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Incidente en el túnel del Irlanda-Israel: UEFA abre investigación

La UEFA ha puesto el foco en lo que ocurrió lejos de los focos. No en el césped, sino en el túnel del TSC Arena de Backa Topola, donde el domingo, al descanso del empate 1-1 entre la República de Irlanda e Israel en la Nations League, se produjo el gran punto de fricción de una doble fecha ya marcada por la tensión política.

Un miembro del cuerpo técnico irlandés, el preparador físico Damien Doyle, denunció haber sido escupido cuando ambos equipos y cuerpos técnicos abandonaban el campo camino de los vestuarios. El choque verbal se desató en ese breve trayecto, en un estadio vacío, en un partido “en casa” jugado a puerta cerrada… y en territorio neutral, Serbia.

Investigación formal en marcha

La UEFA esperó primero a recibir los informes oficiales del encuentro. Ahora ya ha dado el siguiente paso: ha designado a un Inspector de Ética y Disciplina para investigar posibles conductas impropias de jugadores en relación con lo sucedido en torno al túnel durante el descanso del duelo de la fase de grupos de la UEFA Nations League 2027 entre la República de Irlanda e Israel, disputado el 4 de octubre de 2026 en Backa Topola.

El organismo continental ha confirmado que la investigación está abierta y que ofrecerá más información cuando avance el proceso. De momento, ningún nombre propio ha sido señalado de manera oficial.

Heimir Hallgrimsson, seleccionador irlandés, se negó a comentar el incidente en sus comparecencias posteriores al partido. Su homólogo israelí, Ran Ben Shimon, aseguró que no vio nada porque ya se encontraba dentro del vestuario cuando estalló el enfrentamiento.

Un empate en un clima enrarecido

Sobre el césped, el encuentro terminó con un 1-1 que dejó poco consuelo deportivo. Troy Parrott adelantó a Irlanda desde el punto de penalti en la primera parte, pero Israel igualó tras el descanso para silenciar un estadio ya de por sí mudo por la ausencia de público.

Era el segundo capítulo de una ventana internacional inflamable. Una semana antes, Irlanda había vencido 3-0 a Israel en Debrecen, Hungría, en otro partido envuelto en polémica.

Las presiones para que la República de Irlanda no disputara estos encuentros habían ido en aumento, en respuesta a las acciones israelíes en Gaza. El contexto político se coló de lleno en la concentración irlandesa.

Un informe de una comisión independiente de la ONU, publicado en septiembre del año anterior, concluyó que Israel ha cometido y continúa cometiendo genocidio contra la población palestina en Gaza. Las autoridades israelíes rechazaron de plano esas conclusiones. En ese ambiente, cada gesto en el campo adquirió un peso simbólico.

Decisiones de vestuario y gestos en el césped

El guardameta Gavin Bazunu decidió no participar en ninguno de los dos partidos. El resto de la plantilla irlandesa llevó la cuestión a voto la víspera del primer encuentro. Tras un debate intenso, el grupo optó por jugar.

Antes de la goleada en Hungría, Hallgrimsson dejó una frase que encendió todavía más el ambiente: “He dicho antes que no jugamos con el genocidio, jugamos contra el genocidio. Jugamos contra Israel, no jugamos con Israel”.

La reacción desde la Israel Football Association fue inmediata y furiosa. Calificó las palabras del seleccionador de “estupidez, ignorancia e hipocresía”. El asunto saltó al plano político en Irlanda cuando el Taoiseach, Micheál Martin, definió como “inaceptables” las críticas del organismo israelí hacia Hallgrimsson.

En el propio juego aparecieron más episodios de tensión. Jayson Molumby pidió al árbitro Harms Osmers y al cuarto oficial Florian Exner que escucharan presuntos cánticos de mono dirigidos a Adam Idah por parte del pequeño grupo de aficionados presentes.

En ambos encuentros, los jugadores irlandeses saltaron al campo con brazaletes negros, en recuerdo de “todas las vidas perdidas en el conflicto”. Durante el himno israelí, bajaron la cabeza. No hubo saludo entre los futbolistas tras las alineaciones, ni entre los capitanes: primero Dara O’Shea y Manor Solomon en Debrecen, después Caoimhín Kelleher y Dor Peretz en Serbia. Cada protocolo habitual se convirtió en un mensaje.

Palabras cruzadas y una rivalidad que trasciende el marcador

Tras el 3-0 encajado ante el equipo de Hallgrimsson en Hungría, Manor Solomon, jugador del West Ham, apuntó directamente a sus rivales antes del segundo partido.

“Ellos (los jugadores irlandeses) no me interesan. Tenemos un país diez veces mejor que el suyo, más fuerte, un país increíble con gente increíble. Estamos orgullosos de llevar la camiseta de la selección y de ser israelíes. Estamos orgullosos de nuestro Estado y de nuestros soldados”, declaró.

No se quedó ahí. “Pueden hacer todos sus trucos. Somos israelíes y amamos el país. Y eso siempre será así. Si digo lo que pienso de ellos, probablemente me suspendan varios partidos. Obviamente nos odian. Nosotros no los queremos”.

En ese clima se jugó el 1-1 de Backa Topola, con una batalla futbolística condicionada por un conflicto que va mucho más allá del área técnica.

La UEFA ya ha movido ficha con su investigación disciplinaria. La pregunta, ahora, es cuánto tiempo podrá el fútbol sostener partidos como este sin que el balón quede definitivamente sepultado bajo el peso de la política y la tensión internacional.