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Robbie Ure: El escocés que brilla en Sevilla y aspira a la selección

Robbie Ure, el ‘nueve’ escocés que se hizo futbolista lejos de casa, acaba de vivir una tarde que muchos solo imaginan con un mando de consola en la mano. Noventa minutos con la camiseta del Sevilla frente al Barcelona. Noventa minutos marcado por Pau Cubarsí, mejor jugador de la final del Mundial. Noventa minutos compartiendo césped con Rodri, jugador del torneo. Noventa minutos respirando el mismo aire que Lamine Yamal.

Y solo tiene 22 años.

De Glasgow al mundo

Ure forma parte de esa nueva hornada de delanteros escoceses que llaman a la puerta de la absoluta. Aún no ha debutado, pero apunta al sábado, en Eslovenia, en la Nations League, como la fecha en la que puede cambiar su vida.

La convocatoria de Sebastien Pocognoli llega con un paisaje distinto. No están Lyndon Dykes ni George Hirst. Las lesiones han dejado fuera a Che Adams, Lawrence Shankland y Ross Stewart. Los cinco estuvieron en el último Mundial en Estados Unidos. Hoy, el escenario ha cambiado.

Ahora el frente de ataque lo forman Ure, James Wilson, de Hearts, y Kieron Bowie, de Sassuolo, ambos con solo dos internacionalidades, más Oli McBurnie, de Hull, cuyo último partido con Escocia se remonta a hace cinco años. Huele a transición. Y, sobre todo, a oportunidad.

Nada simboliza mejor ese aire fresco que la historia de Ure, el chico que soñaba con triunfar en Rangers y que tuvo que irse para hacerse futbolista. Desde su llegada al Sevilla, procedente de IK Sirius, ya se ha medido a 12 campeones del mundo con España. Siete partidos, cero goles todavía, pero una colección de aprendizajes que no se compran.

El que se escapó de Rangers

Hace poco más de tres años, Ure salió de Rangers siendo aún un adolescente. Sus últimos recuerdos con el primer equipo son casi simbólicos: un minuto ante St Mirren en noviembre de 2022 y otro minuto frente a Hibs en mayo de 2023. Dos parpadeos. Nada más.

Hoy es la cara visible de la campaña de la Federación Escocesa para convencer a los clubes de que apuesten de verdad por los jóvenes. Ure no tuvo esa ventana en Glasgow. Se marchó a Anderlecht, después a IK Sirius y ahora a Sevilla, que pagó 5,5 millones de libras, más 2,5 millones en variables, por un delantero que en Escocia no encontraba minutos.

“Todo lo que había conocido era Rangers. Entrenar cada día desde los ocho años”, recuerda. Irse le dolió, pero fue honesto consigo mismo: sentía que no era lo bastante bueno para jugar allí en ese momento. No le rompió la confianza. Le abrió los ojos.

En un club como Rangers, admite, es casi una quimera que un chico de 18 años se asiente en el primer equipo. Necesitaba otro entorno, otro ritmo, otra exigencia. Anderlecht le ofreció exactamente eso: un punto de partida para crecer sin el peso de un gigante encima.

Suecia, el punto de ebullición

Bélgica fue el primer peldaño en la escalera hacia la selección. Suecia fue la explosión. En la temporada 2025-26 firmó 11 goles en 30 partidos con IK Sirius, un prólogo de lo que venía.

Entre abril y julio de este año jugó 14 encuentros y marcó 15 goles. Casi uno por partido. Una tarde ante Mjällby se desató: cuatro goles en un solo choque. Su primer hat-trick… y algo más.

“Marcaba casi cada partido, probablemente fue el momento en el que más feliz he estado”, admite. Cada semana veía su nombre en el marcador y a su equipo en lo alto de la tabla. Sentía cómo mejoraba, cómo el interés por él crecía. Y, sobre todo, jugaba. Noventa minutos casi siempre. Confianza del entrenador, paciencia del club, tiempo para equivocarse y acertar.

El día de los cuatro goles, explica, tuvo una sensación nueva: cada vez que chutaba, pensaba que la pelota iba dentro. “No había sentido algo así antes en el fútbol. Fue especial”. Esa clase de racha que cambia carreras.

Su caso se ha convertido en munición para el eterno debate del fútbol escocés: la ruta de los jóvenes hacia la élite. Ure es la prueba viviente de lo que puede pasar cuando un chico tiene minutos de verdad, no solo promesas.

“Cada jugador es diferente”, repite. Pero hay una idea que no negocia: para desarrollarse, un joven necesita jugar en un nivel que le exija, no en un escaparate sin continuidad. Ese nivel no lo encontró en Escocia. Miró fuera. Y no se arrepiente.

El salto a la Liga y la llamada de Escocia

El nivel que ha encontrado ahora en España es otra cosa. Estratosférico. Todavía no ha marcado con el Sevilla, y el debut liguero frente al Barcelona terminó con derrota por 3-1. Pero el examen fue de los que dejan huella.

“La primera parte estuvimos bien”, cuenta. “Pero a medida que pasa el partido, te desgastan. Raphinha ahora mismo… quiero decir…”. Ahí se detiene. Sonríe. No hace falta más explicación. Sabe perfectamente el tipo de talento que tiene delante.

“Lo disfruté mucho. Contra estos jugadores, les das una ocasión y casi siempre es gol. Para mí fue una experiencia muy buena. Solo voy a mejorar gracias a esto”. No suena a tópico. Su carrera lo respalda: cada cambio de país ha sido un paso adelante.

La Liga es una escuela cruel para un delantero que aún se está aclimatando, pero también un escenario perfecto para endurecerse antes de dar el salto a la selección. Y ese salto ya está aquí.

Pocognoli afronta cuatro partidos en pocas semanas. Un bloque comprimido que casi garantiza que Ure tendrá su primera internacionalidad y, con ella, su primer escaparate con la camiseta de Escocia. No llega por marketing ni por promesas. Llega por méritos acumulados en silencio, lejos de casa, lejos de Glasgow.

De niño, Ure soñaba con marcar en Ibrox. Hoy, su realidad es otra: marcar en Sevilla, medirse al Barcelona, ganarse un sitio en la Nations League y abrir una nueva era para los delanteros escoceses que no tuvieron miedo de hacer las maletas.

El chico que no encontraba minutos en su país está a punto de representar a su país. La pregunta ya no es si está preparado. Es cuántos más seguirán su camino.

Robbie Ure: El escocés que brilla en Sevilla y aspira a la selección