El Liverpool de Iraola enfrenta alarmas tras dos derrotas
Al Liverpool de Andoni Iraola se le está acabando el margen de error antes incluso de que ruede el balón en la Premier League. Dos amistosos consecutivos, dos veces por delante 2-0, dos derrotas. Primero en Chicago ante Leeds (4-2). Después, en Anfield frente a Monaco (3-2). El patrón ya preocupa.
En Estados Unidos, el técnico español se aferró al lado positivo. Aseguró que aquel 4-2 ante Leeds le había servido porque había “aprendido muchas cosas” de su equipo. Menos diplomático sonó en Anfield, dos semanas antes del estreno liguero. Tras el 3-2 encajado ante Monaco, su veredicto fue mucho más crudo: hay “trabajo por hacer” y el equipo no sostiene todavía el nivel que él exige durante los 90 minutos.
Media hora brillante… y un desplome conocido
Lo paradójico es que el nuevo Liverpool ya ha enseñado una cara seductora. La primera parte frente a Leeds y los primeros 30 minutos ante Monaco han sido, con diferencia, lo mejor de la pretemporada. Circulación rápida, ataques directos, presión agresiva, un equipo que muerde arriba. Florian Wirtz y Alexander Isak, muy finos en esas fases, han encarnado bien esa idea de un Liverpool vertical y punzante.
Pero la película cambia en cuanto empiezan las rotaciones. Ante Leeds, Iraola realizó nueve cambios. Frente a Monaco, once. Y el equipo se desfiguró. De contender serio pasó a ser vulnerable. Leeds le hizo cuatro goles en 25 minutos sin respuesta. Monaco, tres tantos en 44 minutos. Dos remontadas calcadas en su estructura: el Liverpool se apaga físicamente y se descompone tácticamente.
Iraola lo resumió con una frase que golpea: el equipo jugó “una buena primera media hora”, pero “no tiene mucho más, en cuanto a los niveles requeridos para jugar así”. El mensaje es directo. La idea está clara, el cuerpo aún no aguanta.
Un plan exigente para un vestuario al límite
Hay contexto. Parte de la plantilla todavía persigue su mejor forma tras el parón posterior al Mundial. Otros ni siquiera están disponibles: Conor Bradley, Hugo Ekitike y Giovanni Leoni afrontan lesiones de larga duración. El fondo de armario se resiente y se nota en cuanto el técnico mira al banquillo.
En paralelo, el club ultima la llegada de Ronald Araujo, cedido por Barcelona para una temporada. Un defensor capaz de actuar como central y lateral derecho, pieza valiosa para un entrenador que quiere agresividad, duelos individuales y líneas muy adelantadas. El propio capitán, Virgil van Dijk, dejó claro que el vestuario espera refuerzos: “Cualquier calidad que podamos añadir al equipo será bienvenida, así que ya veremos qué traen las próximas semanas”, dijo el neerlandés el domingo.
Aun así, Iraola no esconde el diagnóstico: con lo que tiene ahora, el nivel físico debe subir si el equipo quiere sostener su estilo. No hay plan B de control pausado. Solo hay un plan A muy exigente. Para reforzarlo, uno de sus hombres de confianza, Pablo de la Torre, ha aterrizado también en Liverpool tras ser el preparador físico en Bournemouth.
Entrenamientos al límite y una idea innegociable
El rastro de Iraola ya se ve en los datos y en el césped. En Bournemouth, su equipo terminó la pasada Premier League como el mejor en ataques directos y el tercero en recuperaciones altas. Su fútbol no especula. Ataca rápido, roba arriba, obliga al rival a vivir incómodo. Eso mismo intenta trasladar ahora a Anfield.
En esta pretemporada, el Liverpool arranca los partidos a un ritmo frenético. En los primeros tramos se ve un equipo “ocupado”, hiperactivo, que presiona con rabia. En la sesión abierta en Chicago, el técnico no paró de repetir “más rápido, más rápido”. El mensaje es casi obsesivo: intensidad o nada.
El vestuario lo está notando. Un jugador confesó a la BBC que llegó a sentirse mareado tras los primeros entrenamientos. La penitencia para los perdedores en las tareas es clara: esprintar hasta el otro extremo del campo y volver. Nada de castigos simbólicos, el cuerpo paga cada error.
Milos Kerkez lo explicó sin rodeos en Chicago: Iraola les pide “jugar uno contra uno por todo el campo, presionar alto y estar siempre en la parte delantera”. Es un fútbol que seduce al aficionado, pero que exige un punto físico y mental que el equipo, por ahora, solo alcanza durante tramos cortos.
El recuerdo de Bournemouth y el reloj de Anfield
La historia dice que Iraola necesita tiempo. En Bournemouth tardó diez partidos en lograr su primera victoria en Premier League en la 2023-24. El club le sostuvo, él mantuvo su idea y el equipo acabó firmando un curso notable. Ese precedente explica por qué el entrenador no se mueve un milímetro de su plan.
Pero esto es Liverpool. Ese arranque de diez jornadas sin ganar sería inasumible en Anfield. El margen de paciencia es otro, la lupa es más dura, la exigencia, descomunal. La apuesta por Iraola implica aceptar un periodo de transición, sí, pero no a cualquier precio.
El propio técnico lo admitió en Chicago: le gustaría que todo encajara “desde el primer día”, que el equipo fuera perfecto de inmediato, pero sabe que no será así. Su reto es comprimir ese proceso al máximo: “Tendremos que hacerlo lo más rápido posible”, advirtió.
Ahí está la cuestión. El plan es atractivo, los primeros 30 minutos de cada amistoso lo confirman. El problema llega en los otros 60. Si Liverpool no consigue que el cuerpo aguante el ritmo que le pide la cabeza de Iraola, el espectáculo puede convertirse en una montaña rusa peligrosa. Y en la Premier, las caídas no suelen perdonar.






