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Gales logra victoria en Shkodër y se prepara para Llanelli

No fue bonito. Ni fluido. Pero fue exactamente lo que Gales necesitaba: una victoria fuera de casa, un 0-1 áspero en Albania que deja a las de Rhian Wilkinson con ventaja antes de la vuelta del martes en Llanelli.

En una noche tensa en Shkodër, el marcador dice oficio más que brillo. Gales golpeó primero y luego se aferró al resultado con más nervios que control, consciente de que en esta fase no se reparten puntos por estilo, solo por eficacia.

Chispazos y deudas pendientes

Dentro de un partido espeso, dos nombres se encendieron con fuerza: Mared Griffiths y la suplente Scarlett Hill. La primera aportó claridad en los momentos contados en los que Gales consiguió respirar; la segunda, debutante competitiva, respondió al reto con personalidad en un contexto nada amable.

Wilkinson lo sabe: este equipo tiene talento, pero también margen de mejora evidente si quiere avanzar en la siguiente ronda de clasificación, si llega. La entrenadora lo dejó claro al valorar el triunfo: tres puntos, sí, pero sin engañarse con el rendimiento defensivo ni con la sensación de dominio. Gales ganó, pero no controló.

Ingle, entre el alivio y la autocrítica

Sophie Ingle, voz autorizada en este vestuario, no maquilló lo que se vio sobre el césped. La primera parte fue “bastante cómoda”, con Gales imponiendo su plan y manejando el partido con relativa calma gracias al gol que abrió el marcador.

Tras el descanso, todo cambió. Con solo un tanto de ventaja, cada pérdida pesaba el doble. Ingle reconoció que el equipo se vio sometido, que “entró en pánico por momentos”, pero también que supo “tirar de carácter” para conservar el 0-1 y la portería a cero lejos de casa.

Su diagnóstico para el martes es directo: más calma con el balón, más control de las transiciones y cortar de raíz las contras albanesas, lideradas por delanteras rápidas que castigaron cada desajuste. Si Gales consigue mandar con la pelota en Llanelli como lo hizo en los mejores tramos de hoy, la centrocampista cree que el equipo “debería dominar como lo hizo” en la primera mitad en Shkodër.

Debuts, carácter y una entrenadora exigente

Rhian Wilkinson mezcló gratitud, orgullo y exigencia. Agradeció con énfasis a la afición galesa que viajó hasta Albania, consciente de lo que supone ese apoyo en un escenario incómodo. Subrayó el valor de ganar “en un día duro”, lejos de casa y sin desplegar su mejor versión.

Celebró especialmente los estrenos competitivos de Scarlett Hill y Liv Francis, dos pasos importantes para el futuro inmediato de la selección. Pero no se dejó llevar por la euforia. Admitió sin rodeos que el equipo “no defendió realmente bien” y que Albania les hizo sufrir más de la cuenta.

Para Wilkinson, el crecimiento pasa por aprender a ganar también así: resistiendo, “sin rendirse” cuando el partido se vuelve hostil y el rival aprieta. Gales, recordó, está “a mitad de camino”. El mensaje es claro: tocará “hacer los deberes en casa” y, al mismo tiempo, elevar el listón de lo que el propio equipo se exige.

Albania aprieta, Gales resiste

La sensación en la grada y en el análisis posterior fue compartida: alivio. Gwennan Harries, exdelantera de Gales, lo resumió con una frase que suena familiar en el deporte galés: “siempre nos lo ponemos difícil”.

El encuentro ya se intuía trabado, y así fue. Primera parte aceptable, segunda parte sufrida. Harries habló de un trabajo cumplido, de una victoria “difícil y fea”, pero victoria al fin y al cabo. Medio camino recorrido, con todo por decidir en Llanelli.

Nia Jones, también exinternacional galesa, apuntó hacia la otra cara de la moneda. Albania, por juego y por impulso final, puede sentirse incluso más animada de cara a la vuelta. Cerró el partido con mejores sensaciones, con más balón y con la impresión de haber sido “de lejos el mejor equipo” en la segunda mitad. Pero el fútbol, recordó, es un negocio de resultados, y ese 0-1 viaja a Gales como un tesoro.

Todo se decide en Llanelli

Gales regresa a casa con ventaja, con la portería a cero y con la certeza de que el margen de error se ha estrechado. Necesita más control, más calma y menos concesiones para cerrar el pase a la final del play-off.

La ida dejó cicatrices y enseñanzas. La vuelta dirá si este grupo sabe transformar el sufrimiento de Shkodër en una noche grande en Llanelli, o si la reacción albanesa en la segunda parte fue el preludio de una remontada incómoda.