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Regreso de la Premier: entre Manchester City y emociones de Glasner

La Premier League vuelve tras el parón internacional, pero el balón no es lo único que pesa este fin de semana. Sobre el campeonato planea la sombra del veredicto de culpabilidad contra Manchester City por más de cien infracciones de las normas financieras. El club ha recurrido y se aferra a una idea: cerrar filas y seguir ganando mientras los despachos arden.

En Anfield, el domingo, el ruido será ensordecedor. Dentro y fuera del campo.

Glasner, dos corazones y una vieja cuenta pendiente

En otro frente, Oliver Glasner se prepara para un regreso con carga emocional. El técnico de Nottingham Forest visita el domingo a su antiguo club, Crystal Palace, en un duelo que llega con más subtexto que cualquier simple cruce de mitad de tabla.

“Dos corazones” laten en su pecho, admite Glasner, mientras se acerca el reencuentro. Cuando dejó Palace al final de la pasada temporada, sorprendió a muchos apareciendo poco después en el banquillo de Forest. El movimiento no cayó en terreno neutro: las relaciones entre ambos clubes ya venían tensas desde que Forest ocupó la plaza europea que Palace perdió tras denunciar ante la Uefa una vulneración de las normas de multipropiedad.

Glasner insiste en que su decisión no fue un portazo al club del sur de Londres. Recuerda que ya en octubre del año pasado había decidido no renovar contrato. Lo que llegó después, en verano, fue una elección “por Nottingham Forest”, guiada por “razones diferentes”. Nada de planes maestros, nada de traiciones calculadas. “A veces pasan cosas inesperadas en la vida… no estaba en los planes ser entrenador de Forest”, explica.

El domingo, sin embargo, no habrá espacio para la nostalgia. Selhurst Park no olvida fácilmente.

El terremoto City, contado por sus propios hinchas

Mientras tanto, el epicentro del fin de semana sigue en Manchester City. El club vive bajo el peso de un veredicto histórico, pero las consecuencias emocionales se miden mejor en las gradas que en los informes legales. Un puñado de aficionados, repartidos entre Inglaterra y Estados Unidos, intenta poner en palabras lo que significa ver a su equipo en el banquillo de los acusados.

“Pase lo que pase, nadie nos puede quitar los últimos 15 años”, dice Ben, abonado del club. Enumera recuerdos como si fueran goles en un marcador imposible de borrar: el gol de Agüero en 2012, los centurions, el triplete, Estambul. “Esos recuerdos son nuestros y ningún veredicto cambia eso. Ahora mismo solo me siento confundido”.

James, seguidor desde hace más de cuatro décadas, habla desde otro ángulo, más amargo. No cuestiona lo vivido, pero señala el coste moral de esta era. “No puedo devolver esos recuerdos. Pero sí sé que los más ricos del mundo pensando que las reglas no van con ellos, que pueden hacer trampas y luego tirar dinero sin fin al problema, no tiene nada que ver con lo que amo del fútbol, ni de Manchester, ni de mi club… Estoy realmente triste”.

Desde Washington DC, Jon mira el mapa completo de la Premier y dispara hacia todos los lados. Considera que la gravedad y duración de las infracciones merecen un castigo serio, pero remata con un dardo al sistema: que haya hecho falta “tanta vulneración sostenida de las normas y tanto dinero” para frenar a United, Arsenal y Liverpool es, para él, una acusación directa al propio campeonato.

El debate ya no es solo jurídico. Es sentimental.

Maresca intenta aislar al líder del ruido

En este contexto, Enzo Maresca se sienta ante los micrófonos por primera vez desde el veredicto. Antes de enfrentarse a la prensa general, el técnico ha hablado con los medios del club. Su mensaje es claro: el vestuario no se desviará del objetivo inmediato.

“La sensación es fantástica, siendo sincero”, afirma. Los jugadores, asegura, están “emocionados” por los dos próximos partidos, pero, sobre todo, por una razón: “en este momento estamos líderes de la liga”. El grupo ha decidido mirar solo al césped. “Saben que lo que podemos controlar es la parte futbolística; no están preocupados por otras cosas”.

La palabra clave en City ahora es “ruido”. Maresca la repite, pero la coloca fuera del vestuario. “Saben que el ruido está ahí, pero no les importa demasiado. Están centrados en cómo podemos ganar al Liverpool y en cómo, junto con los aficionados, podemos intentar ganar en Anfield”.

El escenario no podría ser más crudo: un líder cuestionado, un rival histórico enfrente y un estadio que huele la sangre.

Kompany y Lampard, viejos símbolos, miran desde fuera

Mientras la tormenta se desata sobre su antiguo club, Vincent Kompany observa desde el banquillo de Bayern Munich. El ex capitán de City no reniega de nada de lo vivido, pero marca distancias con lo que sucede en los despachos.

