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Mbappé brilla y se lesiona, Francia resiste a Turquía

Kylian Mbappé necesitó un solo instante para cambiar el partido en Izmit. Minuto 56, Turquía mandaba en el juego y empujaba a Francia hacia su área tras el descanso, cuando el delantero del Real Madrid apareció donde más duele. Controló un pase filtrado de Michael Olise, encaró con la frialdad de siempre y colocó el balón lejos del alcance de Ugurcan Çakır. Un toque seco, quirúrgico. Gol y silencio en un estadio encendido.

El tanto apagó de golpe el dominio turco tras el descanso, pero la noche traía una segunda parte envenenada. Apenas unos minutos después de marcar, Mbappé se tiró al césped, se tocó la rodilla y pidió el cambio. Se marchó cojeando, con gesto serio, dejando en el aire un interrogante que va mucho más allá de este estreno en la League A, Grupo 1.

Sin su estrella, Francia no se encogió. Se reorganizó. Ousmane Dembélé asumió el brazalete y parte del foco. Con el marcador a favor, el equipo de Zinedine Zidane empezó a manejar los tiempos, a enfriar el ritmo y a obligar a Turquía a atacar a contracorriente. El ambiente seguía siendo hostil, el césped traicionero, pero el conjunto francés encontró la forma de imponer su oficio.

El partido, sin embargo, no se cerró nunca del todo. Turquía siguió empujando, consciente de que el 1-0 dejaba el duelo abierto hasta el último segundo. Francia resistía cada centro, cada balón dividido, cada balón parado. Y cuando los locales parecían reunir fuerzas para el arreón final, llegó la jugada que rompió definitivamente su plan.

Minuto 87. Balón largo a la espalda de la defensa turca, salida precipitada de Ugurcan Çakır y mano clara fuera del área. Roja directa. Con un hombre menos y sin su guardameta titular, Turquía se quedó casi sin margen para la heroica. Aun así, no bajó los brazos. Siguió lanzando balones al área, buscando un remate milagroso, una segunda jugada, cualquier resquicio.

Francia aguantó. Defendió bajo, compacta, sin florituras. Despejes contundentes, líneas juntas y cero concesiones en los metros finales. No hubo brillo en el tramo final, sí un ejercicio de supervivencia en un escenario incómodo.

Al término del encuentro, Dembélé resumió el sentir del vestuario ante las cámaras de TF1: “Es una victoria en un campo complicado”, admitió el delantero, ya con el brazalete en el brazo. Y fue más allá: “Hemos hecho un muy buen partido en general. Podríamos haber marcado uno o dos goles más, pero venir a Turquía, a un estadio tan animado, no iba a ser fácil. Hemos trabajado duro toda la semana. Estamos contentos con los tres puntos”.

Para Zidane, el estreno en el banquillo francés en la competición deja una mezcla de alivio y preocupación: resultado perfecto, escenario superado, pero con la incógnita física de su gran referencia ofensiva.

Bélgica estrena a van Bommel con autoridad

En el otro partido del grupo, Bélgica firmó una victoria sobria y contundente en Italia para dar la bienvenida a Mark van Bommel en el banquillo. Triunfo por 2-0 en el Stadio Olimpico de Roma, un marcador que refleja bien el control belga en su debut.

El técnico neerlandés, de 49 años, con una carrera como jugador que pasó por PSV Eindhoven, AC Milan, Barcelona y Bayern Munich, toma el relevo del francés Rudi Garcia, el hombre que llevó a Bélgica hasta los cuartos de final del último Mundial. El listón es alto, pero el primer paso fue firme.

Mika Godts, delantero de Paris Saint-Germain, abrió el marcador a mitad de la primera parte. Un golpe temprano que asentó a Bélgica y descolocó a Italia en su propio estadio. El equipo de van Bommel jugó con madurez, sin precipitarse, esperando el momento para rematar la faena.

Ese momento llegó en el minuto 69, cuando Dodi Lukébakio dobló la ventaja. Con el 2-0, Bélgica manejó el partido con autoridad, sin dar opción real de reacción a los italianos. Un debut de entrenador que no sólo suma tres puntos, también envía un mensaje al resto del grupo: Bélgica va en serio.

Un calendario cargado y un foco inevitable sobre Zidane

El grupo se aprieta ahora hacia una doble cita de alto voltaje. El 28 de septiembre, en Bruselas, Bélgica recibirá a Francia en un duelo que puede marcar jerarquías desde muy pronto. Ese mismo día, Turquía se medirá a Italia en casa, obligada ya a reaccionar tras la derrota ante los franceses.

El 2 de octubre llegará un día especial para Zidane: su primer partido en casa como seleccionador, frente a Italia en el Stade de France. El mismo escenario en el que sus dos goles en la final del Mundial de 1998 abrieron el camino al 3-0 frente a Brasil y al primer título mundial de Francia. El círculo se cierra, pero la exigencia es ahora distinta: ya no es el genio del césped, es el hombre del banquillo.

Tres días después, el 5 de octubre, Francia volverá a ese mismo estadio para enfrentarse a Bélgica en su cuarto compromiso del grupo. Un tramo de calendario que puede definir mucho antes de tiempo quién manda en esta League A, Grupo 1.

Zidane, acostumbrado desde hace décadas a vivir bajo el foco, sabe que la lupa se hará aún más intensa en cuanto la selección vuelva a casa. Él mismo lo asume sin dramatismo: no busca protagonismo, insiste en que su trabajo pasa por construir un equipo capaz de ganar partidos y títulos, por encima de cualquier ruido exterior.

El formato de la competición no permite demasiados tropiezos. Los dos primeros de cada uno de los cuatro grupos de la League A avanzarán a los cuartos de final el próximo marzo. Las semifinales se disputarán el 9 y 10 de junio de 2027 y la final el 13 de junio. El margen de error es pequeño, la presión, enorme.

Francia ya tiene sus tres primeros puntos en el bolsillo. Bélgica también. Turquía e Italia saben que no pueden permitirse demasiadas dudas. La pregunta, mientras se espera el parte médico de Mbappé, es quién llegará a la primavera con más piernas, más ideas y más colmillo para pelear por el título.