Logotipo completo Alargue Final

Mika Baur: De la 3. Liga a la selección alemana

En menos de dos años, Mika Baur ha recorrido un camino que muchos no completan en una carrera entera: de una cesión en la 3. Liga con Dynamo Dresden a vestir la camiseta de la selección absoluta de Alemania.

El centrocampista explotó en el SC Paderborn, donde firmó una temporada de despegue en la 2. Bundesliga. Ese rendimiento le abrió la puerta a un traspaso de 6 millones de euros al Celtic, salto que cambió su trayectoria. Desde Escocia llegó su primera llamada de la Mannschaft y, este jueves, su debut internacional en la victoria por 2-0 ante Serbia, con un matiz histórico: Baur se convirtió en el jugador número 1.000 en representar a Alemania.

De la 3. Liga al foco de Klopp

La escena tras el partido lo dice todo. Jürgen Klopp, seleccionador alemán, no habló de un simple buen estreno. Habló de carácter. De contexto. Del lugar donde Baur se ha hecho futbolista.

Klopp lleva tiempo definiendo la Scottish Premiership como “la liga más desagradable del mundo”. Un campeonato duro, físico, sin concesiones. Para el técnico, imponerse ahí con el físico de Baur tiene un valor especial.

“Consolidarte allí con esos atributos físicos y someterte a todo eso es algo realmente especial”, subrayó el entrenador de 59 años, dejando claro que su admiración por el centrocampista va mucho más allá de un buen partido puntual.

El elogio no se quedó en la intensidad o en el sacrificio. Klopp fue directo al grano futbolístico: “Hemos visto de verdad que es un futbolista maravilloso”, afirmó antes de ir un paso más allá con una comparación llamativa.

Una comparación que dice mucho

Klopp habló de un jugador de un club “múltiple ganador de la Champions League” que le recuerda constantemente a Baur. No dio el nombre, pero dejó pistas: no solo por el físico, también por el tipo de futbolista que es.

Las señales apuntan a Vitinha, centrocampista de Paris Saint-Germain. Ambos, de pelo oscuro y rizado, comparten algo más que estatura contenida. Son mediocampistas que se sostienen en duelos físicos pese a su tamaño y que se sienten extraordinariamente cómodos con el balón en los pies. Giran, protegen, aceleran. No se esconden.

Que el seleccionador alemán coloque a Baur en esa esfera de comparación, aunque sea de forma indirecta, marca el tono de lo que se espera de él. No es solo un premio a una buena racha en Escocia; es una declaración de confianza a largo plazo.

Un debut con peso y un futuro inmediato

Su estreno ante Serbia no fue un simple número en una estadística histórica. Ser el internacional número 1.000 de Alemania añade una carga simbólica que pocos olvidan. La camiseta, la fecha, el rival, el marcador: todo queda grabado.

Ahora, el calendario no le da tregua. Alemania viaja a Tesalónica para enfrentarse a Grecia el domingo y Baur ya se ha ganado un lugar real en la conversación. No como invitado de paso, sino como opción seria para repetir minutos.

En menos de dos años ha subido tres escalones competitivos y ha cruzado una frontera que muchos solo imaginan. La pregunta ya no es de dónde viene Mika Baur. La cuestión, a partir de ahora, es hasta dónde puede llegar.