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El parón que no da tregua al Real Madrid

Ni siquiera el parón de selecciones ha dado respiro al Real Madrid. Lejos de los focos del césped, el ruido ha llegado por donde más duele a los clubes modernos: las redes sociales. De la bicicleta “prohibida” de Kylian Mbappé al móvil de Dean Huijsen al volante, el vestuario blanco se ha visto salpicado por una cadena de gestos imprudentes que han encendido el debate sobre la disciplina.

Huijsen, en el ojo del huracán por una foto

El último episodio lo protagoniza Dean Huijsen. Una simple foto, publicada por su compañero Thiago Pitarch dentro de un coche, ha bastado para desatar una tormenta. La imagen, difundida y criticada con fuerza según informó “Mundo Deportivo”, muestra al joven central con una mano en el volante y la mirada clavada en el teléfono móvil.

El encuadre lo dice todo. Una mano conduciendo, los ojos en la pantalla. Un gesto que choca de frente con cualquier manual de seguridad vial y que, en cuestión de minutos, convirtió una escena cotidiana en munición para las redes.

Nadie puede asegurar si el coche estaba parado o en marcha en el momento exacto de la foto. No hay vídeo, no hay contexto ampliado. Pero la duda no frenó a los aficionados: la ola de reproches fue inmediata. “Irresponsable”, “temerario”, “mal ejemplo”: los calificativos se repitieron una y otra vez, señalando al defensa como símbolo de una falta de cuidado que trasciende lo deportivo.

La sombra de la bicicleta de Mbappé

El caso Huijsen no llega en un vacío. Apenas unos días antes, Kylian Mbappé ya había encendido las alarmas del club al publicar un vídeo montando en bicicleta. Un gesto que, en otras circunstancias, parecería inocente, casi entrañable. Pero hay un matiz clave: José Mourinho, técnico del Real Madrid, había prohibido expresamente a sus jugadores usar la bicicleta para minimizar riesgos de lesiones fuera del terreno de juego.

Mbappé decidió subir el vídeo. La imagen del crack francés pedaleando chocó de lleno con las directrices del entrenador. No hubo lesión, no hubo incidente físico. Sí hubo, en cambio, la sensación de que una norma interna quedaba en entredicho ante millones de seguidores.

Entre la bicicleta de la estrella y el móvil del canterano, el relato se une solo. Dos acciones distintas, mismo desenlace: una exposición pública que deja al club en una posición incómoda, obligado a vigilar no solo lo que hacen sus futbolistas, sino también lo que enseñan.

Disciplina, juventud y un vestuario bajo lupa

En el contexto de un Real Madrid que persigue la excelencia competitiva, estos deslices individuales pesan más de lo que aparentan. No se trata solo de una foto o de un vídeo. Se trata de la percepción de control, de profesionalidad, de ejemplo hacia fuera y hacia dentro.

La juventud de buena parte del vestuario añade un matiz evidente. Redes sociales, exposición permanente, vida retransmitida en directo. Cada gesto, cada segundo, es potencialmente público. Y cada error, por pequeño que parezca, se amplifica.

El resultado es claro: la disciplina de los jugadores, especialmente de los más jóvenes, queda bajo el microscopio. El club trabaja para que el foco esté en la concentración, el rendimiento y la profesionalidad diaria. Sin embargo, el ruido llega desde el teléfono móvil, desde una bicicleta, desde un coche.

Mientras el equipo compite por los objetivos más altos, la pregunta ya no es solo cómo jugará el próximo partido. Es otra, más incómoda: hasta qué punto este grupo será capaz de aprender rápido que, en el Real Madrid, incluso un simple “post” puede acabar costando muy caro.