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Juventus logra remontar en el descuento ante Conceicao

Juventus salió de España con algo más que tres puntos. Se llevó una remontada en el descuento, un pleno en la Europa League… y un pequeño incendio en el banquillo que el propio protagonista se apresuró a sofocar.

El 2-1 final llegó con suspense. El equipo italiano se marchó al descanso perdiendo 1-0 tras el gol de Hugo Alvarez y con la sensación de ir siempre un segundo por detrás: tarde al balón, tarde al choque, tarde a las carreras. La reacción no apareció hasta la segunda parte, empujada por una charla encendida de Luciano Spalletti en el vestuario. De esas que cambian el tono de una noche europea.

Nick Woltemade igualó el partido y encendió de nuevo a la Juventus. El dominio se hizo territorial, las llegadas se multiplicaron y el rival se metió cada vez más atrás. La presión terminó por romper la puerta ya en el tiempo añadido, cuando Randal Kolo Muani cazó el gol de la victoria y mantuvo inmaculado el recorrido de los bianconeri en la competición.

Pero mientras el equipo celebraba el vuelco al marcador, las miradas se desviaban hacia la banda.

El puñetazo, el túnel y la polémica

Sérgio Conceicao, internacional portugués y uno de los talentos jóvenes del plantel, fue sustituido en el minuto 70, justo después del empate de Woltemade. La decisión no le sentó bien. Según informó La Gazzetta dello Sport, el extremo de 23 años descargó su frustración con un puñetazo en la zona del banquillo y llegó a enzarzarse con un miembro del cuerpo técnico de Spalletti, antes de marcharse directo por el túnel hacia el vestuario.

Las imágenes y los primeros testimonios desataron de inmediato el rumor: malestar en el vestuario, choque con el staff, posible grieta en el grupo justo cuando el equipo empezaba a carburar en Europa.

Conceicao no tardó en salir al paso. Ante los micrófonos de Sky Sport Italia, el atacante negó cualquier enfrentamiento con el cuerpo técnico y pidió frenar la bola de nieve antes de que tomara velocidad.

Quiso dejar claro que el gesto iba contra sí mismo, no contra el banquillo. Explicó que golpeó el área donde se sienta, que no hubo intercambio de palabras con nadie del staff y que se marchó al vestuario solo para cambiarse la camiseta, pasar por el baño y regresar al cabo de unos minutos. Un intento evidente de cortar de raíz la narrativa de conflicto interno.

El mensaje de Spalletti: enfado, sí, pero con uno mismo

Luciano Spalletti también abordó el episodio después del partido. No lo dramatizó, pero sí marcó el límite. El técnico subrayó que, si Conceicao tiene motivos para estar enfadado, deberían ser con su propia actuación.

El entrenador recordó que el cambio llegó en el minuto 70, con otro partido de Europa League ya asomando en el calendario en pocos días. Dejó caer que, si hubiera existido realmente una actitud equivocada y su staff se la hubiera confirmado, el asunto se trataría puertas adentro, con el jugador explicando su versión y el club intentando encauzar la situación.

El mensaje fue nítido: la frustración se admite, incluso se exige, pero debe dirigirse hacia el rendimiento propio, no hacia quienes toman decisiones en el banquillo.

De la bronca al impulso: la segunda parte que lo cambió todo

Lejos del foco del incidente, Conceicao quiso centrar la conversación en lo deportivo. Y ahí, la Juventus sí tuvo motivos para sacar pecho. El descanso llegó con 1-0 en contra y una sensación de apatía que encendió a Spalletti en el vestuario. El técnico, según relató el propio jugador, fue directo: jugando así, siempre tarde a cada acción, no había forma de ganar.

La respuesta del equipo fue contundente. La Juventus adelantó líneas, mordió más arriba, ajustó tiempos y empezó a parecerse al conjunto que se ve durante la semana en el entrenamiento. Dos goles y varias ocasiones claras después, el resultado dio la razón al entrenador y al discurso que bajó de la pizarra al césped.

Conceicao subrayó precisamente eso: la capacidad del grupo para transformar la crítica en reacción, para trasladar al partido el fútbol que trabajan a diario. Una segunda parte que, más allá de los tres puntos, refuerza la idea de un equipo capaz de cambiar de piel sobre la marcha.

Lazio en el horizonte y una vara de medir

La noche europea deja un rastro doble: un pleno de victorias y una gestión interna que, por ahora, parece controlada. El calendario, sin embargo, no da tregua. Llega Lazio, en plena forma en la competición doméstica, como próximo examen de carácter.

Juventus afrontará ese duelo con la inercia de una remontada europea y con la obligación de trasladar esa energía a la liga. Conceicao lo sabe y lo verbalizó: el objetivo es “estar ahí arriba en la tabla” y sumar otros tres puntos de peso ante un rival lanzado.

El foco se desplaza ya hacia ese choque. La reacción de la segunda parte en Europa ha marcado el listón. Ahora la pregunta es sencilla y, al mismo tiempo, decisiva: ¿podrá este Juventus sostener ese nivel cuando los puntos ya no solo valgan para el grupo de la Europa League, sino para definir el verdadero techo de su temporada?