Logotipo completo Alargue Final

Harriet Dart conquista su primera final WTA en Guangzhou

Harriet Dart terminó el partido con lágrimas en los ojos y una frase que llevaba años guardándose: “significa el mundo”. No era una exageración. La británica, de 30 años, se ganó a pulso su primera final individual en el circuito WTA tras remontar un duelo salvaje ante la china Sun Xinran, invitada del torneo y campeona júnior del US Open, por 5-7, 7-6 (7-1) y 6-0 en el Guangzhou Open.

Fueron algo menos de dos horas y media de tensión, dudas, nervios… y una reacción de veterana en el tramo decisivo.

De la pesadilla al pulso firme

El arranque fue un pequeño desastre para Dart. Doble falta en bola de break en su primer juego de saque, 0-3 abajo y una grada volcada con la adolescente local. Parecía otra oportunidad que se le escapaba. Pero la británica se negó a hundirse.

A partir del 0-3 empezó a mandar desde el fondo, encadenó cuatro juegos de servicio ganados y volteó el marcador hasta el 5-4. Tenía el set en la mano. Entonces regresaron los fantasmas: dos dobles faltas más cuando servía para cerrar, gestos de frustración y la puerta abierta para que Sun se colara. La china no perdonó: mantuvo su saque con autoridad y rompió por tercera vez para llevarse el primer parcial 7-5.

Dart había hecho lo más difícil, remontar la desventaja inicial, y aun así se veía por detrás. El tipo de golpe que en otras etapas de su carrera la habría descolocado por completo.

Un segundo set a vida o muerte

Lejos de hundirse, la número cinco británica salió a morder en el segundo set. Rompió de inicio, volvió a quebrar en el quinto juego… y en ambas ocasiones Sun respondió al instante. Cada avance encontraba respuesta. Cada pequeña ventaja se evaporaba en el siguiente turno de saque.

El partido se convirtió en un pulso mental. Dart se vio dos veces obligada a sacar para seguir viva en el set. Ahí sí apareció la jugadora que lleva casi una década peleando por hacerse un hueco en la élite. Sostuvo el servicio, ajustó los riesgos y llevó la manga al tie-break.

Y en el desempate no hubo historia. Se adueñó de los intercambios, clavó el 7-1 y, de paso, silenció a una grada que la había incomodado durante todo el choque hasta el punto de quejarse varias veces al juez de silla. El momento emocional cambió de lado en un puñado de puntos.

“Ha sido un viaje muy largo. Lo he querido muchísimo, a veces demasiado. Estar por fin aquí significa el mundo”, confesó después. “Ha sido una montaña rusa. En esta fase del torneo salen más nervios, más emociones. Estaba luchando mucho conmigo misma. Estoy orgullosa del segundo set y de cómo pude cambiarlo rápido”.

Sun se apaga, Dart acelera

Con el golpe del tie-break aún fresco, Sun empezó a desmoronarse. La china, de solo 16 años, acusó el esfuerzo tanto en lo emocional como en lo físico. Necesitó un tiempo médico para tratarse la pierna izquierda y ya no volvió a encontrar ni ritmo ni soluciones.

Dart olió la sangre y no tuvo piedad. Se adueñó del tercer set de principio a fin, sin ceder un solo juego y ganando 28 de los 41 puntos disputados. Un 6-0 rotundo, de jugadora que ve por fin la puerta abierta y la atraviesa sin mirar atrás.

La británica, que debutó en el circuito WTA en Eastbourne en 2015 y que solo había alcanzado antes una semifinal individual —este mismo año en el Transylvania Open—, convierte así su segunda presencia en unas semifinales en la primera final de su carrera.

Una final y mucho más en juego

El premio no se limita al trofeo del domingo. Dart ya ha escalado 14 puestos hasta situarse 101.ª en la clasificación en vivo y sabe que un triunfo en la final, ante la cuarta cabeza de serie Lilli Tagger o Kaitlin Quevedo, la devolvería al top 100 de la WTA.

Diez años después de su debut en el circuito, con un camino lleno de parones, dudas y pasos atrás, Harriet Dart se ha ganado la oportunidad que tantas veces se le negó. La pregunta ahora es sencilla y enorme a la vez: ¿convertirá esta primera final en el punto de inflexión que cambie su carrera?