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Reedijk asume el reto en Hibs: nuevo comienzo en Escocia

Marink Reedijk no necesitó mucho más que una maratón de siete horas en una sala de reuniones de Londres para decidir que su futuro pasaba por Easter Road. Siete horas de fútbol, de ideas, de gestión. Y un convencimiento claro: Hibernian era el paso correcto.

A sus 35 años, el técnico neerlandés se estrena este sábado al mando de Hibs en un escenario que no concede tiempo para la adaptación: visita a Dundee United en Tannadice, duelo directo en la Scottish Premiership y un equipo hundido en la parte baja de la tabla, en la décima posición.

Un aterrizaje “muy intenso”

Reedijk apenas ha tenido respiro desde que aceptó el reto. Se subió al avión rumbo a España para un stage de clima cálido con la plantilla y ahí empezó su inmersión acelerada en el universo Hibs.

“Muy intenso”, así definió esos primeros días. Mucho que hacer, mucho que descubrir. Jornadas largas, pero, como él mismo subraya, “muy fructíferas”. Ha aprovechado cada hora: bajar al césped, explicar sus ideas, observar reacciones, hablar con jugadores, cuerpo técnico, empleados del club. Conocer el lugar antes de que ruede el balón de verdad.

No ha sido una llegada silenciosa, sino un auténtico carrusel. Primero una llamada por Zoom. Pocos días después, ya estaba en Londres, cara a cara con el consejo de administración, desgranando su fútbol y su manera de entender un club durante siete horas. Sin atajos.

Ahí se decidió todo. Ahí se convenció de que Hibernian era algo más que un banquillo libre en una liga histórica. “Es un club especial”, remarca. Hizo su tarea, investigó, miró a la grada. Vio una afición numerosa, ruidosa, con un fuerte sentido de pertenencia. Y cuando cruzó por primera vez la puerta del edificio en Edimburgo, la sensación fue clara: familia.

Ganar, incluso al primo de cinco años

El contexto no engaña. Hibs está abajo, presionado, obligado a reaccionar. Reedijk no esconde el diagnóstico ni el objetivo. Lo reduce a lo esencial.

“Ganar tantos partidos como sea posible”, dice. Y no lo dice como una frase hecha. Lo acompaña con una confesión casi infantil: ni siquiera soporta perder al Monopoly contra su primo de cinco años. No es el comportamiento más ejemplar en una tarde de juegos, admite, pero en el fútbol esa obsesión por la victoria se convierte en una virtud.

Hibernian necesita precisamente eso: alguien que viva el resultado como algo irrenunciable. Pero el neerlandés no se queda en la pizarra ni en los marcadores.

Identidad, familia y escudo

En un club que se percibe a sí mismo como una gran familia, Reedijk quiere reforzar ese hilo invisible que une vestuario, oficinas y grada. No habla solo de sistemas de juego ni de estructuras tácticas. Habla de identidad.

Uno de sus pilares, insiste, será convertir al grupo en algo aún más unido. Que todos se sientan parte. Que cada jugador, cada miembro del staff, cada aficionado lleve la identidad del club encima, dentro y fuera del campo, en el césped y en las gradas de Easter Road.

No es un discurso vacío: llega de guiar al Beveren belga al ascenso la temporada pasada. Viene de un vestuario que supo subir un peldaño cuando el margen de error era mínimo. Ahora el escenario es distinto, pero el reto emocional se parece: construir algo reconocible bajo presión.

La liga escocesa, un desafío sin red

Para Reedijk, este es su primer cargo como entrenador principal en una máxima categoría. Podría sonar a salto al vacío. Él lo ve como una oportunidad meditada.

La Scottish Premiership le atrae por su mezcla de pasión y tradición. Desde Países Bajos, admite, la mirada suele fijarse siempre en los mismos nombres. Pero al estudiar la competición con calma, su conclusión fue otra: no hay partidos cómodos, no hay guiones garantizados. Cualquiera puede ganar a cualquiera, como se está viendo esta temporada.

Ese equilibrio, esa falta de red, es lo que más le seduce. Lo ve como un escenario ideal para crecer también “como ser humano”. No solo como entrenador.

Ahora, la teoría deja paso al césped. Tannadice será el primer examen real de su Hibs. La tabla aprieta, la afición espera, el club reclama una reacción. Reedijk ya ha tenido su maratón de siete horas en Londres; a partir del sábado, cada minuto contará en Escocia.