de la educación. Interrumpió sus estudios al consolidarse en la élite, pero años después volvió a las aulas para completar un MBA en Harvard durante su etapa de nueve años en el Chelsea.
“Normalmente dormiría la siesta después de comer si el partido era tarde, pero ese día era imposible. Se escuchaban los aficionados, se notaba que venía algo grande”, ha contado. Aquella decisión de abrir libros antes del partido más importante de su carrera de club resume su forma de entender el oficio: formarse no solo para el después, también para ser mejor líder mientras aún pisa el césped.
Tras cerrar su carrera con pasos por Atlético de Madrid y Sevilla, Azpilicueta se ha tomado su tiempo para decidir su siguiente movimiento. De momento, se sienta en el aula, comparte experiencias y escucha. Está convencido de que este tipo de cursos no solo prepara para la vida tras las botas, sino que afina la versión actual del futbolista.
Dewsbury-Hall, tren a Londres y un ojo en el futuro
En una de las filas, Kiernan Dewsbury-Hall sostiene su diploma con la misma seguridad con la que maneja un balón en Goodison Park. Tiene 28 años, atraviesa el mejor momento de su carrera con el Everton y, aun así, se ha comprometido con un posgrado en dirección global del fútbol.
Viajó en tren desde Merseyside hasta Londres para no perderse la ceremonia. No viene a hacerse la foto y marcharse. Habla, pregunta, se mezcla con compañeros de distintas generaciones. En un momento, se acerca a Tim Cahill, mito del Everton y ahora figura clave en el fútbol catarí, para hablar de lo que más le obsesiona: cómo marcar más goles.
Lo explica sin rodeos. No quiere que el día que cuelgue las botas le pille sentado en el sofá, sin un plan. “Siempre intento aprender y desarrollarme lejos del césped. No quiero dejar de jugar y quedarme sin hacer nada”, ha contado. El diploma no es un capricho ni una huida. Es una herramienta. Si aparece una oportunidad en los despachos, ya tendrá algo sólido a lo que agarrarse.
También lanza un dardo a los tópicos. Sabe que la etiqueta de “futbolista” viene cargada de prejuicios. “Obviamente hay estereotipos alrededor de los jugadores. Pero en todas las industrias hay gente muy lista y gente que no lo es tanto. Te sorprendería cuánta gente inteligente hay en el fútbol”, apunta. No presume de que esa sea su pasión definitiva, pero sí de haber demostrado que se puede estudiar al máximo nivel mientras se compite cada fin de semana.
En el tren de vuelta, confiesa, ha recibido más de una mirada rara al sacar el iPad y ponerse a estudiar tras un partido lejos de casa. Nada que le preocupe.
Awoniyi, del coma inducido a la tercera titulación
A pocos metros, Taiwo Awoniyi posa con parte de su familia extensa. Para ellos, el título tiene un peso especial. El delantero, hoy en el Coventry City y todavía internacional con Nigeria en plena lucha por meterse en la Copa Africana de Naciones de 2027, se presenta en el Emirates con su tercera titulación bajo el brazo.
Ya tiene un grado en gestión empresarial y otro diploma. La PFA Business School es un peldaño más en una escalera que empezó en Ilorin, su ciudad natal, y que casi nunca fue sencilla. Su padre, Solomon, fue estricto hasta el extremo con la educación. Tanto, que por momentos estuvo cerca de cortarle el camino hacia el fútbol profesional.
Awoniyi salió de la Imperial Soccer Academy, llegó al Liverpool y se hizo un nombre en Alemania con el Union Berlin antes de aterrizar en la Premier League. Por el camino, nunca soltó los libros. Lo resume con una frase que repite a menudo: es un “soñador silencioso”. Le prometió a su padre que, si jugaba al fútbol, seguiría estudiando. Y ha cumplido.
Su trayectoria reciente añade otra capa. En mayo de 2025, jugando con el Nottingham Forest ante el Leicester City, sufrió una lesión gravísima: rotura de intestino tras chocar contra un poste. Acabó en coma inducido. Vivió el lado más oscuro de la profesión. Desde entonces, la idea de que “hay cosas más grandes que el fútbol” dejó de ser una frase hecha.
Por eso, cuando habla del curso, lo hace desde otro lugar. Sabe que el fútbol no es un trabajo de oficina de 9 a 5. Hay mañanas intensas, tardes libres, noches de viaje. “Entrenamos y a veces terminamos bastante pronto y, aunque es exigente, creo que todo futbolista tiene tiempo por la tarde para algo como esta escuela de negocios”, defiende. El reto no es la agenda, sino la voluntad.
“Sí, el fútbol es nuestra pasión, pero también somos seres humanos normales y quizá eso el mundo no siempre lo ve”, insiste. Hoy, con su familia celebrando en la grada del Emirates, esa doble vida —futbolista y estudiante— se ve más clara que nunca.
Un aula con futuros entrenadores, directores y ejecutivos
El curso de la PFA está diseñado para convivir con la carrera profesional. Los seminarios se programan para no chocar con partidos ni entrenamientos. El resto depende de cada jugador, de su disciplina y de sus noches de estudio en hoteles, aviones o autobuses.
Cada graduado llega con un pasado distinto. Steve Cook, ahora defensa del Wycombe Wanderers, vivió la Premier como capitán del Bournemouth. No pisaba un aula formal desde el colegio. Ya ha hecho los cursos de entrenador y sabe que el final como jugador se acerca. Para él, este programa es un puente hacia lo que viene.
Otros quizá no utilicen de inmediato lo aprendido. Puede que tarden años en sentarse en un despacho, en un banquillo o en una sala de juntas. Pero, según Azpilicueta, todos se llevan algo que influirá en su día a día actual. Entender cómo piensa un director general, cómo se estructura un club, cómo se toman decisiones de inversión, cambia también la forma de ver el vestuario.
Por las aulas han pasado figuras como Paul Barber, director ejecutivo del Brighton, para explicar cómo funciona un club moderno desde dentro. Son sesiones que abren ventanas. El futbolista que solo conocía el túnel de vestuarios y el césped empieza a ver organigramas, balances, estrategias de crecimiento internacional.
En el Emirates, los aplausos se mezclan con los flashes. Hay orgullo, sí, pero también una sensación clara: el juego está cambiando. Los jugadores ya no esperan a retirarse para pensar en lo que viene después. Se preparan mientras todavía suena el himno de la Premier.
Quizá entre estos graduados esté el próximo entrenador que levante un título europeo, el director deportivo que revolucione un club o el ejecutivo que redibuje el mapa del fútbol mundial. Hoy llevan toga y birrete. Mañana volverán a las botas y al césped. Pero ya no miran el fútbol solo desde la banda. Lo miran, también, desde el despacho. Y eso, para el futuro del juego, lo cambia casi todo.






