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Mike Tyson: de la riqueza a la bancarrota y el aprendizaje

Mike Tyson sabe exactamente cuánto cuesta perderlo todo. Y no habla de combates, sino de dinero. El excampeón mundial de los pesos pesados recordó su caída financiera y su lenta reconstrucción en el podcast Fly on the Wall with Dana Carvey and David Spade, en el episodio emitido el miércoles 5 de noviembre.

En plena charla, los dos presentadores le preguntaron por su vida en Florida, un estado sin impuestos estatales, y lanzaron la broma inevitable. “Ven a arruinarte con Dana y conmigo en California”, soltó David Spade. Tyson, 60 años, respondió al instante, con la experiencia de quien ya ha pasado por ahí: “Ni loco. Ya fui por ese camino antes”.

Y lo fue a lo grande. Durante su pico de fama y fortuna, Tyson vivió como un emperador del boxeo. Según NBC News, llegó a poseer seis mansiones, 110 coches y hasta tigres blancos de Bengala. Su patrimonio se estimaba entonces entre 300 y 400 millones de dólares. Una vida desbordada, sin freno.

El golpe más duro no vino en un ring. En 2003 presentó una solicitud de bancarrota bajo el Capítulo 11, y un año después su deuda alcanzaba los 38 millones de dólares. De multimillonario a deudor en tiempo récord. El icono del boxeo convertido en ejemplo de derroche.

Dos décadas después, el relato es otro. Tyson ha reconstruido su situación económica y, sobre todo, su mirada sobre el dinero. En el podcast confesó que hoy se siente “muy agradecido en esta etapa” de su vida. No suena a frase hecha: su historia respalda cada palabra.

Tyson explicó que aquel desastre financiero se ha convertido en su mejor escuela. “Eso es lo bueno de empezar de nuevo. De la primera vez que aprendiste, no lo harás la segunda”, dijo, resumiendo en una línea todo un manual de supervivencia. Ahora, cuando ve un mal negocio, lo reconoce al instante. Antes firmaba sin mirar. Hoy duda, pregunta, se protege.

¿Quién maneja ahora su dinero? Tyson no lo dudó: “Se lo doy todo a mi esposa”. La respuesta provocó risas en el estudio. Los presentadores quisieron saber si ella estaba allí mismo, vigilando cada palabra. Tyson se echó a reír y añadió: “¡Ella dice que no es verdad!”. Entre broma y broma, el mensaje queda claro: el hombre que un día dilapidó una fortuna ha decidido blindarse en familia.

Tyson está casado desde 2003 con su tercera esposa, Lakiha Spicer. Con ella tiene dos hijos: Milan, de 17 años, y Morocco, de 15. Además, el excampeón tiene otros cinco hijos de relaciones anteriores. Su vida, antes dominada por el exceso, gira ahora en torno a algo mucho más sencillo y mucho más exigente: ser padre.

En una entrevista con la revista People en octubre de 2026, Tyson ya había marcado el nuevo eje de su vida: la paternidad. Ahí está su prioridad. Ahí pone la energía que antes se iba en mansiones, coches y caprichos imposibles.

Su mirada sobre el pasado también ha cambiado. “Todo lo que fue, entre comillas, ‘negativo’, resultó ser positivo para mí”, explicó al mismo medio. No se trata de blanquear su historia, sino de aceptarla. “Estoy muy agradecido por todo porque me hizo una mejor persona. Todo lo malo que me pasó, estoy agradecido”, insistió. Palabras duras de pronunciar para alguien que conoció la cárcel, la ruina y la exposición pública permanente.

Ese viaje, del lujo desmedido al derrumbe y de ahí a una madurez inesperada, es el eje de un nuevo documental, TYSON, disponible en Netflix. El personaje ya era grande sobre el ring; ahora su vida fuera de él vuelve a quedar bajo el foco.

La diferencia es que esta vez no se trata de un campeón invencible, sino de un hombre que aprendió, a puñetazos de la realidad, que el combate más largo no siempre se libra entre cuerdas, sino con uno mismo y con la forma en que se administra todo lo que un día pareció inagotable.