Logotipo completo Alargue Final

Liverpool y su nueva estrategia en la cantera global

Liverpool ha gastado más de 300 millones de libras en dos veranos en nombres rutilantes como Florian Wirtz, Alexander Isak y Bradley Barcola. Fichajes de escaparate, de portada. Pero dentro del club la conversación va por otro lado: tras vender una parte importante de su talento joven el verano pasado, el foco vuelve a estar en lo que siempre sostuvo al proyecto moderno de Anfield: la fábrica.

Desde 2020, el club ha ingresado más de 230 millones de libras vendiendo futbolistas que pasaron por sus categorías inferiores. No es un detalle menor, es el corazón del modelo autosuficiente de Fenway Sports Group: formar, proyectar, vender bien y reinvertir. En un mercado inglés encarecido por el Brexit, esa rueda ya no es solo una ventaja competitiva; es una necesidad.

El Brexit encarece al talento inglés y empuja a Liverpool al mundo

El cambio de reglas lo ha alterado todo. La normativa FIFA solo permite transferencias internacionales de jugadores mayores de 18 años. Y desde el Brexit, los clubes de la Premier League ya no pueden fichar menores de 18 años procedentes de países europeos. Resultado: el talento inglés joven tiene “prima”. Y es alta.

Ahí entra en juego el departamento de talento global de Liverpool, dirigido desde el invierno de 2024 por Matt Newberry. Su misión es clara: identificar, antes que nadie, a los jóvenes que pueden llegar a Anfield… y quedarse.

Su equipo trabaja con una red de contactos extendida por todo el planeta, con ojeadores regionales dedicados y una estrategia mucho más agresiva que en el pasado. La presencia de Julian Ward como nuevo director deportivo, conocido por su red internacional, facilita el movimiento. El club ya no espera a que el talento llame a la puerta; va a buscarlo.

Alex Inglethorpe, director de la Academy, lo resume con una idea que marca la pauta interna: cualquier jugador que llega, llega con la intención de ser de primer equipo. No de relleno, no solo para completar entrenamientos. La puerta, al menos en teoría, está entreabierta para todos.

De Sandiara a Anfield: la historia de Mor Talla Ndiaye

En ese mapa global, uno de los nombres que más ilusión genera en Kirkby es Mor Talla Ndiaye. Su historia no encaja en el molde habitual de la Premier League.

Todo empezó en Sandiara, un pueblo de Senegal donde jugaba en la calle. Después pasó por Bousports Academy, en Thiadiaye, y más tarde por Amitie Football Club, en Thies. Un camino de tierra, no de césped perfecto.

En enero, Liverpool se adelantó a otros clubes europeos y cerró su fichaje por alrededor de un millón de libras más variables. Un central zurdo, 18 años, físico, margen de mejora evidente. De esos perfiles que antes solían aterrizar en Europa por otros caminos y que ahora los grandes quieren atar cuanto antes.

Ndiaye ya ha dejado algunas pinceladas. Participó en la pretemporada con Andoni Iraola y fue suplente no utilizado en tres partidos de la segunda mitad del curso pasado con Arne Slot. Lo suficiente para que dentro del club se hable de él con una mezcla de prudencia y entusiasmo.

Rob Page, técnico del U21 de Liverpool, lo define sin rodeos: una historia increíble, un chico humilde, “un placer” para trabajar con él. Reconoce que está lejos de ser un producto acabado, pero insiste en que va por el camino correcto. La actitud, dicen en el club, es impecable. Y eso, en un entorno como el de Anfield, suele ser una buena señal.

Cómo se gana una carrera por un talento de 18 años

Nada de improvisación. El fichaje de Ndiaye nace en el Mundial sub-17 de Qatar, donde los ojeadores de Liverpool detectan su rendimiento. A partir de ahí, la maquinaria se activa.

El club abre conversaciones con su academia y con su agencia, Sport Cover. Varias videollamadas, análisis detallado, seguimiento constante. Cuando el interés se convierte en decisión, los representantes de Liverpool viajan a Senegal.

