Logotipo completo Alargue Final

Mancini regresa a la Azzurra: nueva era para Italia

Italia vuelve al punto de partida. Roberto Mancini regresa como seleccionador de la Azzurra, confirmado por el presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Giovanni Malagò, que también anunció la llegada de Claudio Ranieri como nuevo director técnico.

Mancini es el entrenador”, sentenció Malagò.

Sin rodeos. La federación apuesta de nuevo por el hombre que devolvió a Italia a la cima de Europa en 2021 y que, al mismo tiempo, la dejó fuera de un Mundial que aún escuece.

De la gloria de Wembley al vacío mundialista

El regreso de Mancini no es un simple ejercicio de nostalgia. Es una decisión cargada de riesgo y memoria reciente.

En su primera etapa, entre 2018 y 2023, dirigió a Italia en 58 partidos. Reconstruyó una selección deprimida tras quedarse fuera del Mundial de 2018, le dio identidad, agresividad con balón y un fútbol reconocible. El punto álgido llegó en Wembley: campeón de la Eurocopa 2021, derrotando a Inglaterra en la tanda de penaltis y devolviendo a los italianos una corona continental que parecía lejana.

Después llegó el derrumbe. Italia no logró clasificarse para el Mundial de 2022 y el arranque de la fase de clasificación para la Euro 2024 fue gris, muy por debajo de las expectativas generadas tras el título europeo. El ciclo, que había empezado como una revolución, terminó convertido en un laberinto.

Ahora, Mancini vuelve a ese mismo banquillo, pero a un país más impaciente y a una federación bajo presión constante tras encadenar tres Mundiales sin Italia.

Gattuso fuera, Mancini dentro

El cambio se precipita tras la salida de Gennaro Gattuso, que dejó el cargo en abril después de no conseguir cortar la racha negativa en las fases de clasificación mundialistas. Tres intentos, tres fracasos. Demasiado peso para cualquier seleccionador.

Malagò no lo dudó cuando se abrió la puerta del regreso: “Creí que la mejor persona para ser seleccionador era Roberto Mancini”. Una frase que suena a respaldo total… y también a última bala.

Mancini no llega como un desconocido. A nivel de clubes, ya dejó huella en Inter, Fiorentina y Manchester City, donde firmó una etapa clave: tres años en el banquillo y el primer título de Premier League del club en la temporada 2011-12, un campeonato que cambió la historia reciente del City.

Ese currículum, sumado al título de la Euro, sigue pesando en los despachos de la FIGC.

Ranieri, el arquitecto en la sombra

El otro movimiento clave se produce un paso más atrás de la línea de cal. Claudio Ranieri asume el rol de director técnico, una figura destinada a marcar la línea estratégica del fútbol italiano a medio plazo.

Ranieri, hombre de mil banquillos y de reputación sólida, llega para aportar experiencia y una mirada global. Su presencia al lado de Mancini dibuja un tándem de técnicos veteranos, acostumbrados a gestionar vestuarios complejos y escenarios de máxima presión.

Italia no solo cambia de entrenador. Redibuja su estructura deportiva.

Maldini y Leonardo se van, Pirlo se queda fuera

El terremoto en la federación no se limita al banquillo de la selección. El anterior director técnico de la FIGC, Paolo Maldini, y su asesor, Leonardo, presentaron su dimisión el lunes.

La decisión llega después de que se bloqueara el nombramiento de Andrea Pirlo como seleccionador debido a sus vínculos con una casa de apuestas rusa. Un golpe directo a la línea de trabajo que ambos defendían y que ha terminado en ruptura.

El episodio Pirlo deja cicatrices internas y muestra una federación dividida en criterios, imagen y estrategia. Mancini y Ranieri aterrizan en medio de ese clima.

Guardiola dijo no

Antes de volver a Mancini, la FIGC soñó a lo grande. Pep Guardiola fue la primera opción para el banquillo de la selección, pero rechazó la propuesta el mes pasado.

Ese “no” obligó a la federación a mirar hacia dentro. Y dentro seguía estando el nombre de Mancini, con su mezcla de éxito reciente y cuentas pendientes.

Un regreso cargado de preguntas

Italia vuelve a confiar en un técnico que ya la hizo campeona y que también la dejó sin Mundial. El margen de error es mínimo, la presión es máxima y la paciencia, escasa.

Mancini y Ranieri deberán reconstruir una selección herida, devolverle competitividad inmediata y, sobre todo, romper una maldición mundialista que amenaza con devorar otra generación.

La Euro ya la ganó. Ahora la pregunta es otra: ¿podrá esta segunda etapa borrar la sombra de tantos Mundiales vistos por televisión?