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La nueva camada del Ulster brilla en Trnava

La nueva camada del Ulster firma una noche para enmarcar

Michael O’Neill pasó toda la previa insistiendo en que Lyon quedaba atrás, que aquel 2-0 a Ucrania en la Euro 2016 ya pertenecía a otra era. Que lo importante era este grupo, este presente. En Trnava, su joven Irlanda del Norte le dio la razón con una actuación que huele a futuro: 0-3 ante una Ucrania que casi nadie consigue tumbar.

Un dato lo resume todo: el once titular presentó una media de edad de apenas 22 años, la más baja registrada por Irlanda del Norte desde la Segunda Guerra Mundial. Solo un futbolista superaba los 25: Ciaron Brown, 28 años, central de Oxford United, convertido en líder silencioso… y en héroe inesperado.

Brown marca el camino

El partido apenas había arrancado cuando Brown apareció donde debía. Minuto 9, balón colgado, Ruairi McConville gana el duelo aéreo y su peinada cae en el área chica. Brown, atento, ataca el espacio y empuja el 0-1. Gol simple, gol enorme para desatar la confianza de un equipo sin complejos.

O’Neill había apostado fuerte. Primera titularidad para Kieran Morrison, 19 años, y el chico respondió como si llevara una década en el escaparate internacional. Su centro en carrera, preciso y venenoso, encontró a Isaac Price, que firmó el 0-2 con la frialdad de un veterano. El tanto, además, cortaba un tramo en el que Ucrania intentaba asentarse en campo rival.

La noche, sin embargo, estaba reservada para Brown. Con media hora por jugar, otro balón aéreo, otro duelo en el área y un cabezazo que terminó en gol en circunstancias extrañas, con Dmytro Riznyk superado y la defensa ucraniana desconcertada. El 0-3 sellaba la victoria más contundente a domicilio de Irlanda del Norte en cinco años y el doblete de un central que lleva tiempo rindiendo sin ruido.

Una defensa de futuro

El marcador invita a mirar a los goleadores, pero el verdadero mensaje llegó desde atrás. Tercer partido consecutivo sin encajar, esta vez con un bloque de cinco atrás que jugó como si llevara años ensamblado.

Brodie Spencer y Terry Devlin, reconvertidos en laterales, cumplieron con nota en un contexto exigente. Sin embargo, los focos se los llevaron los socios de Brown en el eje: McConville y Tom Atcheson.

McConville, 21 años, defensa del Norwich City, mandó en su zona con autoridad. Ganó duelos, ordenó la línea y, cuando pudo, se sumó al ataque. Su toque de cabeza para habilitar a Brown en el primer gol fue puro oficio. Más revelador aún fue el tercer tanto: dejó que el balón cruzara la línea en lugar de empujarlo él mismo, cediendo el protagonismo a su compañero. Un gesto mínimo que dice mucho de un vestuario.

Al lado, Atcheson, 20 años, jugador del Blackburn Rovers, ofreció una serenidad impropia de su edad. Debutó con la absoluta en marzo, en Gales, pero en Eslovaquia pareció un fijo de toda la vida: concentrado, agresivo cuando tocaba, sobrio con balón. O’Neill no escatimó elogios. Para el seleccionador, ambos “no tienen techo” y ya están preparados para dar un salto más en sus carreras de club.

Un líder que juega en League One

El técnico reservó palabras especiales para Brown. Con Dan Ballard lesionado, el central de Oxford United asumió el papel de referencia defensiva y emocional. Tres partidos completos en este parón, un desgaste enorme para un futbolista que milita en League One, pero que se comporta —y rinde— como si perteneciera a un escalón superior.

O’Neill lo dejó claro: considera que Brown es mejor jugador que la categoría en la que compite a nivel de clubes. Y el zaguero respondió con todo lo que se le puede pedir a un líder: solidez atrás, voz de mando… y dos goles que cambiaron el relato de la noche.

Un golpe a la Nations League… y a la historia reciente

El resultado gana peso cuando se mira el contexto. En los últimos doce meses, solo Suecia y Francia habían logrado derrotar a Ucrania. Desde hoy, Irlanda del Norte se suma a ese grupo selecto.

Hasta hace nada, el historial en la Nations League a domicilio era un lastre: ni una sola victoria fuera de casa hasta el gol agónico de Shea Charles en el minuto 99 en Georgia. Ahora, este 0-3 en Trnava no solo amplía esa racha, sino que se instala como la mayor victoria lejos de casa en cinco años.

Todo esto con bajas de calado: sin Ballard, sin el influyente Ethan Galbraith, sin Conor Bradley, hombre importante en el Liverpool, y con Justin Devenny arrancando en el banquillo. Un equipo remendado sobre el papel, un bloque sólido y ambicioso sobre el césped.

No extraña que el exinternacional Stephen Craigan, en los micrófonos en Eslovaquia, hablara de una noche “sísmica” para este grupo. No se refería solo al marcador, sino a la sensación de que algo se está moviendo bajo los pies de esta selección.

El premio que espera

La ecuación es sencilla y enorme: si Irlanda del Norte consigue cerrar este bloque de cuatro partidos sin perder, llegará a las dos últimas jornadas de noviembre con todo a favor. Encabezar el grupo significaría ascender por primera vez a la League A y, de paso, asegurarse un grupo de solo cinco equipos en la fase de clasificación para la Euro 2028. Además, quedaría abierta la puerta a un posible play-off si el camino se tuerce.

Para una selección que hace poco ni siquiera sabía lo que era ganar fuera en esta competición, el salto competitivo es evidente.

Isaac Price, 23 años, que rompió una sequía de más de un año sin marcar con su segundo tanto internacional, resumió el ambiente: un grupo joven, unido, que disfruta viniendo con la selección y que empieza a vivir de la palabra que todo entrenador persigue: impulso.

La recuperación marcará las próximas horas antes del partido del lunes, el último de esta ventana. El marcador de Trnava ya no se mueve. Lo que sí se mueve, y a toda velocidad, es el techo de esta Irlanda del Norte.