Logotipo completo Alargue Final

El plan de Flick para la delantera del Barça: Raphinha y Gabriel Jesus

El plan de Flick para la delantera del Barça: gestionar a Raphinha y destapar a Gabriel Jesus

Hansi Flick se asoma a un pequeño dilema antes de recibir a Getafe en Montjuïc. No es un problema de nombres, sino de tiempos, de cargas, de calendario. Y en el centro de la ecuación aparece Raphinha.

El brasileño regresó del parón de selecciones con una leve edema muscular en la parte posterior del muslo derecho. Nada roto, nada grave según las pruebas médicas. Pero sí una señal. El tipo de aviso que un entrenador con un calendario comprimido no puede ignorar.

Por delante asoma una serie de partidos que define meses: Champions League ante Galatasaray y PSG, y un Clásico contra Real Madrid que siempre deja cicatriz, para bien o para mal. Con ese horizonte, Flick se plantea algo que hace unos meses habría parecido impensable: sentar a uno de sus atacantes más determinantes para protegerlo.

Y ahí se abre una puerta que en el vestuario ya miran con atención.

Gabriel Jesus, la oportunidad que estaba esperando

Si Raphinha descansa, Gabriel Jesus pasa automáticamente de alternativa a protagonista. El fichaje veraniego procedente de Arsenal ha ido entrando de puntillas, sin ruido, pero con impacto cada vez que ha pisado el césped.

Mientras la mayoría viajaba con sus selecciones, él se quedó en la Ciutat Esportiva. Sin convocatoria con Brasil, aprovechó el parón para afinar la condición física y empaparse de los automatismos de Flick. Trabajo silencioso, de entrenamiento largo y vídeo corto, de repetir movimientos hasta que salen de memoria.

Los primeros frutos ya se han visto: goles saliendo desde el banquillo ante Feyenoord y Racing Santander. Minutos contados, pero productivos. Apariciones breves, pero con colmillo.

Un once inicial frente a Getafe sería el siguiente peldaño lógico. De revulsivo a referencia. De recurso a plan principal.

Gabriel Jesus, además, ofrece algo distinto al Barça de Flick. No es un simple sustituto de Raphinha en banda. Su juego entre líneas, su capacidad para caer a los costados y, sobre todo, su instinto para ocupar el área le dan al equipo una presencia más clásica por dentro. Si el técnico alemán busca una figura más fija cerca del punto de penalti, el brasileño encaja como anillo al dedo.

El mensaje sería claro: la rotación no es un castigo, es una oportunidad. Para proteger a uno… y para destapar a otro.

Hamza Abdelkarim llama a la puerta

No es el único que empuja. En la segunda fila, Hamza Abdelkarim espera su momento con la paciencia tensa de quien sabe que el tren puede pasar de un día para otro.

El delantero egipcio ha vivido hasta ahora en la frontera entre el primer equipo y el papel secundario. Pocas oportunidades reales, muchos minutos de aprendizaje. Pero su escenario ha cambiado en cuestión de semanas: renovación de contrato con el Barça y gol con la selección absoluta de Egipto durante el parón.

Eso pesa en la cabeza de cualquier entrenador.

Abdelkarim representa el ‘9’ clásico de la plantilla. Un rematador puro, de área, con más fijación de centrales que movilidad exterior. Flick puede utilizarlo desde el inicio si quiere un duelo más físico ante el bloque bajo de Getafe, o guardarlo como arma para la segunda parte, cuando el partido pida centros, segundas jugadas y presencia masiva en el área.

No se trata solo de sumar piernas frescas. Se trata de añadir perfiles distintos.

Mucho más que un simple descanso

La posible gestión de Raphinha no se reduce a prescindir de uno de los futbolistas más influyentes del ataque azulgrana. El verdadero trasfondo está en transformar la profundidad de plantilla en competencia real por los minutos.

Si Gabriel Jesus responde como titular, si Abdelkarim aprovecha cada segundo que tenga, Flick no solo habrá protegido a un jugador clave. Habrá ganado dos opciones más fiables para los grandes escenarios que se acercan.

En un mes donde cada decisión cuenta, el partido ante Getafe puede parecer menor en el calendario. Para la delantera del Barça, en cambio, puede ser el punto exacto donde empiece a cambiar el reparto de galones.