Hoeneß exige calidad en Stuttgart: ¿Inversión a la altura de la Champions?
Sebastian Hoeneß ha vuelto a encender las alarmas en el VfB Stuttgart. En pleno verano que debería oler a ilusión por la próxima Champions League, el técnico está lanzando mensajes muy claros hacia los despachos del club. Y esta vez no los disimula.
En la concentración en Grassau, rodeado de cámaras y micrófonos, Hoeneß fue directo al hablar del interés por Bilal El Khannouss: “El objetivo de un entrenador siempre debe ser mantener a los mejores jugadores. Billy es sin duda uno de nuestros mejores jugadores”. Una frase sencilla, pero con carga explosiva en un contexto en el que Stuttgart corre el riesgo de perder talento en lugar de blindarlo.
El discurso no se quedó ahí. Hoeneß amplió el foco y apuntó al gran escenario que se avecina: “Vamos a jugar una temporada de Champions League. Se trata de que también empecemos esta competición en una posición fuerte. Por eso tengo el deseo de que, en lugar de perder sustancia, añadamos sustancia”. No es una petición tímida. Es una exigencia.
Una Champions a la vuelta de la esquina y un técnico impaciente
El entrenador tiene muy claro el perfil de lo que reclama. Nada de apuestas a largo plazo, nada de proyectos que necesiten años de maduración: “Idealmente, potencial que no tenga que desarrollarse primero, sino que ya esté desbloqueado. Espero que todavía seamos activos. No queda mucho tiempo y gran parte de la pretemporada ya ha pasado. Por eso es grande el deseo de que logremos tener una plantilla fuerte para el inicio”.
La frase “no queda mucho tiempo” no es casual. Es un aviso. El reloj corre, la fase clave de preparación ya se escapa, y Hoeneß ve un riesgo evidente: llegar a la Champions con un equipo corto, especialmente arriba.
Hasta ahora, el director deportivo Fabian Wohlgemuth y el director general Alexander Wehrle han movido ficha con cuatro incorporaciones: Leo Sauer, Tim van der Leij, el portero Marius Funk y el centrocampista Grischa Prömel. Refuerzos útiles, sí. Pero insuficientes para un técnico que mira el frente de ataque y ve huecos demasiado grandes.
La necesidad de más pólvora ofensiva salta a la vista. Stuttgart sigue presionando por Dzenan Pejcinovic para el rol de nueve, el hombre referencia en el corazón del ataque. Sin embargo, las negociaciones con el VfL Wolfsburg por el traspaso se han atascado en el punto más delicado: el precio. El jugador gusta, el encaje deportivo es claro, pero el acuerdo económico se resiste.
Ecos del pasado: el caso Woltemade aún pesa
Todo este escenario tiene un déjà vu evidente. Hoeneß ya vivió algo parecido la temporada pasada. Entonces, su enfado por la configuración de la plantilla estalló tras la salida de Nick Woltemade rumbo al Newcastle United por una cifra récord de hasta 90 millones de euros.
La venta batió registros, pero no calmó al entrenador. Antes del partido en casa ante el Borussia Mönchengladbach, Hoeneß no maquilló su malestar: “El hecho es que es una pérdida amarga para nosotros. El verano pasado fijamos algunas cosas que queríamos implementar. Y tengo que decir muy claramente que, incluso antes de que Nick fuera traspasado ahora, aún no habíamos logrado implementar completamente esas cosas. La plantilla no está donde se pretendía que estuviera”.
Ni siquiera el ingreso histórico sirvió como consuelo. El técnico lo dejó cristalino: “Por supuesto que hay una situación financiera. Pero la responsabilidad deportiva recae en el entrenador”. Un dardo directo a la cúpula: el balance de cuentas no gana partidos, la profundidad y la calidad del vestuario sí.
La búsqueda de un sustituto para Woltemade se convirtió entonces en una pequeña odisea. El plan principal se llamaba Hyeon-Gyu Oh, delantero del KRC Genk. Todo parecía encaminado, pero el acuerdo se vino abajo en el tramo final. Tras horas de conversaciones, el reconocimiento médico sembró dudas en el VfB, y las diferencias en el precio terminaron por dinamitar la operación. Una operación larga, compleja y, al final, fallida.
El precedente de El Khannouss y Bouanani
Con el mercado a punto de cerrarse en el verano de 2025, Stuttgart reaccionó a la desesperada, pero con cierto acierto. Llegó Bilal El Khannouss cedido desde el Leicester City casi sobre la bocina, un movimiento que dio algo de aire al técnico. Un día antes ya se había cerrado el fichaje de Badredine Bouanani, procedente del OGC Nice por unos 15 millones de euros, para reforzar las bandas.
Esos dos movimientos sirvieron para apagar parcialmente el incendio. Pero no borraron la sensación de improvisación. Ni en el entorno, ni en el propio banquillo.
Hoy, Hoeneß vuelve a alzar la voz antes de que la historia se repita. Tiene una Champions League en el horizonte, una afición ilusionada y un vestuario que, a sus ojos, todavía no está a la altura del reto. Sus mensajes ya no son simples opiniones: suenan a ultimátum deportivo.
La pregunta ya no es si Stuttgart venderá caro en el mercado. La cuestión es otra: ¿estará dispuesto el club a invertir a la misma altura de la ambición de su entrenador antes de que la Champions exponga todas las carencias?






