Scott Brown y el dilema táctico ante Suiza: ¿arriesgará con Gannon-Doak?
Scott Brown pone el foco sobre Ben Gannon-Doak y lanza el gran interrogante que rodea a la selección escocesa antes de medirse a Suiza: ¿hasta dónde está dispuesto a arriesgar Sebastien Pocognoli?
El nuevo seleccionador ha prometido una Escocia más valiente, más alta, más incisiva. Y, para Brown, esa intención ya se vio con claridad en la segunda parte del 0-0 del sábado en Eslovenia: carrileros más adelantados, un dibujo algo retocado, más libertad con balón. Un equipo que, por momentos, se soltó.
Pero ahora llega Suiza. Y el tono cambia.
El riesgo de ser valiente ante una Suiza en forma
Brown no maquilla el contexto. Habla de un rival “muy peligroso”, respaldado por un marcador contundente: 3-0 en su visita a Macedonia del Norte. Un aviso serio de lo que espera el martes.
Con una Escocia más adelantada, el riesgo es evidente: espacio a la espalda. Brown recuerda que ya se vio el otro día, con balones filtrados por encima de la defensa. La diferencia, por ahora, la marca la velocidad de los escoceses para corregir y apagar incendios.
Hay aspectos que le gustan de este nuevo sistema. Le ve recorrido, le ve personalidad. Pero no se engaña: ante Suiza el escenario será “completamente diferente”. El duelo no invita a la ingenuidad.
La gran cuestión táctica, según Brown, pasa por el comportamiento de los extremos suizos. Si se quedan muy altos y muy abiertos, si fijan bien por fuera, pueden obligar a Escocia a replegar a sus carrileros y a vivir mucho más cerca de su propia área. Y ahí es donde el nombre de Ben Gannon-Doak entra en el debate.
Gannon-Doak, entre el desborde y la disciplina
El jugador de Bournemouth se ha ganado la simpatía del público por razones muy claras: desborde, uno contra uno, capacidad para “abrir puertas” donde no parece haber hueco. Es de esos futbolistas que levantan a la grada, que cambian el ritmo de un partido con una arrancada.
Brown no duda de su talento ni de su ética de trabajo. Recuerda que ya ha demostrado que puede bajar, ayudar y recorrer metros hacia atrás cuando el equipo lo necesita. Ve en él la energía necesaria para encajar en un plan agresivo por banda.
El dilema está en el matiz: qué tipo de carrilero quiere Pocognoli ante una Suiza tan afinada.
Si la apuesta es reforzar la línea defensiva y protegerse más, Brown lo ve claro: en ese escenario, el único encaje natural para Gannon-Doak sería como mediapunta, en la zona del número 10, por detrás del punta, donde pueda recibir entre líneas y explotar su último pase o su giro en corto. Más cerca del área rival que del propio lateral.
Si, en cambio, el seleccionador decide llevar su discurso hasta el extremo y plantear un carrilero “súper agresivo”, Brown cree que Gannon-Doak puede asumir ese rol. Ha visto en partidos anteriores que el joven no se desentiende del trabajo sin balón y que su producción ofensiva justifica darle cuerda por ese costado.
El problema es otro: el perfil de “carrilero defensivo” no es su naturaleza. No es su juego, admite Brown con franqueza. Puede hacerlo “de vez en cuando”, especialmente en contextos en los que Escocia tenga más posesión y pueda instalarse en campo contrario. Pero vivir los noventa minutos pendiente de cerrar su banda, más que de atacar, sería ir contra sus instintos.
Entre el vértigo de atacar y la necesidad de protegerse, la decisión recae en Pocognoli. Gannon-Doak encarna esa disyuntiva: talento para agitar el partido o sacrificio táctico para contener a una Suiza lanzada.
El martes, la pizarra del seleccionador dirá qué pesa más en esta nueva Escocia: la osadía o el miedo a que un solo balón a la espalda lo eche todo a perder.






