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Ian Holloway enfrenta la presión: "Dead. Man. Walking."

Ian Holloway no se esconde. El técnico de Swindon mira a la tabla, repasa la enfermería y lanza una frase que retumba en todo el club: se siente como un “dead man walking” si el rumbo no cambia pronto.

Swindon es 12º en League Two, con solo tres victorias en ocho jornadas y sin ganar en los últimos tres partidos. Once puntos, sí, pero una sensación de freno de mano echado, sobre todo lejos de casa: ningún triunfo a domicilio en lo que va de curso.

Holloway, que asumió el banquillo hace casi dos años, no se parapeta en excusas, pero sí en la realidad. Y la realidad es brutal: 13 futbolistas fuera por lesión, prácticamente medio plantel inutilizable.

“Dead. Man. Walking. Así se siente, pero en el fondo sé mucho más que eso, ¿no?”, confesó en BBC Radio Wiltshire. “Sé lo que he hecho, sé dónde estoy, sé los problemas que tengo aquí. He intentado explicarlos abierta y honestamente a todo el mundo”.

Una enfermería desbordada

La lista de ausencias parece parte de una novela negra. El capitán Ollie Clarke, Matty Virtue y Paul Glatzel son los últimos en caer antes del viaje a Rochdale. Clarke “podría no jugar”, Virtue “no está en condiciones” y a Glatzel le han tenido que drenar la rodilla: descartado.

Y no son los únicos. Swindon ya estaba sin Joe Snowdon, Ryan Tafazolli, Ollie Palmer, Gavin Kilkenny, Jaylan Pearman, Harry Smith y Fletcher Holman. Mitch Clark sigue sancionado tras su expulsión ante York y Sam Inwood está concentrado con su selección.

Holloway lo resume con una frase que mezcla incredulidad y cansancio: nunca había visto una crisis de lesiones como esta.

El técnico se agarra a cualquier buena noticia, aunque sea mínima. “He dicho que Louis Millard está en forma: eso serían 13 fuera si Louis no está bien. Entrenó ayer y se le vio en forma, pero el hombro todavía le duele mucho. Si no está apto, entonces solo tendremos 15”, explicó. Quince jugadores para afrontar un partido de liga. El margen de maniobra es casi inexistente.

Sin red a domicilio y con presión al límite

El próximo examen llega el sábado, en el campo de Rochdale. Swindon viaja sin victorias como visitante y con la sensación de que cada desplazamiento pesa el doble.

Los números son claros: 11 puntos en total, 10 logrados en casa y solo uno fuera. La brecha entre el Swindon del County Ground y el que se presenta lejos de su estadio se ha convertido en una losa.

“Para que ellos tengan una oportunidad, madre mía, necesitamos que algo salga bien de inmediato”, admitió Holloway. No son palabras al aire: su propio futuro parece ligado a que esa reacción llegue ya.

El entrenador insiste en que el grupo necesita respaldo, dentro y fuera del club. “Si no sale, estaré animándolos y luego no estoy seguro de cuántos más lo harán. Creo que necesitan ayuda ahora mismo y eso es lo que intento hacer. Tengo que defender lo que creo que mi equipo necesita, merece y debería tener de todos modos”.

Entre la honestidad y el ultimátum

Holloway se disculpa por no haber ganado “cada partido”, pero recuerda que el contexto condiciona. El equipo quería muchos más puntos a estas alturas; la realidad les ha dejado en 11, con la sensación de que el margen de error se estrecha jornada a jornada.

No hay discurso edulcorado, ni promesas vacías. Solo un técnico veterano, con casi dos años de trabajo en el club, que ve cómo las lesiones, los resultados y la presión externa se cruzan en el peor momento.

Swindon viaja a Rochdale con la plantilla en cuadro, la confianza tocada y un entrenador que se define a sí mismo como un hombre sentenciado si no llega el giro de guion.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿tendrá este grupo fuerzas, y cuerpos sanos suficientes, para rescatar a su técnico antes de que la etiqueta de “dead man walking” deje de ser solo una frase y se convierta en su realidad?