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Harriet Dart conquista su primer título WTA en Guangzhou

En la hora siguiente a su primer título WTA, el móvil de Harriet Dart no dejaba de vibrar. Mensajes, notificaciones, felicitaciones de todas partes. Pero había una llamada que no podía esperar: sus padres, Nick y Susie, siguiendo la final rodeados de amigos en el club de tenis de su barrio, en el norte de Londres. Después, su hermana Phoebe. Y, acto seguido, una campeona de Wimbledon: Marion Bartoli.

La mano de una campeona

Dart trabaja con la francesa, ex número siete del mundo, desde el inicio de la temporada, en un acuerdo a tiempo parcial. No es un detalle menor. Ella misma lo reconoce: sin Bartoli, quizá este salto habría parecido inalcanzable para muchos.

El domingo, con Bartoli viéndolo todo desde casa, la número 115 del ranking mundial conquistó el Guangzhou Open, en China, al derrotar a la joven austríaca Lilli Tagger, una de las adolescentes emergentes del circuito.

“Ha sido increíble trabajar con Marion, y tuve mucha suerte de que estuviera abierta a colaborar conmigo”, explicó Dart, de 30 años, en una videollamada con BBC Sport desde Guangzhou. No hablaba como una debutante eufórica, sino como alguien que sabe que este título es parte de un plan.

Ella misma lo subraya: no está en la misma fase que una jugadora de 20 años, pero siente que aún tiene margen, que todavía hay detalles por pulir, pequeñas ganancias que pueden cambiar una carrera. Y ahí entra Bartoli. “Ella realmente cree en mí, y eso significa el mundo para mí. Ver a una campeona de Grand Slam tener esa fe ha hecho que yo crea mucho más en mí misma”.

Cuando empezaron a trabajar juntas, Dart estaba fuera del top 160. Ahora vive a un corto trayecto de su entrenadora en Dubái. Comparten bloques de entrenamiento allí cuando el calendario lo permite. Bartoli, con una familia joven y una agenda cargada, no la acompaña a tiempo completo por el circuito, pero se les ha visto juntas durante los Grand Slams, afinando detalles en los grandes escenarios.

Y hay otro matiz que Dart valora: a sus 42 años, Bartoli sigue pegándole “realmente bien” a la pelota en los entrenamientos. No es solo teoría; es ejemplo directo, a la velocidad real del circuito.

Un título forjado a distancia

En Guangzhou, Dart no tuvo a Bartoli en el box. La acompañaban su preparador físico, Dario Gonfiantini, y su pareja, Stephen Falck. Sin su entrenadora a pie de pista, le tocó interpretar el partido casi en solitario. Casi. Desde la distancia, Bartoli le enviaba notas, observaciones, ajustes.

El resultado: un salto enorme. Tras levantar el trofeo, Dart está proyectada a subir hasta el puesto 83 del mundo, coronando una segunda mitad de temporada brillante.

Los números hablan claro. Desde Wimbledon, ha ganado 19 de sus 24 partidos en pista dura a nivel WTA. En el global del año, suma 23 victorias en 34 encuentros en el circuito principal: el mejor porcentaje de triunfos de toda su carrera. No es un pico aislado; es consistencia.

“Más que nada, Marion es una gran persona. Se preocupa por mí primero como persona, y por mejorarme como tenista, por supuesto”, añadió Dart. “Ha sido invaluable y maravilloso que comparta sus experiencias para hacerme mejor. He aprendido mucho de ella y espero seguir aprendiendo. Ojalá podamos pasar más semanas juntas el año que viene”.

De las dudas a la respuesta en la pista

Dart ya había tocado la puerta de la élite. Este mismo 2024 alcanzó el número 70 del mundo, apoyada en una tercera ronda en Wimbledon y una segunda ronda en el US Open. Pero esa versión no terminaba de consolidarse: pasó buena parte de las dos últimas temporadas fuera del top 100.

Sus debilidades eran conocidas. Una segunda pelota lenta, que regalaba dobles faltas en momentos clave, se convirtió en objetivo de sus rivales. También su cabeza estuvo bajo examen: ¿sabía gestionar los puntos de presión? ¿Podía sostener el nivel cuando el partido ardía?

En Guangzhou, respondió con hechos. Encadenó victorias sufridas, partidos en los que tuvo que remontar, apretar los dientes y sostener su plan cuando el marcador se giraba en su contra. Nada de desplomes, nada de excusas. Solo resistencia.

“Siempre ha tenido una ética de trabajo fantástica y ha puesto el listón muy alto con su profesionalidad”, valoró Anne Keothavong, capitana del equipo femenino británico, en declaraciones a BBC Sport. “Pero ahora hay claramente más confianza y creencia. Está en un momento muy bueno”.

Keothavong conoce bien el recorrido. Ha visto a Dart “picar piedra” durante años, atravesar la zona gris del circuito, donde el brillo es escaso y el desgaste es enorme. “Ha estado luchando en el tour durante mucho tiempo y es genial ver que alguien que ha invertido tantas horas consiga un gran título”, añadió.

La capitana la incluyó en la convocatoria para las Billie Jean King Cup Finals de septiembre. No la eligió para jugar el cruce, pero se quedó con una sensación clara de esos días: la calidad de golpeo de Dart en los entrenamientos destacaba.

Ola británica en Asia

Esa versión se ha trasladado al circuito en las últimas semanas, en plena gira asiática de pista dura, donde el tenis británico femenino vive un tramo especialmente dulce.

Sonay Kartal alcanzó la final de un WTA 1000 en Wuhan. Katie Boulter se metió en semifinales de un WTA 250 en Osaka. Y ahora Dart irrumpe con su primer título WTA 250 en Guangzhou.

La cadena no se rompe en los escalones inferiores. La adolescente Hannah Klugman levantó el mayor trofeo de su corta carrera en el Wrexham Open, un W100 del circuito Challenger, la segunda categoría profesional.

“El rendimiento de todas hacia el final de la temporada, al nivel que sea, ha sido impresionante”, remarcó Keothavong. No es un periodo sencillo: las piernas pesan, los viajes se acumulan, la mente pide descanso. Aun así, las británicas han sabido exprimir las últimas semanas. “No es fácil en este momento del año porque se ha jugado mucho tenis, pero todas han sabido capitalizarlo y estar a la altura. Es una gran recompensa a su trabajo y una señal alentadora para el tenis británico”.

En medio de esa ola, la figura de Harriet Dart se recorta con un matiz especial. No es la adolescente prodigio ni la estrella consagrada. Es la trabajadora incansable que, a los 30, encuentra por fin un título que respalda años de insistencia y un cambio de mentalidad.

Con Marion Bartoli al otro lado del teléfono, un nuevo ranking a la vista y una confianza que por fin acompaña a su talento, la pregunta ya no es si Dart puede competir con las mejores. La cuestión es hasta dónde piensa llevar este impulso.