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Russell Martin busca un nuevo camino para Leicester

En Leicester ya no alcanza con mirar la estatua invisible del título de 2016. El recuerdo del 5.000-1 sigue ahí, pero el club se ha despertado en League One, con dos descensos consecutivos a la espalda y una reconstrucción forzada apenas una década después de tocar el cielo. En medio de ese paisaje aparece Russell Martin, decidido a que la historia no marque sus límites.

El nuevo entrenador, que ascendió a Southampton a la Premier League hace poco más de dos años, también baja un peldaño para recomponer su propia reputación tras un turbulento paso de 123 días por Rangers. Llega a un club roto, pero con un mensaje claro: no piensa ser prisionero del pasado.

“Sé que el club descendió, pero antes de eso tuvo un éxito increíble durante un periodo prolongado, enorme, y claro que quizá te juzgan en función de eso”, explicó en BBC Radio Leicester. “Tenemos que encontrar nuestro propio camino y que nos juzguen por eso, porque yo no puedo juzgar a la gente por los últimos dos años”.

No es solo un discurso de aterrizaje. Martin sabe que también le miran por el retrovisor. “Ojalá me juzguen por el trabajo que haga aquí y no por mi trabajo anterior y todo eso. Para mí es lo mismo”. Nuevo club, nuevo contexto, mismo objetivo: ascender.

Un club cuestionado por dentro

Su nombramiento fue la primera gran decisión en el King Power Stadium desde que James McCarron asumió el cargo de director deportivo la temporada pasada. Su figura se sitúa por debajo del director de fútbol, Jon Rudkin, uno de los nombres más criticados en los últimos años junto al propietario y presidente Khun Aiyawatt ‘Top’ Srivaddhanaprabha. La caída deportiva ha ido acompañada de una erosión institucional.

Martin, preguntado por su relación con la cúpula, no se escondió. Al contrario, la elogió por poner los problemas sobre la mesa. Habló de “honestidad real” sobre lo que ha ocurrido y de una voluntad clara de avanzar. “No puedo juzgar nada de lo que ha pasado antes porque no he estado aquí. Lo ves desde fuera y la gente hace sus suposiciones, pero yo he venido muy abierto a dejarme sorprender y la gente ha sido fantástica”.

El diagnóstico interno ya está hecho. Falta la parte difícil: ejecutar el plan en un club que solo vive su segunda temporada en la tercera categoría en 142 años de historia. La exigencia, sin embargo, no se rebaja.

Un objetivo sin matices: volver a subir

No hay rodeos con la meta. “Es ascender, ante todo”, admite Martin. Y no solo eso. “[Y] jugar de una manera que todo el mundo entienda y en la que crea, con la que se sienta conectado y que haga sentir orgullosos a los aficionados”.

La ambición deportiva choca con una realidad económica incómoda. El verano se ha convertido en un ejercicio de aligerar peso: fuera algunos de los salarios más altos y de los nombres más reconocibles del doble descenso. Jannik Vestergaard rescindió contrato de mutuo acuerdo, Harry Winks se marchó a Cagliari y el club ingresó alrededor de 20 millones de libras por la venta de Abdul Fatawu a Ipswich Town.

La necesidad no es solo deportiva. Los problemas para cumplir las normas de gasto, que ya costaron una sanción de puntos la temporada pasada por infracciones históricas, han empujado a Leicester a desprenderse también de talento joven. El caso más llamativo, el del prometedor Jeremy Monga, de 17 años, traspasado a Manchester City.

La limpieza de final de curso dejó un vacío llamativo: sin un solo delantero sénior en plantilla tras la salida, entre otros, de Patson Daka y Jordan Ayew. Para un equipo que quiere dominar la categoría, es un agujero enorme.

Un ataque por construir

De momento, el movimiento de entrada más significativo en esa zona es Conor Chaplin. El exdelantero de Ipswich Town, máximo goleador de los Tractor Boys en su ascenso desde League One hace solo cuatro temporadas, es uno de los dos únicos fichajes desde el descenso. Un refuerzo interesante, pero claramente insuficiente para una temporada larga y exigente.

Martin no lo esconde: falta pólvora. “Idealmente, tendríamos dos o tres delanteros”, admite. Y no quiere clones. “No queremos solo uno del mismo perfil, y es igual con los extremos. Sea lo que sea que busquemos, el perfil que sea, tiene que encajar con nosotros. Tienen que estar desesperados por venir aquí y jugar, desesperados por ayudarnos a tener éxito”.

El mensaje es contundente. No se trata solo de nombres, sino de hambre. En un club que pasó de desafiar a los gigantes de la Premier League a pelear por salir de League One, Martin quiere futbolistas que vean la camiseta de Leicester como una oportunidad, no como un paso atrás.

La historia del título seguirá en los murales y en las conversaciones. Pero el entrenador escocés ha dejado claro que no piensa dirigir un museo. Su Leicester empieza desde cero, en la tercera categoría, con un objetivo tan simple como brutal: demostrar que el pasado ya no manda en el King Power Stadium.