El juicio de Ahmed Shoubir sobre el error de su hijo Mostafa
En Egipto, el apellido Shoubir pesa. Bajo palos, todavía más. Por eso, el fallo de Mostafa Shoubir ante Sudáfrica no fue una simple anécdota de un amistoso más en fecha FIFA: se convirtió en tema nacional. Y, quizá lo más duro para el joven guardameta de la selección, en motivo de análisis público por parte de su propio padre, el histórico portero de Al Ahly, Ahmed Shoubir.
El partido terminó 1-0 para Sudáfrica. El marcador se explica en una sola escena. Balón largo a la espalda de la defensa egipcia, Mostafa sale disparado de su área, decide jugar muy lejos de la zona de seguridad del portero y se lanza a por la pelota. Llega, pero no la toca. La falla por completo. El esférico queda muerto y Bongokuhle Hlongwane no perdona: controla y define con calma. Egipto, castigado por un error grosero en la acción más sencilla de la tarde.
En el programa “Al-Nazer”, emitido por “Al-Nahar Channel”, Ahmed Shoubir no esquivó el tema ni protegió a su hijo con palabras blandas. Al contrario, fue directo: “Sudáfrica marcó un gol a partir de un error grave del guardameta Mostafa Shoubir”, afirmó, poniendo nombre y apellido al responsable de la jugada.
Después, tiró de memoria y de escuela. Recordó las lecciones de Mahmoud El-Gohary, referencia absoluta en el fútbol egipcio: “Mahmoud El-Gohary siempre nos enseñó que el portero es como un piloto, no tienes nada que ver con el regate. Tomas el balón por encima del atacante”. La comparación fue tan gráfica como contundente. El portero, para El-Gohary, no está para adornarse, está para decidir bien en el segundo exacto.
Según Ahmed, su hijo se alejó de ese manual. “Hubo un exceso de confianza por parte de Mostafa Shoubir”, añadió. Esa confianza mal entendida se vio en el detalle que cambió el partido: “Mostafa quiso regatear a su rival después de recibir el balón, y ese no es el trabajo del portero. Eso pertenece solo a los defensas y a otros jugadores”.
No fue una crítica al estilo de juego moderno del guardameta, sino una llamada de atención a la gestión del riesgo. En una selección que aspira a dominar África, un error así no se tolera fácilmente, y menos cuando Egipto venía de una ventana internacional con sensaciones mezcladas.
En septiembre, la selección egipcia disputó dos partidos de clasificación para la Copa Africana de Naciones 2027. Primero, un empate sin goles ante Angola en El Cairo, un resultado que dejó dudas sobre la capacidad del equipo para abrir defensas cerradas. Después, una reacción contundente: 5-0 frente a Sudán del Sur en el Juba Stadium, una goleada que devolvió confianza y mostró el potencial ofensivo del grupo.
En ese contexto, la derrota 1-0 frente a Sudáfrica, marcada por el fallo de Mostafa, llegó como un frenazo brusco. No por la importancia del resultado en sí, sino por la forma. Un equipo que quiere mandar en el continente no puede regalar goles de esa manera.
Ahmed Shoubir, sin embargo, no se quedó solo en la crítica. Cerró su análisis con una puerta abierta al futuro: “Quizá Mostafa haya aprendido la lección, porque el exceso de confianza a veces nos lleva a estos resultados, y esto da una lección para los próximos partidos”. No hubo excusas, pero sí un mensaje: el error, si se asume, puede convertirse en punto de partida.
El apellido Shoubir seguirá bajo el microscopio. El padre lo sabe mejor que nadie. Ahora le toca al hijo demostrar si este tropiezo será una mancha permanente en su archivo o el momento exacto en que empezó a comportarse como el portero que Egipto necesita.