“He jugado 11 años para el club, he amado todos esos años y todo lo que logramos y lo que hicimos en el campo, de eso estoy muy orgulloso”, afirma. Y ahí traza la línea. “Todo lo demás, como jugador, no formas parte de eso. Como entrenador de Bayern Munich, en realidad no estoy tan ocupado con ese tema como con preparar el partido que tenemos que ganar mañana”.

Frank Lampard, ahora técnico de Coventry, también mira el caso desde la barrera, con una perspectiva distinta. Vivió una temporada en Manchester City en 2014-15, pero no se siente dentro de la historia actual. “Tengo títulos pero no los tengo colgados en la pared. Los tengo en la cabeza”, explica. Para él, arrebatar trofeos a los jugadores, al menos en el plano personal, no encaja con lo que significa competir.

“La mayoría de jugadores que han competido contra los mejores han trabajado muy duro para ganar. Creo que sería muy duro quitarle a alguien un título a nivel individual, porque deberían estar en tu cabeza, no solo en una bonita vitrina de cristal”. Coventry logró hace tres semanas su primera victoria de la temporada ante Nottingham Forest y recibe el lunes a Newcastle. Lampard tiene suficiente con lo suyo.

Los despachos también juegan: el pulso de Khaldoon y la venta de Everton

La batalla de City con los organismos del fútbol tiene un rostro clave: Khaldoon al-Mubarak. El presidente del club ha marcado durante años un tono combativo en cada choque con la Uefa. En un perfil reciente, Rob Draper recuerda una frase atribuida al abogado del club, Simon Cliff: Khaldoon habría dicho que prefería gastar 30 millones de libras en “los 50 mejores abogados del mundo” y demandar a la Uefa durante una década antes que aceptar una sanción económica.

No es solo una postura legal. Es una declaración de guerra sobre cómo se entiende el poder en el fútbol moderno.

A cientos de kilómetros, en Merseyside, se abre otro capítulo corporativo. The Friedkin Group, propietario de la mayoría accionarial de Everton desde diciembre de 2024, estudia la venta de su participación. Bajo su mandato, el equipo masculino ha completado el traslado desde Goodison Park al nuevo Hill Dickinson Stadium, un cambio de casa que ya de por sí marca una era.

“El momento es el adecuado para considerar el siguiente capítulo para Everton”, señala el comunicado del club. La entidad asegura que solo escuchará ofertas de grupos que, a su juicio, puedan ser “los administradores adecuados” para impulsar al club y “construir sobre el impulso que se ha generado”. Otra institución histórica en busca de rumbo estable en un mercado cada vez más agresivo.

Liverpool, United, el sur y las Lionesses

En lo puramente deportivo, el fin de semana ofrece un menú denso. El duelo entre Liverpool y Manchester City domina la cartelera, con Andoni Iraola en rueda de prensa como anfitrión de un partido que, con o sin sanciones, puede marcar el tono del título. Mikel Arteta, flamante renovado como entrenador del vigente campeón Arsenal y antiguo asistente en el banquillo de City, también pasará por la sala de prensa con el foco puesto en cómo se mueve su equipo en medio del terremoto ajeno.

Manchester United recibe a un Tottenham aún sin victorias en Old Trafford, en un encuentro que, por sí solo, ya habría ocupado portadas en cualquier otro contexto. En la EFL, el domingo se reserva uno de esos partidos que no necesitan presentación: el derbi de la costa sur entre Southampton y Portsmouth. Un clásico cargado de memoria, ahora envuelto en un fin de semana donde todo parece tener una capa extra de tensión.

La Federación también ha dejado su huella disciplinaria: Tonda Eckert ha recibido una sanción suspendida de seis semanas por su papel en el caso conocido como Spygate, un recordatorio de que el fútbol inglés vigila de cerca los límites de la competitividad.

El foco no se queda solo en el fútbol masculino. A las 17.30 horas de hoy, Inglaterra femenina abre su camino en los playoffs europeos rumbo al Mundial del próximo verano en Brasil. Las Lionesses deben superar primero a Grecia y después a la ganadora del cruce entre Eslovaquia y Ucrania para asegurar su billete. Ella Toone se ha reincorporado a la selección como convocatoria de última hora para la ida en suelo griego. Escocia, Gales, Irlanda del Norte y la República de Irlanda también persiguen su plaza mundialista.

Entre veredictos, apelaciones, ventas de clubes y viejas rencillas, el fútbol inglés vuelve a lo que mejor sabe hacer: ponerlo todo en juego durante 90 minutos. El resto, para bien o para mal, seguirá escribiéndose en paralelo.