Logotipo completo Alargue Final

Lionel Messi se despide de la selección argentina: un adiós emotivo

Lionel Messi se despidió de Argentina como siempre jugó: dueño de la escena, del balón y de las emociones. A los 39 años, cerró una carrera internacional de 21 temporadas guiando a la Albiceleste a un contundente 3-0 sobre la modesta Benín, número 93 del ranking, en un Estadio Monumental convertido en santuario.

No fue un trámite. Fue un adiós.

Una última función a la altura del mito


La ejecución fue fría, quirúrgica. El festejo, en cambio, lo dijo todo. Brazos al cielo, mirada perdida entre lágrimas y gritos, rodeado por compañeros que sabían que ese disparo cerraba una era.

El Monumental rugió como en las grandes citas. Esta vez no había una final en juego, ni un título pendiente. Había algo más íntimo: la despedida definitiva del futbolista que cambió la dimensión de la camiseta argentina.

El eco de Ronaldinho

Lejos de Buenos Aires, otro genio seguía la escena. Ronaldinho, el hombre que arropó a un Messi adolescente en Barcelona, no tardó en volcarse en redes para rendirle homenaje.

El brasileño habló desde la memoria compartida y el orgullo. Recordó el privilegio de haberlo visto crecer desde el primer día, la alegría que el argentino regaló al fútbol y el peso de un nombre ya grabado en la historia de su país y del planeta.

El campeón del mundo en 2002 fue más allá del elogio fácil. Subrayó la presión descomunal que acompañó a Messi cada vez que se enfundó la camiseta albiceleste, esa exigencia permanente de convertir talento en títulos, de transformar expectativas en copas. Y reconoció el esfuerzo total del rosarino por responder siempre a esa llamada.

En su mensaje también se coló la vida fuera del césped. Ronaldinho habló de familia, de decisiones que se replantean cuando el cuerpo acusa el desgaste y los años pesan distinto. Le dejó un consejo sencillo, casi fraternal: disfrutar, bajar el ritmo, priorizar a los suyos.

Un Monumental en silencio ante un “gracias”

Cuando sonó el pitido final, el ruido se transformó en emoción cruda. Messi, con los ojos vidriosos, tomó el micrófono ante un estadio lleno que entendía que ya no habría otra noche igual.

Lo primero fue para su padre, Jorge, fallecido en agosto a los 68 años. No hizo falta extenderse: bastó con nombrarlo para que la tribuna sintiera el golpe. El capitán dedicó ese último partido a su figura, a esa presencia que lo acompañó desde los potreros hasta la cima del mundo.

Después, el agradecimiento. Veinte años con la camiseta de Argentina, resumidos en unas pocas frases. Habló de lucha, de insistencia, de un deseo inagotable por estar siempre ahí, disponible, competitivo, dispuesto a volver una y otra vez incluso cuando las frustraciones parecían empujarle hacia la puerta de salida.

También admitió el dolor. No volver, dijo, será una pena enorme. Confesó que le gustaría regresar para siempre, porque jugar en su país es, para él, “lo más maravilloso que te puede pasar”. No sonó a tópico. Sonó a despedida que duele.

Un nuevo Messi, sin fechas FIFA

Con este partido, se cierra de forma oficial su etapa con la selección. A partir de ahora, toda su energía competitiva quedará concentrada en Inter Miami, lejos de las ventanas internacionales, de los viajes interminables y del calendario asfixiante que lo acompañó durante dos décadas.

La decisión no sólo responde a la edad. Es una estrategia de supervivencia. Gestionar mejor el físico, dosificar esfuerzos, estirar la carrera un poco más. El campeón del mundo en 2022 y doble ganador de la Copa América elige un final más administrado, menos voraz, pero no por ello menos intenso.

En paralelo, se abre una vida con más huecos para lo que siempre quedó en segundo plano: la familia. Esos parones que antes significaban concentración, vuelos y presión, ahora serán tiempo en casa. Justo lo que Ronaldinho le señalaba en su despedida: el derecho a vivir sin el reloj del fútbol marcando cada paso.

La selección argentina pierde a su faro, pero se queda con algo irrepetible: la certeza de haber visto a su número 10 despedirse en su casa, con el estadio rendido, un penalti histórico y un último mensaje que sonó a promesa íntima más que a discurso público.

Porque Messi se va de la Albiceleste. Pero la pregunta ya no es qué más podía darle a su país. La verdadera incógnita es cuánto tardará el fútbol en volver a ver algo parecido.