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James McClean y su futuro en Derry City: "Yo decidiré cuándo me retiro"

James McClean ha pasado de ser el hijo pródigo que volvía a casa a convertirse en el epicentro de una tormenta que sacude a Derry City. El veterano centrocampista, icono de la selección de la República de Irlanda, ha denunciado públicamente lo que califica como un intento “incomprensible” del club de rescindir su contrato, y ha dejado un mensaje cristalino: su retirada del fútbol no la marcará ningún despacho.

El jugador, de 35 años, rompió su silencio a través de un comunicado difundido por la PFA Ireland, en el que mezcla disculpas, reproches y una firme defensa de sus derechos como profesional.

Del regreso soñado al conflicto abierto

McClean regresó en enero a su ciudad natal procedente de Wrexham. Volvía para cerrar el círculo, para liderar en el césped y, según él mismo explica, también para ayudar a profesionalizar el club a largo plazo. No fue un simple cambio de equipo: “Arranqué a mi familia a mitad de curso escolar”, recuerda en su texto, subrayando el compromiso personal con el proyecto que le presentaron.

Ese sueño se ha ido agrietando con rapidez. El internacional no forma parte de una convocatoria oficial desde la derrota de Derry City ante Rijeka en la Conference League a principios de julio. Desde entonces, nada de minutos. Ni siquiera presencia en el banquillo.

Tras el despido de Tiernan Lynch como entrenador en agosto, comenzaron a circular informaciones que apuntaban a que el club intentaba activar una cláusula de rescisión amparándose en supuestos problemas físicos persistentes del jugador. La versión que ahora respalda la PFAI es contundente: Derry habría tratado de acogerse a un apartado del Standard Players Contract que permite terminar un vínculo con seis meses de preaviso cuando se considera que el futbolista sufre una “incapacidad permanente”.

Derry City, de momento, guarda silencio. No ha respondido a las consultas sobre la situación contractual del centrocampista y McClean sigue sin contar para el técnico interino, Mark Connolly.

Disculpa pública… pero sin bajar la cabeza

Antes de entrar en el núcleo del conflicto, McClean se detiene en otro frente. El de sus propias palabras. El jugador había sido especialmente crítico con el funcionamiento del club durante la etapa de Lynch, sin mencionarlo directamente, pero dejando claro su descontento con la gestión interna.

En su comunicado admite que se equivocó en las formas: reconoce que parte de esas críticas “mal juzgadas” debieron quedarse “en casa” y ofrece una disculpa pública. “Asumo la responsabilidad”, escribe. “Derry City es mi club y respeto a todos los que lo sienten tanto como yo”.

Ahí se acaba la concesión. A partir de ese punto, el tono cambia. McClean insiste en que, aunque esté dispuesto a aceptar sus errores y a someterse al juicio sobre su rendimiento, no puede “entender ni aceptar” el trato recibido en los últimos meses.

La cláusula, las lesiones y el límite del cuerpo

El corazón del conflicto está en esa etiqueta de “incapacidad permanente” que, según la PFAI, el club habría intentado utilizar. McClean la considera un abuso. “Para cualquier club, creer que está bien intentar rescindir el contrato de un jugador sin el debido proceso ni una causa justa es incomprensible, y marca un precedente peligroso para todos los futbolistas de esta liga”, advierte.

El propio jugador no esconde su realidad física. Firmó por Derry con 37 años en el horizonte y sabe que el cuerpo ya no responde como a los 25. “Es bien aceptado que cualquier jugador de esa edad tendrá problemas de lesiones ocasionales”, admite. Pero ahí traza una línea roja: “No estoy permanentemente incapacitado, ni nada siquiera remotamente parecido”.

McClean insiste en que puede seguir compitiendo en la League of Ireland. Afirma que entrena “tan duro” y aporta “tanto como cualquiera”, y lanza el mensaje que más escuece en el contexto de un intento de rescisión por motivos médicos: está “listo para jugar cuando se le requiera”.

“Esta decisión es mía”

La frase que quedará de este comunicado es simple, casi desafiante: “Yo decidiré cuándo me retiro. Nadie más tomará esa decisión por mí”. Para un futbolista que ha superado el centenar de internacionalidades y ha pasado por algunas de las ligas más exigentes de Europa, se trata de algo más que orgullo: es una defensa de su trayectoria y de su dignidad profesional.

McClean recuerda que su cuerpo, y no una cláusula contractual, marcará el final de su carrera. Reclama “el mismo deber de cuidado y la misma justicia” que, según él, se concede “a la mayoría de los demás jugadores en Derry City FC”.

Mientras tanto, su nombre sigue fuera de las listas. Connolly, preguntado recientemente por la ausencia del veterano, se limitó a remarcar que McClean estaba entrenando, pero que habían decidido mantener el mismo bloque en las últimas semanas. “En este momento, es donde estamos”, explicó el técnico interino, sin entrar en el fondo del asunto.

Un silencio incómodo antes de una semifinal

El caso estalla en una semana clave para el club. Representantes de Derry City comparecerán ante los medios en las próximas horas en un acto ya programado antes de la semifinal de la Club Orange FAI Cup ante Galway United, el sábado. El contexto ha cambiado por completo. La previa de un partido que puede llevar al equipo a una final de copa se verá inevitablemente teñida por las preguntas sobre McClean, su contrato y la posición oficial del club.

En el vestuario, el ruido es ineludible. Fuera, la afición asiste a un choque de trenes entre uno de sus jugadores más emblemáticos y una directiva que, por ahora, opta por no responder. Dentro del fútbol irlandés, el caso se observa con atención: si un club logra abrir la puerta a una rescisión por “incapacidad permanente” en un jugador que asegura estar en condiciones de competir, el impacto puede sentirse mucho más allá de Derry.

McClean ya ha movido ficha y ha dejado claro que no piensa irse en silencio. Ahora le toca hablar a Derry City. Y, después, decidirá el césped… si es que vuelven a dejarle pisarlo.