Rabbi Matondo se une a Hibernian para relanzar su carrera
Rabbi Matondo vuelve a escena. Seis semanas después de quedarse sin equipo tras su breve paso por el SK Brann Bergen, el extremo galés ha encontrado refugio en Escocia: firma por Hibernian Edinburgh hasta el próximo verano. Un nuevo intento de relanzar una carrera que hace no tanto se tasaba en millones y promesas.
El club de Edimburgo, ahora mismo décimo en una Premiership de solo 12 equipos, necesita chispa y desequilibrio. Y eso es exactamente lo que su técnico, Marink Reedijk, cree haber encontrado. “Rabbi aporta velocidad, verticalidad y amenaza de gol desde la banda, y también enriquecerá nuestro vestuario con su personalidad positiva”, señaló el entrenador al anunciar la incorporación. Hibs no ficha solo un jugador; ficha una apuesta. Y un pasado cargado de expectativas.
De joya del City a traspaso millonario
La historia de Matondo no empezó en la periferia. Nacido en Gales, criado futbolísticamente en la élite de Inglaterra, fue considerado una de las grandes perlas de la academia de Manchester City. Tanto que, en enero de 2019, Schalke 04 desembolsó nueve millones de euros por un chico de 18 años que apenas había asomado la cabeza en el primer equipo. El City se cubrió las espaldas con una cláusula de recompra de 50 millones. Eso marcaba el nivel de fe que se tenía en su techo.
En aquel momento, Pep Guardiola habló claro sobre los jóvenes que salían del club. Aseguró que el City confiaba en su cantera, pero que quienes no tuvieran paciencia acabarían marchándose. Matondo eligió el atajo de la Bundesliga, el camino que ya había recorrido su amigo Jadon Sancho rumbo al Borussia Dortmund. La idea era seguir la misma ruta hacia la consagración.
El debut con Schalke llegó a los pocos días de su fichaje. El contexto era ideal para irrumpir: gran club, gran liga, espacio para la velocidad de un extremo que atacaba el espacio con fiereza. Pero la chispa nunca prendió. Aquella media temporada terminó sin goles ni asistencias, pese a varias apariciones que dejaron destellos, pero no cifras.
Escándalo en el aire y fotos incómodas
Cuando la temporada terminó, Matondo volvió a los titulares. No por lo que hacía con el balón, sino por lo que supuestamente hizo en un avión. En un vuelo de Faro a Bristol, varios informes coincidentes señalaron que se negó a abrocharse el cinturón durante el despegue y que llegó a insultar a una azafata llamándola “slut”. A la llegada, tres agentes de policía lo escoltaron para tomarle declaración. El futbolista negó las acusaciones, pero el episodio quedó pegado a su nombre.
En el curso siguiente, por fin llegaron los primeros números: dos goles en 21 partidos con Schalke. No bastó para cambiar la narrativa. Lo que se grabó en la memoria de muchos fue otra imagen: Matondo entrenando con una camiseta de Jadon Sancho… del Borussia Dortmund, el gran rival del club de Gelsenkirchen.
La fotografía corrió como la pólvora y desató la ira de la afición. El entonces director deportivo, Jochen Schneider, no escondió su enfado: contó que le había dejado claro por teléfono lo que pensaba de una acción tan poco meditada. Matondo se defendió después. Explicó que no se puso la camiseta “por Dortmund”, sino por Sancho, uno de sus mejores amigos desde la etapa conjunta en la cantera del City. El problema es que, en un club como Schalke, los matices se pierden rápido cuando aparece el escudo del enemigo.
Cesiones, lesiones y minutos contados
El tiempo en Alemania se fue agotando. En la primera mitad de la temporada 2020/21 solo sumó tres partidos más con Schalke. Luego arrancó la ruta de las cesiones: primero Stoke City, en Inglaterra; después Cercle Brugge, en Bélgica. Ni uno ni otro préstamo terminaron de consolidarlo como titular indiscutible.
En el verano de 2022 llegó otra gran oportunidad: Rangers apostó por él y pagó tres millones de euros, a un año del final de su contrato con Schalke. Glasgow, un club de presión máxima, un escaparate europeo y una liga que premia la velocidad. El escenario parecía hecho a medida para un extremo eléctrico.
El cuerpo, sin embargo, se interpuso. Los problemas físicos se hicieron recurrentes y Matondo nunca dejó de ser, en el mejor de los casos, un jugador de rotación. Cuando el físico no acompaña, la confianza se evapora. Y sin continuidad, un futbolista de desborde pierde su arma principal: la convicción de encarar una y otra vez.
Buscando minutos, regresó a Alemania cedido a Hannover 96. Tampoco allí logró un punto de inflexión. A principios de este año, Rangers optó por dejarlo marchar libre. Se cerraba una etapa que había empezado con ilusión y cifras importantes, y terminaba con la sensación de oportunidad desaprovechada.
Su siguiente parada fue SK Brann Bergen, en la élite noruega. Sobre el papel, un contexto menos exigente para recuperar ritmo y confianza. La realidad fue aún más dura: solo 30 minutos de juego antes de quedar fuera de los planes y, poco después, sin club.
Hibs, último trampolín
Ahí entra Hibernian. Un equipo que pelea en la parte baja de la tabla, que necesita velocidad por fuera y un golpe de efecto para cambiar la dinámica. Un jugador libre, aún con 26 años, que ha pasado por academias de élite, grandes estadios y vestuarios pesados. La ecuación es clara: riesgo bajo, posible premio alto.
El contrato, hasta el próximo verano, habla por sí solo. Es una prueba. Para el club y, sobre todo, para el propio Matondo. Si encaja en el esquema de Reedijk, si el físico le respeta y si logra dejar atrás el ruido extradeportivo, Hibs puede haber encontrado un desequilibrante de nivel por un coste mínimo.
Para un futbolista que alguna vez tuvo una cláusula de recompra de 50 millones sobre su nombre, la firma por un equipo que hoy mira de reojo la zona baja de la liga escocesa suena a contraste brutal. Pero también a oportunidad limpia. Noventa minutos, una banda libre y una nueva grada a la que convencer. La pregunta ya no es qué prometía aquel chico del City, sino qué está dispuesto a ser el Rabbi Matondo de Hibernian.






