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Lukaku cerca de Fenerbahce: Nápoles cierra un traspaso clave

El rompecabezas se mueve rápido en Nápoles. Romelu Lukaku está a horas de cerrar su traspaso a Fenerbahce, con las negociaciones entre clubes ya en la fase final y un acuerdo económico prácticamente sellado, según informa Gianluca Di Marzio.

El Nápoles había rechazado en un primer momento una oferta de 6 millones de euros. Demasiado baja para un delantero de su peso, incluso tras una temporada marcada por las lesiones. La inclusión de bonus por objetivos cambió el panorama. Esa letra pequeña ha desbloqueado la operación.

Lukaku ya ha dado el “sí”. Ha aceptado el destino, ha pasado el reconocimiento médico y solo falta el intercambio definitivo de documentos entre clubes. Según Mediaset, firmará un contrato de un año con opción de prolongarlo y cobrará 10 millones de euros netos por temporada. Un salario de estrella para liderar el proyecto del gigante turco.

Alivio contable en Nápoles, peaje obligado con Chelsea

Para el Nápoles, la operación es tanto deportiva como contable. El club italiano deberá entregar el 40% de la suma que reciba de Fenerbahce por Lukaku al Chelsea, pero evitará una pérdida neta en el balance. No es un detalle menor.

Sobre todo, libera un espacio enorme en el tope salarial. El sueldo del belga era una losa para una plantilla que necesita renovarse y rejuvenecerse tras el Scudetto de hace dos temporadas y un curso reciente marcado por la inestabilidad y las lesiones de sus hombres clave.

De héroe del Scudetto a salida inevitable

El giro es llamativo si se mira hacia atrás. Lukaku fue decisivo en el título liguero de hace dos campañas: 14 goles y 10 asistencias, números de líder absoluto en ataque. Un futbolista que marcaba diferencias, que fijaba defensas y que hacía mejor a todo el frente ofensivo.

Luego llegó el desplome. Una grave lesión en el muslo lo dejó fuera de la mayor parte de la última temporada. Sin continuidad, sin ritmo, sin impacto. Y, poco a poco, sin sintonía con el club.

La relación se fue tensando. Pesó, y mucho, la apuesta firme de la directiva por Rasmus Hojlund, que empezó a perfilarse como presente y futuro del ataque. Pesó también un episodio que en Nápoles no olvidan: en primavera, Lukaku se negó a regresar tras los compromisos internacionales para completar la rehabilitación en el club antes del Mundial, prefiriendo hacerlo en su país. Allí se rompió algo.

El giro tras el cambio de entrenador

Cuando el curso pasado entraba en su tramo final, su salida se consideraba poco menos que un hecho consumado. En los despachos del Nápoles se trabajaba con ese escenario. Hasta que llegó el cambio de entrenador de la Azzurra y Lukaku, contra todo pronóstico, se replanteó su futuro.

Con el nuevo técnico, el delantero estaba dispuesto a quedarse. Massimiliano Allegri, por su parte, no veía con malos ojos contar con él. Tener un nueve de ese calibre como alternativa no es precisamente un problema deportivo.

El problema era otro: el coste. Para el Nápoles, mantener a Lukaku como suplente de lujo, con ese salario y con la apuesta estratégica volcada en Hojlund, era un lujo difícil de sostener. Un riesgo de fricción constante en el vestuario y en la grada.

Una salida que conviene a todos

Por eso esta solución, aunque haya tardado más de lo previsto y haya vivido algún vaivén innecesario, encaja para todas las partes implicadas. El Nápoles se quita de encima un contrato pesado, evita pérdidas y limpia espacio salarial para reconstruir.

Lukaku, a sus 33 años, no aterriza en una de las grandes ligas europeas como quizá soñaba, pero no desaparece del mapa competitivo. Fenerbahce le ofrece escaparate, responsabilidad y un contexto en el que volver a sentirse referencia.

Ahora le toca demostrar si aún le queda pólvora para ser algo más que el recuerdo de aquel delantero que llevó al Nápoles al Scudetto.