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El impacto del dinero del Manchester City en el fútbol

El dinero corrió alrededor del fútbol. Engordó balances, levantó estadios, sostuvo proyectos. Hizo más ricos a muchos otros clubes. Impulsó plantillas en varias ligas y, sobre todo, alimentó la máquina de la Premier League.

Ese es, a grandes rasgos, el relato que han defendido quienes se han alineado con Manchester City desde que el dictamen de la comisión independiente declaró al club culpable de haber incumplido las normas financieras y se anunció el recurso. La tesis es sencilla: el fútbol, en su conjunto, salió ganando. Y, en particular, los clubes a los que el City pagó traspasos millonarios.

La comisión calcula que el club “infló” sus cuentas en más de 900 millones de libras. No todo ese dinero terminó en fichajes, ni mucho menos. Un club moderno paga salarios de jugadores y empleados, luz, seguros, mantenimiento de infraestructuras, comisiones comerciales y una larga lista de gastos.

Pero la cifra clave es otra: alrededor de 1.200 millones de libras gastadas en futbolistas entre 2009 y 2018, unos 900 millones de gasto neto. Nadie invirtió más en ese periodo. Ningún otro proyecto se apoyó con tanta fuerza en el mercado.

Ese despliegue fue decisivo para convertir al City en el club más exitoso de Inglaterra en la última década. Y, como concluyó la comisión, difícilmente habría alcanzado ese volumen sin haber vulnerado de forma consciente las reglas financieras.

La pregunta, entonces, es inevitable: ¿a dónde fue a parar realmente el dinero del City en el mercado de fichajes y qué dejó tras de sí?

El efecto dominó de los fichajes

Un traspaso no es solo la cifra que aparece en el titular. Detrás hay comisiones de agentes, honorarios legales, gastos administrativos, primas de fichaje y una red de intermediarios que vive en la sombra del gran negocio. El dinero que salió del Etihad durante la llamada “era del asterisco” se filtró por todos esos canales, difícil de rastrear hasta el último destinatario.

Lo que sí puede analizarse es la relación directa entre el City y el resto de clubes. Entre el verano de 2009 y el invierno de 2018, la lista de equipos que recibieron dinero del club inglés es larga y variada, ordenada de mayor a menor cantidad. Solo incluye operaciones por jugadores del primer equipo: nada de cesiones, canteranos o agentes libres.

El impacto de ese músculo financiero fue evidente. La disposición del City a pagar más en traspasos y salarios empujó al alza los precios para todos. Cada negociación se contaminó: cuando el mercado huele que un club tiene una montaña de efectivo, las pretensiones suben. Y tener una inyección de dinero no garantiza saber gastarla.

En muchos casos, los clubes que más cobraron del City no lograron transformar ese flujo en una mejora deportiva sostenida. Al contrario: algunos iniciaron un declive justo después de vender.

Wolfsburg, de De Bruyne al vértigo

El ejemplo de Wolfsburg es ilustrativo. El club alemán ingresó una cantidad enorme por Kevin De Bruyne en 2015. Con parte de ese dinero, se lanzó a por Julian Draxler, por aproximadamente la mitad del montante, además de reforzarse con otros nombres como Dante, un central veterano.

La pérdida de De Bruyne, cerebro y motor del equipo, resultó devastadora. Wolfsburg pasó de ser subcampeón de la Bundesliga a caer hasta la octava plaza. En las dos temporadas siguientes coqueteó con el abismo, evitando el descenso por márgenes mínimos.

El dinero llegó, sí. El nivel competitivo, en cambio, se desplomó.

Monaco, del pico europeo al susto del descenso

Tampoco Monaco salió indemne de su relación con el City. El club del Principado vendió en el mismo verano a Benjamin Mendy y Bernardo Silva rumbo a Manchester. Las piezas elegidas para tapar esos huecos fueron Terence Kongolo y Keita Baldé, entre otros.

El cambio fue brutal. De un equipo que había conquistado la Ligue 1 y se había plantado en las semifinales de la Champions League, Monaco pasó en menos de dos años a pelear por no bajar. Los recambios no estuvieron a la altura, el proyecto perdió brillo y el dinero del City no bastó para sostener la estructura que había maravillado a Europa.

Arsenal, mucho ingreso, poca pelea por la liga

El club al que el City compró más jugadores en ese periodo fue Arsenal, con cuatro operaciones. Aun así, el conjunto londinense nunca llegó a presentar una candidatura seria al título de la Premier League durante esos años.

Los ingresos por ventas al City no se tradujeron en una reconstrucción capaz de devolver al Arsenal a la élite competitiva del campeonato. El dinero cambió de manos; el poder deportivo, no.

Los que no cobraron… y se quedaron atrás

Hay otro ángulo incómodo en este debate: los clubes que no recibieron nada de ese flujo de dinero y compitieron contra rivales que sí lo hicieron.

En Portugal, por ejemplo, Manchester City pagó cantidades similares a Benfica y Porto en ese periodo. A Sporting, nada. El club lisboeta forma parte del histórico “gran” trío del país, pero entre 2009 y 2018 no ganó ni un solo título de liga.

Las causas son múltiples, estructurales y deportivas. Pero la pregunta flota en el aire: ¿hasta qué punto se inclinó la balanza porque sus dos grandes rivales directos se beneficiaron de un dinero que, de haberse respetado las reglas, quizá nunca habría existido en esos términos?

Las ganancias ocultas: cláusulas de reventa

El impacto del City no se limitó a los clubes con los que negoció directamente. Varias operaciones activaron cláusulas de reventa que repartieron el botín más allá del vendedor inmediato.

Cuando Raheem Sterling dejó Liverpool para fichar por el City en 2015, Queens Park Rangers ingresó alrededor de 9 millones de libras gracias a una cláusula acordada años antes. Una cifra enorme para un club de ese perfil.

Algo similar ocurrió con John Stones. Barnsley se llevó cerca de 7 millones de la cantidad que el City pagó a Everton en 2016. Y en 2009, cuando Joleon Lescott cambió Wolverhampton por Manchester, los Wolves recibieron aproximadamente 2,5 millones de libras como parte del acuerdo.

Para QPR y Barnsley, esos importes superaron de largo el valor de la mayoría de los traspasos de la English Football League en aquel momento. Supusieron un empujón financiero decisivo. De hecho, Barnsley no ha vuelto a vender a ningún jugador por una cifra superior a la que recibió por Stones.

Pero el dinero no garantizó el salto de categoría. QPR no ha regresado a la Premier League. Barnsley, tras dos temporadas en Championship, acabó cayendo a League One. La inyección económica no cambió su lugar en la jerarquía del fútbol inglés.

Un tapiz imposible de deshilachar

El gasto del Manchester City durante los años en los que, según la comisión independiente, vulneró las normas financieras, dejó una huella profunda. Impulsó su propia ascensión, alteró los planes de otros clubes en varios continentes y distorsionó la economía del fútbol.

Lo que ya no se puede hacer es deshacer ese tapiz. Demasiados partidos jugados, demasiados títulos levantados, demasiadas carreras marcadas por decisiones tomadas a la sombra de ese dinero. Las consecuencias directas e indirectas seguirán resonando durante años.

La cuestión, para el fútbol, es si está dispuesto a aceptar esas ondas expansivas como parte inevitable de su historia reciente… o si este caso será el punto de inflexión que cambie la forma de gastar, competir y ganar.