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Montella y el reto táctico sin Calhanoglu ni Yildiz

Vincenzo Montella no se escondió. Antes de arrancar una Nations League de máxima exigencia, el seleccionador de Turquía admitió lo que todo el país pensaba: enfrentarse a las potencias europeas sin Hakan Calhanoglu ni Kenan Yildiz es un problema mayúsculo. Un auténtico rompecabezas táctico.

A las ausencias de sus dos cerebros ofensivos se suma la baja del defensor Mert Muldur. Demasiado peso fuera de la ecuación para un equipo que se está reconstruyendo sobre la marcha.

“Sin Calhanoglu y Yildiz, no es la misma Turquía”, reconoció Montella, en declaraciones recogidas por La Gazzetta dello Sport. Una frase corta, pero demoledora. El técnico sabe que pierde liderazgo, jerarquía y, sobre todo, soluciones con balón.

Juventud al frente, antes de tiempo

La consecuencia es inmediata: los jóvenes deben dar un paso al frente, quizá antes de lo previsto. Montella asumió que la ausencia de sus referentes le obliga a acelerar procesos y exponer a futbolistas todavía en fase de aprendizaje a partidos de máxima tensión.

“Será una prueba para los nuevos jugadores”, advirtió, recordando que con cuatro partidos en el horizonte todo se complica. No hay margen para esconderse. Ni para aprender sin consecuencias.

El contexto no ayuda: Turquía arranca su Grupo A1 de la Nations League frente a Francia y, después, se mide dos veces seguidas a Italia. Tres gigantescos exámenes sin su director de orquesta y sin el talento más ilusionante de la nueva generación.

Kenan Yildiz, el heredero señalado

La paradoja es cruel. Justo cuando el país empezaba a soñar con Kenan Yildiz como nueva bandera, el atacante de Juventus se queda fuera por lesión. Montella, lejos de rebajar expectativas, las alimenta. Y lo hace con un nombre que pesa toneladas en la historia del fútbol italiano: Alessandro Del Piero.

El seleccionador turco describió a Yildiz como un talento raro, un futbolista capaz de adaptarse a distintas posiciones y de dañar siempre que parte desde banda hacia dentro. Un perfil de mediapunta moderno, letal entre líneas.

“Kenan Yildiz se convertirá en uno de los mejores jugadores del mundo”, aseguró. No lo dijo para motivar al chico. Lo dijo como quien hace una predicción convencida. Recordó incluso cómo, cuando “Ale” empezaba, las comparaciones con Roberto Baggio eran constantes. Un paralelismo que revela el nivel de expectativas que rodea al turco.

Para Montella, Yildiz todavía no es un “10” clásico, pero está en esa fase en la que el talento se moldea y el rol se redefine. Puede partir desde la banda, romper hacia dentro y acabar ocupando zonas de mediapunta. Un comodín ofensivo que Turquía no tendrá en esta ventana, justo cuando más lo necesitaba.

Italia en el horizonte, y un duelo que toca la fibra

Si la dificultad deportiva ya es alta, la carga emocional la eleva aún más. Turquía se enfrentará dos veces a Italia en pocos días, un doble duelo que Montella afronta con un nudo en la garganta. Se mide a su país, a su bandera futbolística, y lo hace frente a un viejo compañero de batallas: Roberto Mancini, con quien compartió vestuario en Sampdoria.

“Me habría gustado enfrentarme a todos, pero no a Italia, y menos dos veces en pocos días. Estaré muy emocionado, lo sé”, confesó. No es un partido más para él. Es una especie de espejo: un italiano que lidera el renacimiento de Turquía contra el hombre en el que confía para devolver a Italia a la cima.

Montella habló de Mancini con respeto y cercanía: estima, afecto, confianza. Está convencido de que su excompañero tiene la experiencia y el conocimiento necesarios para guiar la reconstrucción de la Azzurra tras los tropiezos mundialistas. “Es la persona adecuada”, subrayó. Y, aun así, intentará complicarle la vida al máximo durante 180 minutos.

Francia, Zidane y un grupo sin red de seguridad

Antes de mirar a los ojos a Italia, Turquía deberá sobrevivir al primer impacto: Francia. Un rival que, para Montella, dispone de un caudal de talento inigualable. Plantilla larga, calidad en todas las líneas, y ahora, un nuevo impulso en el banquillo con Zinedine Zidane.

“Francia tiene una calidad y un grupo de jugadores que no tiene nadie”, apuntó el técnico. Reconoció también que el entusiasmo renovado alrededor de Zidane añade otra capa de dificultad. Aun así, avisó: tampoco será sencillo para ellos. Turquía, incluso mermada, no piensa presentarse como víctima resignada.

La clave, según el seleccionador, será la disciplina táctica. Orden, concentración y sacrificio. Sin Calhanoglu para pausar el juego ni Yildiz para desequilibrar, el plan pasa por reducir al mínimo los errores y exprimir cada transición, cada balón parado, cada detalle.

Montella sabe que el calendario no perdona. Francia primero, Italia dos veces después. Tres partidos que pueden marcar el tono del ciclo, con una selección obligada a reinventarse sobre la marcha y a confiar en que sus jóvenes aprendan rápido en medio de la tormenta.

El reto es brutal. Las bajas son pesadas. Pero si Turquía sale viva de este tramo, ¿quién se atreverá a descartarla cuando vuelvan sus estrellas?