Militao y Mourinho: La lucha por el regreso del central
José Mourinho ve cada día a Éder Militao más fuerte, más rápido, más suelto. Lo ve tan bien que su trabajo, paradójicamente, consiste en frenarlo. El brasileño ya tiene el alta médica, se siente futbolista otra vez y aprieta para volver. Pero el banquillo de Real Madrid ha decidido que no habrá concesiones con los plazos.
En la rueda de prensa previa al duelo ante Villarreal, el portugués fue tajante cuando le preguntaron por el defensa: «No es duda para Villarreal porque no va a jugar. Pero verle entrenar y ver cómo está me hace feliz», admitió. Y añadió, entre bromas y advertencia: «Bromeo con él y con los fisios todos los días diciéndole: “Vas a jugar”. Sabía que era bueno, pero es aún mejor de lo que pensaba. No va a jugar mañana ni contra Roma. Necesita un par de semanas más».
Detrás de ese mensaje público hay una realidad que se repite en Valdebebas: Mourinho y sus ayudantes llevan tiempo sujetando al jugador.
Un futbolista desatado, un cuerpo técnico con freno de mano
Militao no solo se siente bien. Se siente listo. Tanto, que la semana pasada estuvo a un paso de saltarse el guion médico. Durante un partidillo interno más exigente de lo habitual, con duelos y ritmo de competición, el central quiso entrar para disputar los últimos minutos. El riesgo, a ojos del cuerpo técnico, era demasiado alto para el punto en el que se encuentra su recuperación.
«No, no, ni cinco minutos ni nada», fue la respuesta inmediata que se escuchó en el campo de entrenamiento cuando el brasileño insistió en participar en el tramo final de la sesión.
Militao no se rindió a la primera. Insistió, apretó, argumentó. Su actitud llegó a hacer dudar a algún asistente, que por un momento se planteó ceder. Pero la decisión final fue firme: no habría ni un minuto extra. No ese día. No todavía.
Ese episodio explica el tono de Mourinho cuando habla de “un par de semanas más” y de lo que ve en el día a día: un futbolista con hambre de minutos, con piernas para competir, al que el club se niega a exponer a una recaída.
Un recurso de élite al que Madrid no puede volver a perder
En el vestuario blanco ya se habla de Militao como de un fichaje de invierno de lujo. Un refuerzo interno de primer nivel para la fase decisiva de la temporada. Mourinho lo sabe y por eso no está dispuesto a regalar ni un centímetro a la impaciencia.
El técnico portugués se aferra al plan inicial. No quiere saltarse ni una casilla del calendario diseñado junto al cuerpo médico, condicionado por un historial que asusta. La última lesión, sufrida el 21 de abril, lo ha tenido casi seis meses fuera de los terrenos de juego y obligó a pasar por quirófano, sumándose a una cadena de problemas físicos que ha marcado sus últimos años.
Los números son contundentes: en las últimas cuatro temporadas, Militao solo ha podido participar en 52 de los últimos 187 partidos de Real Madrid. Ocho lesiones, varias de ellas de gravedad, han ido cortando su continuidad cada vez que intentaba encadenar meses al máximo nivel.
Las precedentes pesan. Mucho. En el club lo tienen claro: con Militao no se va a jugar a la ruleta rusa. Ni por la urgencia competitiva ni por el propio deseo del jugador. La consigna es sencilla y estricta: minimizar riesgos, aunque el futbolista pida cancha y el entrenador reconozca en público que lo ve “mejor de lo que pensaba”.
La historia reciente del brasileño no admite romanticismos. Si Real Madrid quiere disfrutar de su “gran refuerzo” en los meses donde se deciden los títulos, la batalla que importa ahora no se libra en un estadio, sino en el día a día del entrenamiento: contener a un central que ya se siente preparado y convencerle de que, esta vez, la victoria pasa por saber esperar.





