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Montella reflexiona tras el fracaso en el Mundial: "Podían haberme despedido"

Vincenzo Montella llega a la Nations League sin esconderse. El seleccionador de Turquía admite que la Federación tenía motivos de sobra para prescindir de él tras el decepcionante camino en el Mundial 2026 de Norteamérica. Pero sigue en el cargo. Y no por falta de razones para un relevo, sino por una decisión estratégica de la TFF: mirar el proyecto completo y no solo dos malos resultados.

Del golpe en el Mundial al crédito ganado en Europa

El técnico italiano, de 52 años, habló en la previa del debut de Turquía en la League A de la Nations League, con la herida mundialista aún fresca. Las expectativas eran altas, la realidad fue una eliminación prematura. Montella no se esconde: reconoce que el balance en la Copa del Mundo fue insuficiente y que el debate sobre su continuidad estaba más que justificado.

La clave, según él, estuvo en un defecto muy concreto: la falta de pegada. Turquía compitió, no fue arrollada, pero falló en lo que decide torneos. No rematar. No convertir. El seleccionador señaló que las ocasiones desperdiciadas en los primeros partidos dispararon la presión y terminaron por hundir el camino del equipo en el torneo.

En lugar de refugiarse en excusas, Montella asumió la responsabilidad y agradeció públicamente a la TFF por mantener la apuesta en su idea a largo plazo. Recordó de dónde venía la selección cuando aterrizó en el cargo: “Cuando llegué, no podíamos clasificarnos para la Eurocopa y ganamos el grupo”. Bajo su mando, Turquía no solo alcanzó los cuartos de final de la Euro 2024, también firmó un ascenso histórico a la League A de la Nations League. Ese es el contexto que salvó su puesto.

Turquía, proyecto de país y de fútbol

Montella no se limita a hablar de resultados. Sitúa a la selección dentro de un movimiento más amplio: un país que invierte fuerte en deporte, infraestructuras y clubes. Subraya el crecimiento de instalaciones, la modernización del fútbol turco y el músculo económico que se está construyendo para competir con las grandes potencias del continente.

Su mensaje es claro: Turquía ya no quiere ser una invitada incómoda, sino un actor estable en la élite europea. El salto a la League A es la prueba. Mantenerse ahí, el siguiente examen.

Grupo de hierro… y objetivo ambicioso

El sorteo no tuvo piedad. Turquía entra en el Grupo A1 como cuarta cabeza de serie, rodeada de gigantes: France, Italy y Belgium. Un grupo que, sobre el papel, invita a la prudencia. Montella, en cambio, marca un listón alto: alcanzar los cuartos de final de la Nations League.

No habla de “aprender” como excusa, sino como obligación competitiva. Quiere que sus jugadores se acostumbren a medirse de manera constante con selecciones de primer nivel, convencido de que esa exigencia acelerará la madurez táctica del bloque tras el “curso intensivo” que supuso el verano mundialista.

La meta inmediata es terminar entre los dos primeros y entrar en las eliminatorias. Nada de esconderse detrás del rol de tapado.

Un técnico que mira a 2032

Montella, pese al ruido tras el Mundial, no se ve de paso. Reitera su deseo de seguir al mando hasta la Euro 2032. Habla de ciclo, de proceso, de consolidar una identidad que ya ha dado señales en torneos recientes. La confianza de la Federación, tras el tropiezo en Norteamérica, refuerza esa idea de continuidad.

Ahora llega el momento de la verdad. La Nations League no perdona distracciones. Turquía se asoma a su estreno en la League A con un doble reto: sanar la imagen tras el Mundial y demostrar que su presencia entre los grandes no es una anécdota, sino el nuevo punto de partida.

La Crescent-Stars se lanzan a la fase de grupos con una intención nítida: comportarse como una selección de élite, no como invitada sorpresa. El Mundial dejó cicatrices. La Nations League dirá si esas cicatrices se convierten en carácter o en lastre.