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Irlanda del Norte triunfa en Tbilisi: victoria histórica y polémica arbitral

La noche en Tbilisi lo tuvo todo para Irlanda del Norte: un penalti parado, un héroe en el minuto 99, una lesión importante… y un seleccionador al borde de la incredulidad por el arbitraje de Orel Grinfeeld.

Ganaron 1-0 a Georgia, lograron su primera victoria a domicilio en la Nations League y firmaron un final de partido de esos que dejan huella. Pero Michael O’Neill salió del estadio con una mezcla extraña: orgullo absoluto por sus jugadores y enfado evidente con las decisiones arbitrales.

Un partido gris que estalló después del descanso

El primer tiempo fue espeso, sin ritmo, sin filo. Dos equipos cautos, pocas llegadas claras y un encuentro que parecía destinado a decidirse por un detalle aislado.

Ese detalle, sin embargo, no fue uno solo. La segunda parte se desató.

Georgia creció cuando logró meter a Khvicha Kvaratskhelia en el partido. El extremo de Paris St-Germain empezó a recibir más balones, a encarar, a provocar. Irlanda del Norte se vio obligada a replegar, a defender bajo y a tirar de carácter. Ahí empezó la resistencia que tanto elogió O’Neill.

“En la segunda parte tuvimos que mostrar mucha resiliencia”, dijo a BBC Sport NI. No sólo frente a un rival que apretó, sino frente a lo que él consideró una cadena de decisiones arbitrales en contra.

El penalti de Ballard y la parada de Pierce Charles

El primer gran estallido llegó en el minuto 65. Centro al área, Daniel Ballard salta a disputar el balón con Luka Lochoshvili, el juego continúa… hasta que entra el VAR. Revisión. Y penalti contra Irlanda del Norte.

Para O’Neill, una decisión incomprensible. “No he visto aún la jugada, pero me pareció increíblemente duro pitar penalti por eso. El rival estaba lejos del balón para cabecearlo”, explicó después. La sensación en el banquillo norirlandés era de sorpresa y enfado.

Desde los once metros, Kvaratskhelia. Frente a él, Pierce Charles. Duelo de máxima tensión.

Ganó el portero.

Pierce adivinó la intención del capitán georgiano y detuvo el lanzamiento, una parada que cambió por completo el pulso emocional del partido. De la posible desventaja a una inyección de fe. Irlanda del Norte sobrevivía y, sobre todo, empezaba a creer que la noche podía ser suya.

Un penalti negado y una falta ignorada

El partido se volvió eléctrico. Irlanda del Norte, lejos de encogerse, buscó su momento. Y lo rozó en el 88’, cuando Shea Charles cayó en el área en una acción que desató la protesta inmediata de los visitantes. Nada. El árbitro dejó seguir.

“Nos sentimos agraviados por no recibir uno en el otro área”, lamentó O’Neill. La sensación de vara de medir distinta se instaló definitivamente en el banquillo visitante.

No fue la última acción polémica. Ya en el tramo final, Ceadach O’Neill —que con su tercera internacionalidad queda ligado a Irlanda del Norte durante los próximos tres años— fue derribado en una acción que el seleccionador consideró falta clara. Grinfeeld no pitó nada.

La jugada siguió, Georgia salió al contragolpe y, en esa carrera hacia atrás, llegó el golpe más amargo de la noche: la lesión de Ballard. El central del Sunderland se frenó en seco, mano al muslo, gesto inequívoco. Hamstring. O’Neill lo confirmó después: se pierde los próximos tres partidos de la ventana internacional, ante Hungría, Ucrania y de nuevo Georgia.

“El derribo a Ceadach cuando entra al campo provoca que Dan se lesione”, apuntó el técnico, visiblemente molesto. “Estaba desconcertado por la calidad del arbitraje”.

Un final de locura y un héroe en el 99’

Con todo en contra, Irlanda del Norte se negó a aceptar el empate. Había sufrido, había aguantado, había visto cómo le negaban un penalti y perdía a un pilar defensivo. Pero siguió.

Y la recompensa llegó al límite.

Minuto 99. Últimos latidos del partido. Shea Charles apareció para firmar el 0-1 y desatar la euforia. Un gol que no sólo daba tres puntos; entregaba la primera victoria como visitante en la historia del equipo en la Nations League. Un pequeño hito en un torneo que no siempre había traído buenas noticias.

O’Neill no escatimó elogios: sus jugadores fueron “magníficos” y el equipo “mostró cada faceta de nuestro carácter esta noche”. Lo habían hecho todo: sufrir, defender bajo, levantarse tras un penalti en contra, seguir atacando cuando el cuerpo pedía conservar el punto.

No fue una victoria limpia ni tranquila. Fue una victoria con cicatrices, con polémica, con una baja importante y con un seleccionador que, pese a la alegría, no escondió su enfado: “Estaba realmente decepcionado con cómo se arbitró el partido”.

Irlanda del Norte se marcha de Tbilisi con tres puntos históricos, un portero héroe, un centrocampista decisivo en el descuento y un central clave fuera de combate. La pregunta es sencilla y brutal: ¿cuánto costará, a medio plazo, esta noche que ya es parte de la memoria reciente del equipo?

Irlanda del Norte triunfa en Tbilisi: victoria histórica y polémica arbitral