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Protesta en Dublín por el partido de Irlanda contra Israel

Un grupo de manifestantes fue desalojado este jueves del Department of Sport en Dublín después de ocupar parte del edificio gubernamental en protesta por el partido de la Nations League entre la selección de Irlanda y la de Israel, previsto para octubre.

Los activistas, que se agrupan bajo la etiqueta #StopTheGame, se instalaron en el vestíbulo del Department of Culture, Communications and Sport, en Leeson Lane, decididos a convertir un trámite administrativo en un pulso político. No se quedaron en un simple gesto simbólico: anunciaron que su campaña continuará y que las acciones se intensificarán mientras los dos encuentros de la Nations League sigan en el calendario.

En un comunicado, el colectivo acusó directamente al Gobierno y a la FAI de sostener unos partidos que, a su juicio, no deberían disputarse en el contexto actual. “El Gobierno ha presionado a la FAI, que también es culpable, para cumplir con estos partidos. El Taoiseach Micheál Martin fue uno de los primeros en exigir que la FAI jugara estos encuentros”, señalaron.

El mensaje fue más allá del fútbol. Los activistas recordaron que Irlanda es miembro de la Corte Penal Internacional y sostuvieron que, en ese marco, no puede permitirse “sportswashing”. “Estamos fallando a nuestras obligaciones morales, humanitarias y legales como país al jugar estos partidos”, añadieron, elevando el debate desde el césped hasta el terreno del derecho internacional.

En primera línea de la protesta apareció Cieran Perry, concejal independiente del Dublin City Council, que puso el foco en los futbolistas. Perry defendió que no se cargue sobre los jugadores la responsabilidad de una decisión que, según él, corresponde a los despachos: la FAI y el Gobierno deberían ser quienes opten por retirarse de los duelos de la Nations League ante Israel.

Mientras la polémica crece, el calendario sigue corriendo. El mes pasado, la FAI confirmó que el partido de la Nations League que la República de Irlanda debía disputar como local ante Israel no se jugará en territorio irlandés. Se trasladará a un campo neutral y a puerta cerrada: el duelo se celebrará en Backa Topola, Serbia, el domingo 4 de octubre.

La FAI explicó en un comunicado que su junta directiva decidió mover el encuentro a un escenario neutral “debido a desafíos operativos que podrían afectar a la organización del partido en suelo local”. Sin detalles adicionales, la federación dejó entrever que el contexto alrededor del choque hacía inviable mantenerlo en Irlanda.

El otro compromiso frente a Israel, el que figura como visitante en el calendario irlandés, sigue fijado para el 27 de septiembre en el Nagyerdei Stadion, en Debrecen, Hungría. Dos sedes, dos países, ningún aficionado en casa: el precio logístico y simbólico de un cruce que ha dejado de ser un simple partido de clasificación.

Desde el Department of Sport, la respuesta llegó en clave institucional. Una portavoz subrayó que las federaciones nacionales, como la FAI, son “organismos independientes y autónomos, responsables de la gobernanza de sus propios deportes, incluida la organización de partidos, tanto en competiciones nacionales como internacionales”. Y remató el mensaje con una línea clara: “El Gobierno y Sport Ireland no tienen ningún papel en la organización de dichos partidos”.

La pelota, por tanto, vuelve a la FAI, atrapada entre el calendario de la Nations League, la presión política, la indignación de los activistas y la neutralidad formal del Gobierno. La cuestión ya no es solo dónde se jugarán estos encuentros, sino cuánto puede seguir el fútbol irlandés esquivando un debate que ya ha salido del vestíbulo de un ministerio para instalarse en el centro de la conversación pública.