Allí no solo ven dónde entrena. Visitan su entorno, hablan con quienes le ayudaron a crecer, se sientan con su familia. Organizan una mesa redonda para entender de dónde viene el chico y qué necesita. Y, sobre todo, le explican cara a cara la ruta que le ofrecen: el famoso “pathway” hacia el primer equipo que el club vende como su gran argumento.

Ndiaye elige Liverpool por eso. Por claridad. Por la sensación de que no es solo un número en una base de datos.

Para poder acceder a perfiles así, Liverpool también se apoya en el sistema de puntos ligado al uso de jugadores formados en casa, que abre huecos ESC (elite significant contribution) para explorar mercados más amplios. Según Inglethorpe, era algo habitual incluso antes del Brexit, pero ahora se ha vuelto decisivo.

Hoy, Ndiaye vive con una familia de acogida, algo habitual en el club cuando el jugador llega de fuera. El proceso va mucho más allá del balón: adaptación al idioma, a la comida, al clima, hasta al tipo de césped. El mensaje interno es simple: el mayor regalo que se le puede dar a un joven es tiempo. En Liverpool confían en que, si ese tiempo se gestiona bien, el central senegalés puede acabar protagonizando una de las grandes historias recientes del club.

Una red que se extiende: Ndukwe, Martínez y la pelea por cada promesa

Ndiaye no es un caso aislado, sino el ejemplo más visible de una ofensiva más amplia.

Tras el mismo Mundial sub-17, Liverpool se movió también por otro central, Ifeanyi Ndukwe. Pagó 2,6 millones de libras por el defensa austríaco de 18 años, que dejó buenas sensaciones en pretemporada y ahora está cedido en el Levante, en La Liga, mientras tramita el permiso de trabajo para Reino Unido. Un movimiento quirúrgico: desarrollo competitivo en una liga fuerte, sin perder de vista el objetivo final de Anfield.

La lista sigue. Samuel Martinez, centrocampista colombiano de 17 años, se incorporará el próximo verano. Su padre habló de “30 ofertas de todo el mundo, externas”. Liverpool ganó esa puja, otro síntoma de que el escudo todavía pesa cuando se trata de convencer a un chico y a su entorno de dónde está el mejor proyecto para crecer.

No todas las batallas se ganan. El mes pasado, Arsenal se llevó a Andria Bartishvili, talento georgiano de 17 años, que se unirá a los ‘Gunners’ cuando cumpla 18. Un recordatorio de que en este mercado no hay margen para dormirse: los grandes pelean por los mismos nombres y cada detalle cuenta.

Aun así, los casos de Martinez y Ndiaye reflejan una voluntad clara de Liverpool: mirar más allá de Europa, entrar en territorios donde antes apenas se asomaba y convencer con un discurso que va más allá del salario. El camino hacia el primer equipo se ha convertido en el argumento central.

Brughmans, N’Guessan y el futuro que ya está en la agenda

El verano también ha dejado otros nombres subrayados en rojo en la libreta de la Academy. El club ha confirmado las llegadas de Lucca Brughmans, portero belga de 18 años, y Djylian N’Guessan, delantero francés también de 18. Ambos se incorporarán de forma definitiva en 2027.

Son operaciones pensadas a largo plazo, casi como inversiones adelantadas en un mercado donde cada año que pasa la competencia se endurece. En un fútbol donde casi no quedan “tapados”, Liverpool apuesta por cavar más hondo y más lejos, exprimir su red global y su reputación como club que no solo ficha, sino que forma.

El reto está claro: mientras los focos se quedan con los Wirtz, Isak o Barcola, el verdadero examen del modelo llegará cuando uno de estos chicos –tal vez Ndiaye, quizá Ndukwe, quizá alguien aún por descubrir– cruce la línea de cal en Anfield como titular.

Cuando eso ocurra, se sabrá si esta apuesta mundial por el talento joven ha sido un simple movimiento de mercado… o el siguiente gran capítulo en la historia deportiva de Liverpool.